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“Las cosas son como son”, solemos decir, mientras la ciencia destruye día a día todas las certezas y dogmas en que se apoya la convención. Nuestro pensamiento vive alambrado en el terreno de lo socialmente probable, ignorando que lo probable es sólo una pequeñísima parte de lo posible.

En este nuevo artículo, el doctor Bautista Aranda nos propone varios casos ampliamente constatados en los que la norma quedó suspendida ante lo inexplicable.

Sobre las enigmáticas facultades

de algunos seres humanos (1)

Manuel Bautista Aranda
Abril 2013

De siempre me ha interesado la existencia de seres dotados de facultades excepcionales, de facultades que excedían con mucho a las que poseen las personas que podríamos considerar como “normales”. En algunos casos se trataba de personas que habían nacido con ello; pero en otros, eran personas corrientes y que un día, sin hacer nada especial por su parte y sin saber por qué, ni por qué no, descubren que tienen alguna facultad especial, algún “don”, algún “poder”, algo que no tienen las demás personas.

En la literatura dedicada al estudio de estos “fenómenos” se describen bastantes casos de personas con facultades sorprendentes, algunas que han vivido en el pasado y otras que están conviviendo entre nosotros. Estas historias suelen tener mucha atracción para el público, y esta gran atracción propicia que abunden los fraudes, las imitaciones y hasta los errores de buena fe. Y como no suele estar a nuestro alcance comprobar la veracidad de cada caso, y como no siempre nos resulta posible distinguir dónde está la paja y dónde el grano, pues al final solemos quedamos con un trasfondo de sospecha y de duda sobre lo que hay o no de verdad en lo que nos cuentan.

Personalmente siempre me he preguntado por qué algunos seres pueden tener estas facultades excepcionales, y por qué el resto no las tiene y ni sabe qué podría hacer para conseguirlas.

Pero antes de entrar en ningún tipo de consideraciones, y para que el lector sepa claramente a lo que me estoy refiriendo con eso de facultades excepcionales, voy a citar tres ejemplos concretos. He elegido estos casos por lo bien documentados que están, de forma que el lector, que podrá estar o no de acuerdo con las consideraciones que hago más adelante, no tenga dudas razonables de que han sido casos reales. Empecemos por el primero.

EDGAR CAYCE. (Un hombre inculto se convierte en médico bajo hipnosis)

Lo sorprendente de Edgar Cayce es que, siendo una persona con formación muy elemental y sin estudios ni experiencia en el campo de la medicina, llegó a ser famoso por sus extraordinarias curaciones. Hasta el punto de que hubo momentos en que el tiempo de espera para recibir nuevos pacientes llegó a ser hasta de dos años.

El “fenómeno” Edgar Cayce es sin duda uno de los mejor estudiados. Se han escrito multitud de libros sobre su vida y sus obras, entre ellos 15 en español [1]. Y en la Asociación A.R.E. (Association for Research and Enlightenment, Inc) en Virginia Beach (Estados Unidos) hay depositados miles y miles de documentos con “lecturas”, testimonios, comentarios, informes médicos, etc.

Edgar Cayce nació el 18 de marzo de 1877 cerca de Hopkinsville (Kentucky, Estados Unidos), de padres granjeros con bajo nivel cultural. A los 7 años entró en la escuela rural; pero a los 16 tuvo que dejarla para trabajar en la hacienda de su abuela paterna y ayudar económicamente a la familia. Un año después, la familia Cayce se trasladó a Hopkinsville y Edgar empezó a trabajar en una librería.

En 1900, cuando Edgar tenía 23 años, nos lo encontramos viajando de ciudad en ciudad, como vendedor de seguros, libros y artículos de oficina. Y es en el mes de marzo de ese año cuando empezaron los acontecimientos que iban a marcar el rumbo de su vida. Todo se inició con una fuerte afonía. Al principio no le dio mayor importancia, pensó que sería algo pasajero. Pero, por más esfuerzos que hicieron los médicos, no conseguía recuperar la voz, hasta el punto de que tuvo que renunciar a su trabajo de vendedor y vivir con sus padres. Al cabo de medio año, convencido de que su dolencia era incurable, aceptó un modesto trabajo como aprendiz de fotógrafo.

En aquella época eran corrientes espectáculos teatrales con sesiones de hipnotismo. Y ocurrió que un hipnotizador de gran éxito llamado Hart llegó a Hopkinsville para actuar en su teatro. Tuvo noticias del caso Cayce y se ofreció para intentar su posible curación en una sesión de hipnotismo. Edgar pensó que no tenía nada que perder y aceptó someterse a ella. El resultado fue que, durante el sueño hipnótico, pudo hablar normalmente; pero al despertarse volvió a la situación anterior. Aunque se repitió varias veces, el resultado fue siempre el mismo. Hart tuvo que marcharse y, aunque todo quedó como antes, también quedó la sospecha de que el hipnotismo podría ser el camino adecuado para lograr la curación de Cayce.

Un vecino de la localidad llamado Al Layne, que practicaba el hipnotismo y tenía algunos conocimientos médicos, se ofreció para continuar los ensayos. Tuvo la feliz idea de preguntar a Cayce, cuando estaba dormido, que él mismo dijese cual era la causa de su mal y la forma de curarlo. Y, con sorpresa para todos, Cayce, con voz clara dijo: …. En el estado normal, este cuerpo es incapaz de hablar, por una parálisis parcial de los músculos interiores de las cuerdas vocales, producida por una tensión nerviosa. Es una condición psicológica que produce un efecto físico. Puede eliminarse aumentando la circulación de la sangre en las partes afectadas …(Ref. 2) Dio también instrucciones concretas de cómo debía provocarse este aumento del riego sanguíneo, instrucciones que se siguieron meticulosamente. Al terminar la sesión, Cayce, que había pasado más de un año en que sólo podía expresarse con débiles susurros, había recuperado totalmente su voz.

Edgar_1943(1)

Edgar Cayce – 1943 (http://www.edgarcayce.org/are/mediaGuidelines.aspx?id=2268)

Esto ocurrió el 31 de marzo de 1901, cuando Edgar Cayce acababa de cumplir los 24 años, y puso de manifiesto unas facultades, que él nunca había sospechado. Es más, una vez recuperada la voz, sólo pensó en forjarse un porvenir como fotógrafo y en formar una familia. Puesto que él era un ignorante total en cuestiones médicas, se negó repetidamente a cualquier experimento para intentar ayudar a otras personas, por miedo a prescribir algo que fuera perjudicial para ellas.

Pero Al Layne era de distinta opinión. Pensaba que esto no podía quedar así. Él mismo, que padecía molestias gástricas desde hacía bastante tiempo y no conseguía aliviarlas, quería ser “paciente” de Cayce. Después de mucho insistir y de asegurarle a Cayce que, en el caso improbable de que prescribiese algún tratamiento perjudicial, él tenía los suficientes conocimientos médicos para saberlo y no seguirlo, acabó aceptando. Una vez en estado hipnótico, Cayce describió con detalle la afección de Layne y prescribió para su curación un tratamiento, que incluía hierbas medicinales, un régimen alimenticio y determinados ejercicios. Al cabo de tres semanas de seguir este tratamiento sus dolencias estomacales casi habían desaparecido.

Layne estaba entusiasmado, pero Cayce sólo quería casarse, tener hijos, trabajar como fotógrafo y llevar una vida tranquila. Atacando por su lado religioso, pues Cayce era un fervoroso creyente, le decía Layne que, si Dios le había dado esa facultad, tenía la responsabilidad moral de utilizarle en beneficio de los demás. Después de muchas dudas y muchas consultas, decidió continuar; pero dejando claro que lo interrumpiría automáticamente, si alguna de sus prescripciones resultara perjudicial. Además, que no aceptaría ninguna retribución y que seguiría siendo ante todo un fotógrafo, limitándose a tener dos sesiones diarias como máximo.

A partir de ese momento empezó a ver “pacientes”. El procedimiento que seguía en cada sesión era casi siempre el mismo: se quitaba los zapatos, se desabrochaba el cuello de la camisa, se tumbaba en un sofá o en una cama, cruzaba las manos sobre el plexo solar, se relajaba y a los pocos minutos se quedaba dormido. En esta situación, una persona de confianza (primero fue Layne, más tarde su esposa Gertrudis, en años posteriores su hijo Hugh Lynn y también otras personas) le indicaba el nombre del paciente y el lugar exacto en que se hallaba, pues también podía ejercer sus facultades aunque la persona no estuviese presente, incluso aunque estuviese muy lejos. Después le hacían las preguntas pertinentes, que Cayce iba contestando.

Al principio fue Layne quien iba tomando nota de lo que decía Cayce durante las sesiones. A lo que escribía en cada sesión le llamó una “lectura”. Posteriormente se contrató a una secretaria, Gladys Davis, que tomaba taquigráficamente todo lo que decía mientras estaba en trance. Después lo pasaba a máquina, enviaba el original al interesado y archivaba una copia. En la Asociación A.R.E. antes citada hay archivadas, a disposición de quien desee consultarlas, un total de 14.306 “lecturas”.

Aunque Cayce seguía trabajando como fotógrafo y nuca quiso hacer la menor propaganda de sus dotes, a pesar de haber recibido propuestas económicamente muy tentadoras para que lo hiciera, su fama aumentaba de año en año. Venían enfermos de todos los alrededores y a veces de puntos muy lejanos.

La reacción de los médicos ante el “fenómeno Cayce” fue al principio un tanto desigual. Algunos se negaban a recetar las medicinas que había recomendado un ignorante como Cayce. En varias ocasiones fue examinado por doctores, que sospechaban se trataba de un farsante. Uno de ellos, el doctor Wesley Ketchum, envió en 1910 un informe a la Clinical Research Society de Boston, en las que calificaba a Cayce como prodigio de la medicina. El diario “The New York Times” consiguió una copia de este informe y publicó un largo artículo titulado “Un hombre inculto se convierte en médico bajo hipnosis”. Con este artículo, y otros que vinieron después, los pacientes de Cayce aumentaron y llegaron a ser una verdadera avalancha. Al final tuvo que renunciar a su trabajo favorito como fotógrafo y dedicarse de lleno a sus “lecturas”, haciendo hasta ocho diarias. A pesar de ello, el tiempo de espera, como se dijo antes, llegó a ser hasta de dos años.

Esta plena dedicación y estas muchas sesiones comenzaron a debilitar a Cayce. Él mismo en sus “lecturas” se recomendaba reposo, pero no podía dejar de ayudar a los muchos que venían a él. Finalmente, falleció el 3 de enero de 1945, a los 67 años de edad.

Sobre las curaciones realizadas hay mucho escrito. A título de ejemplo, voy a citar una de ellas, en la que el paciente fue su propio hijo, Hugh Linn, que entonces tenía 6 años. El niño, enredando en el laboratorio fotográfico de su padre con la pólvora de magnesio utilizada para el flash, se quemó gravemente los ojos. Los médicos afirmaron que el niño no podría recobrar la vista, e incluso recomendaron la ablación de un ojo. Cayce, en uno de sus “sueños”, discrepó totalmente de estos dictámenes. Dijo que lo que necesitaba su hijo era permanecer durante dos semanas en un cuarto oscuro, manteniendo constantemente sobre los ojos unas compresas impregnadas en una solución, que habían recetado los doctores, pero a la que él agregó otro ingrediente. Esto se realizó y, cuando al cabo de las dos semanas le quitaron los vendajes, el niño veía (Ref. 1).

Edgar Cayce, en estado normal de vigilia, seguía siendo un ignorante en cuestiones médicas y era incapaz de comprender el contenido de sus propias “lecturas”. En cierta ocasión, al preguntarle mientras estaba “dormido” cómo obtenía toda la información de sus “lecturas”, respondió que la adquiría a través de dos fuentes de conocimiento:

La primera, entrando en contacto con la mente inconsciente de quienes solicitaban las “lecturas”, pues, según aclaró el propio Cayce, la mente inconsciente retiene el recuerdo de todas la experiencias por las que ha pasado el indivíduo.

Y la otra, más difícil de explicar y de entender, era su posibilidad de acceder a lo que él llamó, según los casos: “la memoria universal de la naturaleza”, “el libro de la vida”, “el libro de la memoria de Dios”, o simplemente “los archivos akásicos”. Son conceptos que tal vez resulten extraños a muchos lectores. Una primera aproximación a ellos sería lo que Carl Jung llamó el “inconsciente colectivo”. O también lo que la iglesia católica conoce como “la comunión de los santos”.

En cualquier caso, ello le permitía a Cayce utilizar la masa de conocimientos de millones de otras mentes subconscientes. No podemos asegurar que las cosas fueran realmente así; pero lo que está claro es que, con los conocimientos científicos actuales, el fenómeno Cayce sigue siendo inexplicable.

DUNGLAS HOME (El hombre que desafió a la gravedad)

Daniel Dunglas Home nació el 20 de marzo de 1833 en un pequeño pueblo cerca de Edinburgo (Escocia), en una familia muy humilde. Una tía suya, que no tenía hijos, lo adoptó y con ella pasó su niñez y juventud. Cuando Home tenía 9 años, la familia emigró a Estados Unidos y se establecieron en Conneticut.

Home era un niño sensible, delicado, de temperamento nervioso y de pobre salud. Desde muy pronto empezó a dar señales de poseer facultades psíquicas fuera de lo normal. A los 17 años, los frecuentes golpes en las paredes de la casa, los desplazamientos de mesas y sillas, los objetos que volaban y otras manifestaciones, llegaron a ser realmente insoportables. El diagnóstico de los médicos y de la iglesia fue rotundo: Home estaba poseído por el demonio y no tenía curación. Ante esta situación y después de muchas dudas, acabaron echándolo de la casa.

Se pasó unos años de vida errante, yendo de aquí para allá y sin saber muy bien qué hacer con sus “dones”. Nunca aceptó dinero a cambio de sus servicios. El primer acto público de levitación controlada tuvo lugar a la edad de 19 años, con motivo de un congreso de espiritismo celebrado en la ciudad de Cleveland. Su fama y su credibilidad se fueron extendiendo, porque, entre otras cosas, las actuaciones las hacía siempre a plena luz del día, o en habitaciones bien iluminadas y nunca en su propia casa. Se estima que a lo largo de su vida realizó más de mil quinientas demostraciones.

En 1855, a la edad de 22 años y enfermo de tuberculosis, regresó a Inglaterra, en done fue muy bien recibido, pues su fama había transcendido hasta allí. El dueño del hotel en que se hospedaba organizó una sesión especial a la que invitó a Lord Brougham y al científico Sir David Brewster [2], quien declararía más tarde a la prensa cómo vio elevarse una mesa.

Pero Dunglas Home no se quedó mucho tiempo quieto. Estuvo en Holanda, Francia, Rusia y Prusia. Durante su estancia en París en 1857, invitado personalmente por el emperador Napoleón III, hizo algunas exhibiciones ante él, ante su esposa, la española Eugenia de Montijo, y ante varias personas de la Corte. En una de ellas levantó, sin tocarla, una pesada mesa de mármol a una altura superior a los cuatro metros.

Home_Daniel Dunglas

http://www.the-voicebox.com/homedanialduglas.htm

En Rusia, el gran novelista ruso León Tolstoi estuvo presente en una de los actos de levitación de Home. Declaró que vio el momento preciso en que abandonaba la silla donde estaba sentado y que lo agarró por los pies mientras flotaba allá arriba.

Pero entre sus muchas demostraciones de levitación, las más conocidas y mejor documentadas son las que realizó el 13 y el 16 de noviembre de 1868 en Londres. La primera se celebró en la residencia Ashley, en la calle Victoria. Fue presenciada por varios testigos, entre los que estaba Sir William Crookes [3]. Durante la sesión, pudo ver a Home elevarse del suelo por tres veces.

La sesión del día 16 tuvo lugar por la noche en la residencia de Lord Adare, en el número 5 de la plaza de Buckingham. Entre las más de 20 personas allí presentes estaba Lord Lindsay, quien redactó un informe detallado de lo ocurrido aquella noche, confirmado después por los demás asistentes. Su relato, de forma muy resumida, nos dice que Home, en estado de trance, se dirigió a una sala contigua. En ese momento Lord Lindsay oyó una voz que decía: va a salir por una ventana y entrar por otra. Ante una experiencia tan peligrosa, pues la ventana estaba a una altura de 18,5 metros del suelo, se lo comunicó a sus amigos y estuvieron todos muy atentos. Pronto oyeron como se abría la ventana de la otra estancia y casi inmediatamente vieron a Home flotando horizontalmente en el aire frente a la ventana en que estaban (la distancia entre ambas ventanas era de 2,5 metros) Tras permanecer unos segundos en esa posición, se deslizó al interior de la habitación con los pies por delante y fue a sentarse.

En 1871, William Crookes, para comprobar científicamente las facultades de Home, lo sometió a una serie de pruebas. Adoptó todas las medidas imaginables para eliminar cualquier posibilidad de fraude. Por ejemplo, lo primero que hizo, cuando quiso comprobar la facultad de Home de mover objetos a distancia, fue atarlo de pies y manos a la silla en que estaba sentado y colocar el objeto a mover en el otro extremo de la habitación. Y todo a plena luz. A lo largo de estas pruebas, ninguno de los científicos que estaban presentes, pudieron detectar el más mínimo intento de fraude. Es más, William Crookes en la revista Quaterly Journal of Science, en el número de enero de 1874 publicó lo siguiente (Ref.6):

“Hay documentados por lo menos un centenar de casos en los que Mr. Home se ha elevado del suelo, en presencia de persona diferentes; y yo he oído de labios de tres testigos – el Conde de Dunraven, Lord Lindsay y el Capitan C. Wynne – hasta los más mínimos detalles de lo que había ocurrido en uno de los casos más espectaculares. Rechazar la evidencia documentada sobre estos hechos equivale a rechazar todo testimonio humano de cualquier tipo; pues ningún hecho en la historia sagrada o profana está soportado por un conjunto de pruebas más sólidas. Los testimonios acumulados sobre las levitaciones de Mr. Home son abrumadores”

Entretanto, su estado de salud había ido empeorando. En 1873, a los 40 años de edad, dejó de practicar sus actividades paranormales por prescripción médica. Falleció en 1885, a los 53 años.

Entre los libros publicados sobre este personaje, cabe destacar, por la mucha información que aportan, los dos que escribió su viuda: “D.D.Home:His Life and Mission” (1888) y “The Gift of D.D.Home” (1890).


SWEDENBORG. (Un científico clarividente)

Antes de citar la extraña experiencia que protagonizó Swedenborg, vamos a hacer un pequeño resumen de su biografía, para que el lector pueda encuadrar mejor a este personaje.

Emanuel Swedenborg nació en Estocolmo (Suecia) en 1688. Estudió en la Universidad de Uppsala, obteniendo su graduación a la edad de 22 años. Durante los cinco años siguientes estuvo en Inglaterra, Francia, Holanda y Alemania, con el propósito de conocer los últimos avances en la ciencia y en la técnica. Estudió con todo interés física, matemáticas, anatomía, economía, metalurgia, mineralogía, química y otras materias.

A los 27 años regresó a Suecia, soñando con aplicar sus conocimientos para la modernización y el progreso de su país; pero se encontró con una sociedad muy conservadora, en donde tuvo bastantes dificultades para abrirse camino. Hasta que el Rey Carlos XII, conocedor de su valía, le nombró Asesor del Real Colegio de Minas. Allí, con algún que otro altibajo, estuvo durante casi 30 años. En 1721, con 33 años, publicó su primer libro titulado Principios de Química. A éste le siguieron otros de carácter técnico sobre diversas materias, principalmente metalurgia y biología.

El interés de Swedenborg no se limitaba al campo científico y técnico, los temas del espíritu le atraían fuertemente, y cada vez más a medida que transcurrían los años. Hasta que en 1747, cuando tenía 59 años, dejó voluntariamente su puesto en el Real Colegio de Minas, para dedicar todo su tiempo a la vida espiritual. Publicó numerosos libros sobre temas religiosos, con ideas que chocaban a veces con la ortodoxia cristiana de aquella sociedad. Falleció en Londres a los 84 años.

Emanuel_Swedenborg_full_portrait

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Emanuel_Swedenborg_full_portrait.jpg

Pero todo lo anterior no justifica su inclusión en este artículo. Su experiencia extraordinaria, que voy a describir con algún detalle, se presentó inesperadamente cuando tenía 71 años. Ocurrió en la ciudad de Göteborg, en el mes de julio de 1759. Era sábado y Swedenborg estaba almorzando con unos amigos en casa de Willian Castel, un acomodado comerciante de esa localidad. De pronto, Swedenborg se puso pálido y empezó a encontrarse mal. Salió sólo al jardín y, al cabo de un rato, volvió muy alterado, diciendo que se había declarado un gran incendio en Estocolmo, no lejos de su casa. Dijo también que el fuego se estaba extendiendo con rapidez y que tenía miedo de que llegase a su casa. Hay que aclarar que Estocolmo se encuentra a unos 450 kilómetros de Göteborg. Y, por supuesto, en aquella época no había ni teléfono, ni nada equivalente.

Unas horas más tarde, hacia las 8 de la noche, dio gracias a Dios con gran alivio y dijo que el fuego había sido dominado cuando estaba a sólo tres portales de su casa. Todos los presentes estaban muy impresionados, y algunos muy preocupados, porque tenían casas y amigos en Estocolmo. Esa misma noche, uno de ellos le contó lo sucedido al gobernador de la provincia, que mostró gran interés por hablar personalmente con Swedenborg. Al día siguiente, domingo, Swedenborg informó al gobernador, dándole detalles sobre la extensión del incendio y sobre cómo se había logrado extinguir. Dada la personalidad del autor, la noticia corrió rápidamente por toda la ciudad de Göteborg y fue la comidilla del día.

Hasta el lunes por la tarde no llegó la primera persona de Estocolmo. Fue un mensajero de la Cámara de Comercio de esa ciudad, que confirmó la realidad del incendio, de sus grandes proporciones y demás detalles. Todo lo cual coincidía con lo que Swedenborg había dicho. Esto lo convirtió en lo que nunca había buscado, en una figura muy popular.

Años más tarde, el célebre filósofo Inmanuel Kant investigó y confirmó estos hechos. En sus investigaciones tuvo ocasión de hablar con testigos presenciales, que todavía vivían y que por su posición y cultura le parecieron irrecusables.

Para terminar hay que decir que personas tan conocidas como Abraham Lincoln, Saint-Saëns o Mark Twain tuvieron en algún momento, según sus biógrafos, visiones de acontecimientos que se estaban produciendo a gran distancia.


¿POR QUÉ SON DIFERENTES ESTAS PERSONAS?

Las facultades excepcionales que hemos descrito en los tres ejemplos anteriores – y en otros más que podríamos añadir – son tan extrañas, que inevitablemente plantean multitud de preguntas y consideraciones.

La primera pregunta podría estar relacionada con la constitución, con la anatomía de estos seres, especialmente con su cerebro. ¿Se ha encontrado alguna diferencia sustancial entre ellos y las personas que pudiéramos llamar normales? La respuesta es negativa, los médicos no han encontrado nada, ni en el cerebro, ni en el resto del cuerpo, que justifique la aparición de las facultades extraordinarias que hemos citado. Utilizando la terminología de los ordenadores, podríamos decir que el “hardware”, que la herramienta (el cuerpo en general y el cerebro en particular) es la misma. Lo que evidentemente no es igual es el uso que estas personas especiales han podido hacer de ella.

En repetidas ocasiones se ha tratado de encontrar alguna correlación entre las facultades mentales de las personas y las características físicas de sus cerebros. Se pensaba, por ejemplo, que el tamaño del cerebro debería estar relacionado con la inteligencia, que los cerebros mayores corresponderían a personas más inteligentes. Pero esta relación no se ha podido comprobar en la práctica. Es mas, casi podría afirmarse que es al revés. Se sabe, por ejemplo, que el hombre de Neandertal tenía un tamaño cerebral medio mayor que el del hombre moderno [4]. Y que el tamaño cerebral medio de los europeos ha ido reduciéndose progresivamente desde hace unos 20.000 años.

Por otro lado, según los antropólogos, desde la aparición hace unos 150.000 años del Homo sapiens sapiens, es decir del hombre actual, no ha habido ningún tipo de mutación evolutiva importante. Lo que significa que nuestro cerebro (nuestro hardware) es básicamente igual al que tenían nuestros lejanos antepasados. Y, sin embargo, el ambiente cultural en que vivimos, los problemas que tenemos que afrontar en nuestra vida diaria y el uso que todo ello nos obliga a hacer de nuestro cerebro, se parecen muy poco a los que tendría que hacer el hombre de la edad de piedra.

Si la estructura de nuestro cerebro no ha experimentado ningún cambio importante en todo este período, ¿quiere esto decir que el cerebro del hombre de la edad de piedra ya tenía en potencia la capacidad para desarrollar conceptos tan abstractos y tan complejos como la Mecánica Cuántica o la Teoría de la Relatividad?, ¿quiere decir que lo único que necesitaba era ejercitar y llegar a desarrollar esta capacidad potencial?

Y si esto es cierto, ¿sería absurdo suponer que en nuestro cerebro están en potencia otras muchas capacidades que todavía no hemos desarrollado? Bastantes investigadores creen que el ser humano actual todavía utiliza pobremente las muchas posibilidades que ofrece nuestro cerebro. Es más, hay quienes piensan que apenas utilizamos un cinco por ciento de estas posibilidades. Bajo este punto de vista, los personajes citados en las páginas anteriores no tienen por qué considerarse como seres raros. Son simplemente seres que, por causas desconocidas, han podido utilizar algunas de las posibilidades que seguramente tenemos todos; pero que todavía no sabemos acceder a ellas. Volveremos más adelante sobre este tema.


REFERENCIAS

Dado el carácter de divulgación de estas líneas, hemos reducido mucho la lista de referencias; pero quienes deseen más información pueden encontrarla en cualquier buen buscador de Internet.

  1. ¿Quién fue Edgar Cayce?. www.edgarcayce.org/espanol/aboutedgar_quien.asp
  2. Gina Cerminara: Múltiples moradas. Editorial EDAF, 1991
  3. Edgar Cayce. http://en.wikipedia.org/wiki/Edgar_Cayce (versión en inglés)
  4. Daniel Dunglas Home.   http://www.spartechsoftware.com//dimensions/mystical/danielhome.htm
  5. D.D. Home Physical Medium. http://homepage.ntlworld.com/annetts/ark/mediums/d_d_.htm
  6. D.D. Home: His Life and Mission. Cambridge University Press, New York, 2010. Versión digitalizada del libro escrito por la Sra de D.D. Home y publicado en 1888.
  7. Emanuel Swedenborg (1688-1772. Biography.
    www.swedenborgstudy.com/articles/E.Swedenborg/aboutswe.htm
  8. Synnestvedt, S. The Life of Emanuel Swedenborg.
    www.spiritualfrontier.org/esmain.html
  9. Williams-Hogan, J.K. y Athyn, B. Swedenborg:A Biography www.newchurch.org.au/about-us/swedenborg-a-biography

[1] Los títulos, las portadas y los índices de los 15 libros en español pueden verse en la dirección: www.edgarcaycebooks.org/spanish/titlessp.html

[2] David Brewster fue un conocido físico escocés. En 1815 descubrió que un rayo de luz podía escindirse en dos, uno reflejado y otro refractado, formando un ángulo recto entre sí. Es lo que todavía se le llama la ley de Bewster. Por sus trabajos científicos fue nombrado caballero en 1832.

[3] William Crookes era un científico muy conocido y respetado. Entre sus muchos trabajos, descubrió un nuevo elemento químico, al que llamó talio, e inventó el tubo de rayos catódicos de vacío. En 1897 le hicieron caballero.

[4] Martin, R. D. Capacidad cerebral y evolución humana, Investigación y Ciencia, diciembre, 1994