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En las marismas se encuentran las aguas saladas del mar con las dulces de los ríos, las subterráneas con las del rocío, mojando las tierras y los ritos, los recuerdos y los anhelos, las alquimias que inspiran las cuatro esquinas del proyecto Delta de Maya.

En este artículo, que publicamos dividido en cuatro entregas, el Dr. Manuel Bautista Aranda (Director del Complejo Espacial NASA de Robledo de 1964 a 1984 y Director General del INTA de 1984 a 1988) nos muestra cómo la ciencia se acerca ya a la consideración de algunas de las propiedades del agua, misteriosas y hasta hoy inexplicables desde el enfoque del conocimiento racional, pero recogidas desde tiempo inmemorial por leyendas y saberes vinculados a paradigmas diferentes, acaso más universales.

Este es el segundo capítulo de este artículo.

Sobre el agua y sus misterios (2)

Por Manuel Bautista Aranda
Marzo 2011

El agua en nuestro cuerpo

El agua que hay en una persona varía bastante con la edad, pero como término medio podemos estimar que es alrededor del 70 % de su peso. Lo que significa que una persona que pese, por ejemplo, 70 kg tiene en su cuerpo nada menos que unos 50 kg de agua. Pero ¿dónde se mete esa gran cantidad de agua? La mayor parte, en torno a un 63 %, está repartida por todo el cuerpo en el interior de las células, otra cantidad importante está en el líquido extracelular (alrededor del 27 %) y el resto, en la sangre, en la saliva, en los jugos digestivos, lubricando nuestras articulaciones y en los más recónditos intersticios de nuestro cuerpo.

En el interior de las células las moléculas de agua son, con mucho, las más numerosas y desempeñan un papel fundamental. Son imprescindibles para dar estabilidad a las moléculas del ADN, para que las largas cadenas de aminoácidos de las proteínas puedan plegarse de forma correcta, para el buen funcionamiento de las mitocondrias, de los ribosomas y, en general, para proporcionar el ambiente acuoso adecuado que permita las múltiples y complejas reacciones químicas que continuamente tienen lugar dentro de las células. Pero el interior de la célula es un espacio superpoblado. Aunque las pequeñas moléculas de agua son las más abundantes, quedan repartidas por los diminutos espacios libres que dejan las grandes moléculas de proteínas. Parece ser que este confinamiento del agua en espacios muy pequeños altera profundamente su carácter y sus propiedades, hasta el extremo de que P. Ball, editor de la prestigiosa revista Nature, dice [1]: “¿Cuál es la estructura del agua en la célula? Este es uno de los temas no resueltos más importantes de la biología”

Pero si importante es el papel del agua dentro de las células, tanto o más lo es en el líquido extracelular, esa especie de mar interior que baña a todas las células. Es su medio de comunicación con el mundo exterior. A través de él les llegan los alimentos que necesitan y se eliminan los desechos que expulsan. El líquido extracelular tiene además otra función importantísima, pues permite que millones de células se comuniquen entre sí instantáneamente por medio de ondas electromagnéticas de muy baja frecuencia (menos de 20 kHz). Se cree que el líquido extracelular, no sólo permite la propagación de estas ondas, sino que actúa como un amplificador de las mismas [2]. Ahora bien, para que el líquido extracelular pueda cumplir bien sus funciones, es necesario que esté lo más limpio y transparente posible, que su agua se renueve con frecuencia.

El beber agua en abundancia es algo muy recomendable; deberíamos beber por lo menos dos litros diarios. El médico iraní F. Batmanghelidj, formado en Inglaterra y que estuvo preso en Irán por razones políticas, en su interesante libro Su cuerpo reclama agua llorando a gritos explica cómo durante su estancia en prisión pudo curar a varios presos enfermos a base de agua, que era la única “medicina” disponible. El agua, dice este doctor, es la mejor medicina natural y en muchas ocasiones un cuerpo enfermo no es sino un cuerpo sediento, al que se le puede devolver la salud dándole la cantidad de agua que necesita. En este mismo sentido, en una conferencia sobre el agua y sus virtudes, oí decir al conferenciante que sólo con beber mucha agua se curaban una gran cantidad de enfermedades y que, las que no se curaban, por lo menos se aliviaban.

Nosotros influimos en el agua que nos rodea

Entre las que podemos llamar cualidades sutiles del agua, está el hecho sorprendente de que nuestra simple presencia pueda ocasionar cambios en ella.

Para centrar el tema vamos imaginar el siguiente experimento. Supongamos una oficina con dos despachos. En uno trabaja una persona tranquila, amable, una buena persona. En el otro trabaja una persona violenta, agresiva, vengativa, un mal bicho. En la mesa de trabajo de cada uno colocamos botellines idénticos llenos de agua y cerrados.

Al día siguiente retiramos los botellines, que siguen cerrados, y nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Las aguas de estos dos botellines, que inicialmente eran iguales, siguen siendo iguales? Si midiéramos todas sus características físicas y químicas no encontraríamos ninguna diferencia entre ellas, y podríamos decir que las dos aguas seguían siendo exactamente iguales. Pero personas dotadas de especial sensibilidad síquica nos dirían que no, que cada una ha captado y retenido la distinta influencia de la persona que había a su lado y que las aguas han dejado de ser iguales. ¿Quién tiene razón?

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Masaru Emoto

El investigador japonés Masaru Emoto, que ha pasado bastantes años estudiando el comportamiento del agua, ha encontrado la forma de poner de manifiesto esas sutiles diferencias. Utiliza un fenómeno físico indirecto, que puede reproducirse en cualquier laboratorio. Consiste en congelar gotas de las aguas a comparar, fotografiar la forma en que cristalizan y ver cómo varía esta cristalización según se haya actuado previamente sobre esta agua.

Emoto publicó un primer libro en 1999 [3] con el resultado de sus trabajos. En él se explica con todo detalle el equipo utilizado y el procedimiento de trabajo seguido. Incluye multitud de fotografías en color y en gran tamaño, mostrando ejemplos de cristalización en muestras de agua muy diversas: aguas de río con distinto grado de polución, aguas expuestas a músicas de distintos autores, aguas en cuyos frascos se habían pegado tiras de papel en las que se habían escrito palabras tales como: amor, paz, madre, guerra, idiota, me das asco, etc. Etc. La forma de cristalización varía en gran medida de unas muestras a otras. Los cristales forman estructuras exagonales, tanto más definidas y de mayor belleza, cuanto más pura es el agua de la muestra o más amable el ambiente en que han estado. Y son deformes y a veces realmente feos cuando hay sentimientos de agresividad y de odio. Como resultado de todo ello hay que admitir que, si los cristales que se forman son distintos, algo en el agua habrá cambiado, aunque no sepamos lo que es.

En las figuras adjuntas se reproducen cuatro ejemplos, tomados del libro de Emoto. Las dos superiores corresponden a “gracias” (izquierda) y “amor y agradecimiento” (derecha). Y las dos inferiores a “me das asco” (izquierda) y “Adolfo Hitler” (derecha):

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Emoto piensa que sus investigaciones, de las que hemos hecho un breve extracto, distan mucho de ser definitivas. Y convoca a investigadores de todo el mundo para que participen y se pueda avanzar en este prometedor campo. Sus resultados podemos decir que, hasta la fecha, son únicamente cualitativos, que detectan, a través de la cristalización del agua, que ésta ha sufrido la influencia de determinados factores externos y el carácter general de esta influencia; pero que las investigaciones, en su estado actual, no permiten medir cuantitativamente la magnitud de la citada influencia.

Antes de cerrar este tema, deberíamos pensar que si nosotros, con nuestros pensamientos y emociones, podemos influir en el agua de nuestro entorno, también podremos influir, voluntaria o involuntariamente, en las personas, que nos rodean, cuyos cuerpos contienen agua en proporción muy alta.

El tema que se plantea es importante por el bien o el mal que podemos hacer en los demás con nuestros pensamientos y nuestros deseos. El efecto que nuestra mirada puede hacer en una persona no es el mismo si la miremos con amor y buenos deseos, que si la miremos con desprecio y odio. Esto conlleva una responsabilidad en nuestro comportamiento, de la que posiblemente no éramos conscientes. Cuando en la enseñanza religiosa nos decían que, además de palabra, obra y omisión, también se podía pecar de pensamiento, pues va a resultar que tenían razón.

Influencias de origen extraterrestre en el agua

Como acabamos de ver, y seguiremos viendo más adelante, el agua es un líquido extremadamente sensible e influenciable por todo cuanto la rodea, incluidas las influencias que proceden del espacio extraterrestre.

Sobre estas últimas son interesantes los resultados del grandioso programa de experimentación patrocinado y dirigido por el profesor de la Universidad de Florencia, Giorgio Picardi. Este profesor estaba preocupado por el hecho de que el comportamiento de algunas reacciones químicas no fuera exactamente el mismo de unos días a otros, a pesar de todas las precauciones que se tomasen para que las condiciones iniciales y ambientales del experimento fueran lo más iguales posibles.

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El profesor Picardi en su laboratorio. http://daltonsminima.altervista.org/2013/03/11/il-geniale-punto-di-vista-di-giorgio-piccardi-1895-1972/

Intrigado por este fenómeno, Picardi inició en 1951 un ambicioso programa de investigación. Eligió una reacción química sencilla, que pudiera repetirse de forma normalizada en cualquier laboratorio y cuyos resultados fueran fácilmente comparables. La reacción elegida consistía en disolver tricloruro de bismuto en agua destilada y ver la velocidad con que se producía el precipitado resultante de oxicloruro de bismuto. Los ensayos se repitieron tres veces al día, siempre a las mismas horas, registrándose cuidadosamente los resultados.

El programa se desarrolló ininterrumpidamente durante nueve años y medio (desde el 1-3-1951 al 31-10-1960), repitiéndose el experimento elegido nada menos que 257.400 veces. En mayor o menor medida, colaboraron con el profesor Piccardi 16 centros de investigación, repartidos por distintos países de Europa, África y Japón. Y en la interpretación de los resultados participaron expertos de las Universidades de Graz, Colonia, Tubinga, Observatorio Astrofísico de Trieste e Instituto Fraunhofer de Friburgo.

En 1962 Piccardi publicó un libro [4] en el que explica con todo detalle estos experimentos, la meticulosa preparación de los mismos y los resultados que se obtuvieron. Entre ellos podemos destacar:

a) Al representar gráficamente los valores medios anuales de la velocidad de precipitación a lo largo de la duración del programa (1951-1960), se vio que variaban de un año a otro. Y se vio con sorpresa, que había una clara correlación con la curva que representaba la actividad solar durante estos mismos años, dentro del ciclo de 11 años del Sol.

b) Al examinar la forma en que variaba la velocidad de precipitación a lo largo del año se comprobó que, año tras año, se presentaba un mínimo muy acusado en la segunda mitad de marzo, en torno al equinoccio de primavera y cuya causa no parecía atribuible a la acción del Sol. Tras analizar la combinación del movimiento rectilíneo del Sistema Solar en dirección a la constelación de Hércules y el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol, se llegó a la conclusión que la causa procedía del centro de nuestra galaxia. Justamente en esa fecha la Tierra se dirigía directamente hacia dicho centro y con la velocidad máxima (162.000 km/h) con respecto a él.

c) Se comprobó que las grandes erupciones cromosféricas solares también afectaban a la velocidad de precipitación. De hecho, estas erupciones, que introducían variaciones esporádicas y no predecibles, dificultaban la interpretación de los resultados del programa, que estaba centrado en la búsqueda de efectos más regulares.

Aunque con este programa también se obtuvieron otros muchos resultados sobre los factores que influían en las reacciones químicas, desde el punto de vista que ahora nos interesa destacaremos únicamente el hecho que la actividad solar, tanto la “regular” (ciclo de 11 años) como la “irregular” (erupciones solares), ejerce una clara influencia en el agua y, a través de ella, en el comportamiento de las soluciones acuosas.

En cualquier caso, si las soluciones acuosas son el componente principal de todos los seres vivos, desde las minúsculas bacterias hasta las mayores ballenas, es evidente que, de una u otra forma, todos ellos deben experimentar los efectos de cualquier cambio que se produzca en la actividad del Sol. Algunos de estos efectos se conocen desde hace tiempo. A título de ejemplo y por citar sólo uno: se sabe que el espesor de los anillos anuales de crecimiento en el tronco de los grandes árboles es mayor en los años de mayor actividad solar.

¿Y qué pasa con los seres humanos? Por supuesto que también estamos afectados; pero, ¿cómo se manifiesta?, ¿en qué medida puede afectar esta influencia a nuestro comportamiento?, ¿hasta qué punto una erupción cromosférica solar puede influir en que ciertas decisiones se tomen en un sentido o en otro?, ¿cómo nos afecta ese mínimo que aparece todos los años en torno al equinoccio de primavera?, ¿es posible que el universo lejano tenga influencia en nosotros y afecte de algún modo a nuestra vida? El tema es muy interesante. Que hay una influencia en nosotros, está fuera de toda duda; pero sobre su importancia y sobre los detalles de esta influencia queda mucho por descubrir. Por ejemplo, si un fenómeno violento, como puede ser la explosión de una estrella (una supernova), se produce en un lugar lejano de nuestra galaxia, tal vez a miles de años luz, ¿cuánto tiempo tarda en llegar a nosotros esa influencia?, ¿se propaga a la velocidad de la luz, como la radiación electromagnética emitida por esa estrella o, por el contrario, llega instantáneamente por cauces que la física no contempla? Esta última posibilidad, aunque extraña, no puede ser descartada.

[1] Philip Ball H2O Una biografía del agua, pag. 296

[2] Para más información sobre este tema pueden consultarse los trabajos sobre Biología Digital del Dr. Benveniste

[3] EMOTO, M. : Mensajes del agua, La Liebre de Marzo, 2007

[4] The chemical basis of medical climatology, Charles C Thomas, Publisher, LTD, 1962.