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Moneda ARIA

Rastros en los nombres (2)

Por Carmina Fort
Febrero de 2016

Cronistas españoles de los siglos XVI y XVII se lamentaban de que griegos, fenicios y otros hubieran usurpado las grandezas de España, de su cosmogonía, reyes, héroes, epopeyas, lenguas, ritos y costumbres.

Eruditos como Juan de Mariana, Pellicer de Ossau y algunos más, bucearon en viejos cronicones, analizaron las Escrituras y los textos clásicos, compararon nombres, gentilicios y toponimias para escribir sus Antigüedades de España por encargo de sucesivos reyes de la Casa de los Austrias, comprobando y deplorando que se hubiera mentido sobre los verdaderos artífices del glorioso pasado cultural de Iberia.

De las decenas de tribus identificadas, y la constatación reflejada por cronistas grecolatinos de que en cada tribu se hablaban distintas lenguas, se deduce que pudieron ser varios centenares los idiomas que convivían en la Península en aquellos tiempos, idiomas que habrían ido cristalizando en el español.

La Península Ibérica ha sido conocida bajo multitud de nombres, según las épocas y los historiadores, que emplearon para bautizarla tanto la Biblia como distintas mitologías y relatos: Océano, o el lugar donde muere el Sol; Asteria, o la Estrella; Eskeria, de donde los eskitas, escitas o escotos, que encontramos en Asia Menor, Irlanda o Escocia; Panos, lugar del dios Pan; Amenti, Lygistiké, Iberia, Atlántida, Ogigia, Tartessos, Tarshis, Hispania.

La restauración de topónimos, los estudios filológicos, los objetos sacados a la luz, las crónicas que no ardieron, las referencias a dioses, reyes, héroes y batallas contenidas en relatos como el Ramayana, el Mahabharata o el Libro de los Muertos podrían ir limpiando de confusión el pasado esplendoroso de unas tierras que contemplaron hace milenios grandes migraciones civilizadoras, coincidiendo con el deshielo de la última glaciación, que inundaba las tierras de partida e iba despejando las de arribada.

En todos los relatos antiguos que han sobrevivido, el Occidente extremo de Europa ocupa un lugar protagonista, como lugar de nacimiento e intervención en el mundo de dioses y héroes y su acogimiento de las almas tras la vida física.

Estrabón relató hace dos mil años que los tartesios tenían leyes escritas en verso de seis mil años de antigüedad. Escribir en verso impide o dificulta la alteración del texto.

Pero los expertos han venido manteniendo que fueron los fenicios quienes inventaron el alfabeto y lo transmitieron a los griegos y a los iberos ágrafos, considerando una fábula las informaciones de Estrabón.

Cunas y tumbas

Algunos historiadores españoles y extranjeros han venido confirmando en sus obras desde hace más de un siglo la teoría, oficialmente negada, que señala al Occidente de Europa, plausiblemente la primitiva Tartessos, como la auténtica cuna de civilizadores remotos que habrían partido hacia las tierras que los hielos iban liberando para guiar, bajo una nueva luz, al hombre prehistórico en su lucha por la supervivencia física y su búsqueda de respuestas trascendentes.

En un planeta azotado por los hielos y las erupciones volcánicas, surgió la cultura megalítica, con abundantes muestras en la cornisa atlántica europea, pero también en Etiopía, Cáucaso, Siria y sur de la India.

¿De dónde surgieron aquellos gigantes capaces de calmar con su acupuntura pétrea las contracciones parturientas del núcleo ardiente?

Los sacerdotes de Sais habrían referido a Solón, uno de los siete sabios de Grecia, y Platón lo consignó en su Timeo, que contingentes de atlantes, huidos de las erupciones volcánicas y las inundaciones en sus tierras de origen habían llegado a Egipto bajo la dirección de la Diosa Nut, que sería conocida por los griegos como Atenea.

Y según Juan Parellada de Cardellac, en su obra ¿Vino la luz de Occidente?, los hindúes mantienen que las gentes que construyeron los dólmenes y los crómlechs del sur de la India eran de origen mediterráneo occidental, que habrían llegado en dos oleadas sucesivas. Y constata que muchas de las características de Shiva y de su paredra, Parvati, se deben a esa ascendencia mediterránea.

Recordemos que el sistema que se cree empleaba Tartessos en su función civilizadora era el desarrollo de “koinés” o comunidades, a imitación de las abejas: cuando nace una nueva reina, la reina vieja se marcha con obreras jóvenes a fundar otro panal, colonizando progresivamente los territorios.

Lo femenino como raíz y organización de las sociedades estaba representado por la abeja, que era también el símbolo de la realeza. Los reyes merovingios lo conservaron, pese a que paralelamente aplicaban la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres. Y Napoleón, que aprendió mucho de los Archivos Secretos del Vaticano, que se hizo llevar a Francia, junto con el Papa, decidió que el manto de armiño que luciría en su autocoronación como emperador llevara cosidas el centenar de abejas de oro que se habían hallado en la tumba del rey merovingio Childerico.

Todas las culturas desenterradas, no siempre descifradas, con decenas de milenios de antigüedad, han mostrado un culto a la Diosa Madre, reflejado en figurillas o en pinturas rupestres.

Hathor. Isis. Osiris

La salida a la luz del día o Libro de los Muertos sitúa en Occidente a la Diosa Madre en forma de Vaca, bajo el nombre de Hathor, que parece significar “Morada de su hijo Horus”, donde aguarda a los que han abandonado su envoltura carnal para guiarlos por la vida de ultratumba. Hathor, que se pronuncia aspirando la h, ha dado en español “jato”, el ternero. Y su consorte Baco, dios de Occidente, ha regado la Península con su nombre pronunciado como Paco.

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Hathor representada como vaca, recuerda al mito recogido por los griegos de IO y representa la fertilidad, igual que en la India. https://en.wikipedia.org/wiki/Hathor

Isis heredaría las características de Hathor, con sus cuernos simbolizando lo lunar, lo femenino, portando entre ellos el disco del sol; como si la Madre contuviera al Padre, dando ambos a luz al Hijo, al Mundo; como si las tinieblas primigenias estuvieran contenidas de manera invisible en la luz visible, la fotónica. Siempre ha causado perplejidad que en el Génesis se cree la luz, y sólo más tarde, las luminarias celestes. ¿Podrían esas tinieblas referirse a la “materia oscura” que anima la vida atómica y busca la ciencia actual?

Osiris, esposo de Isis, dicen unos que está enterrado en Pile, Egipto; otros, que su tumba está en Occidente, de donde sería originario… ¿Quizá en Pilas, en el Aljarafe sevillano? Pilas significa arco, en lengua céltica; columna, en latín, y Pylai, puerta, en griego.

Osiris estaría asociado a Sirio, adorado en Egipto por coincidir la aparición de esa estrella binaria con la crecida del Nilo, el 19 de julio, que permitía, y permite, el mantenimiento de la vida humana en medio del desierto, que acogió a buscadores de lo espiritual en la Tebaida, en sus cuevas y cenobios excavados, donde los eremitas meditaban para descubrir dentro de sí respuestas a la causa de la vida; donde se establecieron las normas de convivencia de las comunidades cristianas, arrancando de la Regla de San Pacomio, que adoptaría San Benito, y posteriormente el Císter. Un desierto del que saldrían hacia la posteridad personajes santificados por sus vidas ejemplares, como Santa María Egipciaca y Pacomio, ambos de probable origen hispano, vidas que podrían haber coincidido con los tiempos en que los obispos de Hispania se enfrentaban por las distintas interpretaciones del mensaje crístico, y nacían tendencias motejadas por los competidores como herejías, alguna tan pujante como la priscilianista, que reivindicaba la participación de la mujer en lo espiritual y en lo social, teniendo en cuenta que los evangelios canónicos, y con más rotundidad los apócrifos o gnósticos, describen a Jesús de Nazaret con seguidoras cercanas, algunas de ellas, presentes en momentos cruciales de su Pasión: la crucifixión y la resurrección.

Culto a la Dama

Igual que María Egipciaca y Pacomio pudieron ser exiliados hispanos en tierras de Egipto, muchos priscilianistas se pusieron a salvo de las crecientes persecuciones instalándose en Albi, de donde surgiría hacia el siglo VII el movimiento que desembocaría en el catarismo del Languedoc, con el culto a la Dama como inspiración de una sociedad, refinada entre la nobleza, y justa para sus antiguos vasallos, que se dejaron matar por defender las intenciones de transformación social que transmitían las mujeres y hombres puros, los perfectos.

El esfuerzo para que entrara en acción el principio femenino fue arrasado por los ejércitos papistas, pero Alfonso X recuperó ese espíritu transformador y lo implantó allí donde pudo, levantando iglesias y ermitas en honor de Nuestra Señora, poniéndose bajo su protección desde el amor y el agradecimiento en sus “Loores a la Virgen”.

Entre los seguidores del catarismo vencido se transmitía una frase animosa: “Cada siete siglos reverdece el laurel”. Se cumple el tiempo.

A Santa María Egipciaca, igual que a María de Magdala, nos la presenta La leyenda dorada como prostituta regenerada. Y ennegrecida por el sol, lo que recuerda los versos del Cantar de los Cantares: “Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén…”; “No os fijéis en que estoy morena: es que el sol me ha quemado.” (Traducción de la Biblia de Jerusalén).

Ahí estaría el origen de las vírgenes negras, manifestación de lo secreto, protegidas en las criptas de edificios consagrados al culto mariano. Lo femenino se sacrifica a la luz fotónica, destructora y engendradora, la luz de la consciencia, para ayudar al mundo, pero mantiene su vínculo con la Madre, en criptas y cuevas, símbolos del útero materno.

Y es en Cádiz o Gades donde encontramos tres de las más veneradas vírgenes negras: La Virgen de Regla, de Chipiona; Nuestra Señora de la Merced, en Jerez de la Frontera; la Virgen de los Milagros, en el Puerto de Santa María.

La iglesia estrictamente patriarcal, que hasta masculinizó a la tercera Persona de la Trinidad, privando a la religión del principio femenino, tuvo que incorporar finalmente al cristianismo la figura de la Madre, adorada durante milenios en todas las latitudes, y muy especialmente en España y en Francia, personificada en sus bellas y misericordiosas Vírgenes, blancas y negras. San Bernardo de Claraval apuntalaría definitivamente el culto a lo mariano dedicando un centenar de encendidos sermones y las catedrales góticas a la Madre, que dio a luz al Hijo, al Mundo, para su redención.

Diosa Lygina

Los glaciares ya habían desaparecido de las rutas que conducían a Egipto y a la India. Los seguidores de los dioses Lyg y Lygina se ponían en marcha.

En el Alto Egipto está Ajmín, que los griegos llamaron Panópolis, y que ha recuperado su viejísimo nombre: “Aj” significa espíritu, y “mín”, diosa, lo que nos da “Diosa del Espíritu” o Diosa Lygina, la paredra del Dios Lyg, aquellos dioses de Occidente, de la Luz, cuya raíz ha sembrado de topónimos tanto España como Francia.

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Esta estatua de más de 7 metros de altura encontrada en el templo de Min en Ajmin deja patente la importancia de las princesas en la época de Amarna. http://sobreegipto.com/2014/06/04/la-antigua-ciudad-de-ajmin/

En Ajmín nacieron personajes como Ay, efímero faraón tras la muerte o partida de Amenofis IV, y predecesor de Tutankamon; Dhul-Nun el Egipcio, sufí biografiado por otro gran sufí, Ibn-Arabi, o el alquimista Zósimo. Y en Ajmín se halló a finales del siglo XIX, en un vertedero, un fragmento de un Evangelio de María, que data del siglo II.

Los sacerdotes de Amón recuperaron el poder y acabaron con el monoteísmo instaurado por Amenofis IV, arrasando su ciudad de Amarna, e imponiendo nuevamente lo patriarcal. Las muestras artísticas que han sobrevivido bajo las arenas del desierto en Amarna, con su esposa Nefertiti y sus hijas ocupando un lugar de igualdad, demuestran que aquel faraón incomprendido y vilipendiado pretendía dar voz y presencia a lo femenino. Había sido instruido hacia ese intento por diversos maestros y por su madre, la reina Ti, originaria del reino ario de Mitanni, quien también recibiría honores desconocidos hasta entonces para una mujer, apareciendo junto a su marido, Amenofis III, en estatuas y relieves, ambos con el mismo tamaño y dignidad. Luego llegarían los Ramsés megalómanos.

Y algún episodio sucedido en las orillas del Nilo –hay varios ríos en España de nombre casi idéntico- supone un rompecabezas para los especialistas que bucean en esa sociedad y en esa época, siguiendo coordenadas de la Biblia: la conexión de José con la familia real y su posible papel en el Éxodo de aquellas variadas tribus que salieron del reino cuando los sacerdotes acabaron con el monoteísmo establecido por Amenofis IV.

Pero ya se sabe que los textos que sirven de soporte a religiones y cosmogonías tienen diversos niveles de interpretación; que sus nombres, fechas y hechos pueden aludir a realidades tanto espirituales como biológicas o estelares.

Arios

No se sabe hasta hoy de dónde procedían los Arios, que llevaron por el mundo una civilización vehiculada por una lengua de la que se derivaría el sánscrito, y que habrían llegado a Occidente desde Irán y la India hace unos cuatro mil años, enderezando los idiomas a su paso. Hay quien juega con el orden de las letras para extraer de Osiris y Sirio a los esquivos Arios.

Pero lo cierto es que en las cercanías de Doñana se mantienen topónimos que conectan directamente con aquella vieja lengua, como veremos; ciudades anteriores a la llegada de las hordas arias, que hemos convenido en llamar “indoeuropeas”, tomando como referencia su lugar de partida y de llegada, hasta donde ha sido posible rastrearlas.

Y si existen en Doñana y en otros puntos de España antiquísimas ciudades con nombres con significado en sánscrito ¿no será porque aquellos Arios salieron de Tartessos, y su llegada a Occidente fue un “retorno” a casa?

Tampoco se sabe de dónde salieron las tribus arias conocidas como Dorios, que civilizarían Grecia junto con otros pueblos, introduciendo elementos matriarcales en la militarizada Atenas, aportando elementos femeninos, como la diosa Atenea, y nuevas formas de expresión artística como el teatro, y ritos y celebraciones en honor a Dionisos o Baco, a nuestro Paco.

Osiris, Sirio, Arios… Soria. Y en Soria nace el rio Duero o Dorio.

Rama

En el Ramayana o marcha –ayiana- de Ram o Rama se cuenta que este dios solar, avatar de Vishnu, partió de Occidente, adonde regresaría tras sus múltiples victorias y derrotas, habiendo trasplantado al valle del Indo una cultura que pudo nacer en Tartessos, una cultura de ida y vuelta: Kama es en la cultura védica la diosa del amor, del deseo evolutivo, que podría estar reflejada en la Camas sevillana, a un paso de la capital y del Guadalquivir.

Ram el heroe

Ram, el héroe del Ramayana, encarnación de Visnú, recuerda a Ares, rey de la guerra griego, aunque solo sea la estrecha relación que ambos guardan con el carnero, es decir, con el símbolo de Aries. Precisamente son los Arios, introductores del carro de guerra y de las armas de hierro, quienes están detrás, segura-mente, de ambas construcciones míticas. http://www.theoi.com/Gallery/K9.2.html

Cuando Ram emprende su aventura se llama carnero, significado de su nombre, que nos recuerda al vellocino de oro rescatado por los Argonautas; pero tras su retorno y un periodo de meditación, se convierte en cordero, su cría. Como si sus descendientes se hubieran dado un nuevo nacimiento a partir de sus trabajos y sacrificios.

Conviene recordar que tanto los antiguos relatos, incluyendo la Biblia, como los lugares, nombres, cualidades, conductas y hazañas de los protagonistas ofrecen distintas lecturas o interpretaciones a la luz de sus símbolos, alegorías y analogías.

Si apelamos al zodiaco, los descendientes del gran civilizador habrían vuelto a Occidente en los comienzos de Aries, el signo anterior a Piscis, que acabamos de abandonar para adentrarnos en Acuario, lo que vendría a coincidir con las fechas que se aplican a las invasiones o retorno de los Arios, hace unos cuatro mil años, y coincide también con las fechas de destrucción que los arqueólogos fijan para sus ciudades de Mohenjo-Daro y Harappa.

¿Cuándo salió de Occidente Rama, o la cultura que se envolvió en su nombre e intenciones? ¿Quizá en el Aries anterior, hace unos veintiocho mil años?

Rama. Aries. Arios

Cuando Rama retorna a Occidente, al Cielo, se dice en el Ramayana, se instala en un lugar llamado Paradesa, que se ha hecho derivar de dos términos del indoiranio: peris y daeza o jardín cercado. Deza o Daza aparecen en el mapa de España; Peris es un apellido frecuente en el Levante español, y en la Península hay decenas de lugares con la raíz Paredes o Paradas, como el municipio sevillano (no lejos de Mairena del Alcor, zona donde se instalara y excavara Jorge Bonsor en busca de Tartessos); nombres que son quizá apócopes de aquella Paradesa de la que derivarían el pardes hebreo, el paradeisos griego y el paraíso cristiano.

El nombre tiene más connotaciones: distintas cosmogonías sitúan en Occidente el Paraíso terrenal, los Campos Elíseos (Elisa habría sido la primera habitante mítica de España) o el Jardín de las Hespérides, causa de que la Península fuera conocida como Esperia; y en Tartessos sitúan el Tártaro y la Laguna Estigia o Lago Ligustino.

Pero antes de que Peris se convirtiera en Pérez, fue Berez, significando “hijos de Beres” o “Iberos”: en ibérico, la I es un artículo definido, de forma que Ibero significa “los Beres”. Y la India se llamó en otro tiempo Baraz, y luego Bharata, de donde la epopeya de Mahabharata. En el sistema kabalístico, Beriah significa el mundo de la Creación, con la hache final como aspecto femenino propio de las lenguas semíticas, que tuvo lugar en el Jardín del Eden. O de Adán. Allí, los Elohim “crean” a Adán macho y hembra, el andrógino primordial, y en otros versículos del Génesis y en profetas como Isaías, leemos que “formaron” a Adán y Eva, ya como razas separadas. Nombres, símbolos, alegorías, todas interpretables y enriquecedoras.

Y ese “jardín cercado” o Paraíso terrenal, lo encontramos en la serie de tapices de la Dama y el Unicornio, actualmente en el Museo parisino de Cluny, que describen los cinco sentidos y se sintetiza en el sexto, el ritmo, donde se unen las dos energías enroscadas en el cuerno del mítico animal. Así lo explican los simbolistas.

Desde antiguo se atribuye a la mujer un sexto sentido, una intuición inherente a su condición de generadora de vida, cercana por tanto a la Diosa Madre, que le daría acceso a realidades que desbordan el campo de acción de los sentidos, y de ahí el temor ancestral y el intento de destrucción sistemática de mujeres sabías, de profetisas, maestras, adivinadoras, parteras, chamanas, sanadoras, todas ellas estigmatizadas como temibles brujas, con poderes sobre hombres, animales y cosechas.

En el Ramayana se cuenta que los dioses o devas eran hijos de Danú o Dana; de Doña Ana.

Regueros de sánscrito

Sin extendernos demasiado, citemos algunos ejemplos de la presencia de la lengua sánscrita en la Península:

Arsa o Arka, fue una antigua ciudad de la bética, todavía no hallada, citada por Plinio, y que significa Sol, en sánscrito.

Nara y Narayana son una doble encarnación de Vishnú: Nara se traduce como “ser humano”, y Narayana, “como hijo del hombre primigenio”, o el “viaje del Hijo hacia la encarnación”.

En el Camino de Santiago, en la zona de El Bierzo, encontramos la localidad y el arroyo Naraya.

Mula significa en sánscrito “raíz”, de la sustancia primordial o cósmica. En Murcia encontramos la ciudad de Mula.

Conocemos el diálogo entre el dios Krishna y Arjuna por el Bhagavad Gita, contenido en el Mahabharata. En Jaén está la población de Arjona. La batalla para la que se preparaba Arjuna tuvo lugar en Kurushetra o territorio de los guerreros de Kuru, un rey indoario. ¿Quizá Coria del Río, habitada desde el neolítico? Se dice que el lugar de la batalla se encuentra en el actual Estado indio de Jariana. Jars, ánade en francés, y ana, nos daría Oca o Madre Ana.

Hay diversas Troyas en España, como el Palmar de Troya andaluz, y algunos historiadores consideran que el nombre responde a la llegada a Iberia de navegantes minorasiáticos, pero en Badajoz, la Rivera de Troya es una zona de concentración megalítica, es decir, antiquísima.

Se discute la procedencia de los Ibris, o Hebreos, sin reparar en que el Ebro es el río más importante de Iberia.

Los Hiksos, que se traduce como “hik”, reyes, y “sos”, pastores, que llegaron a controlar Egipto, con sus armas de bronce y sus carros de ruedas, constituyen un rompecabezas para los historiadores. Se especula que fueran cananeos, pero algunos de los pueblos presentes en Canaán estaban paralelamente también presentes en el extremo Occidente europeo, entre ellos los hebreos, según queda plasmado en otros artículos de Delta de Maya [1].

En ambas vertientes del Pirineo hay diversas localidades con el nombre de Sos.

Kavra significa cerro en indoeuropeo. Cabra está en Córdoba.

Dice el Libro de Jonás que éste se marchó a Tarshish, “la más brillante”, para huir de la presencia de Jehovah. Pero si recuperamos su nombre original, que era Ionás, encontramos a IO, la ternera blanca: lo femenino, huyendo del patriarcal Jehovah. Y encontramos As, “primero”.

La misma palabra Ario o Ariana está también presente a la vez en el sanscrito y en el español. No solo como topónimo, registrado en infinidad de monedas de época ibera que llevan la leyenda ARIA en mayúscula, sino también como nombre de río en Guad-aira, o como nombre propio en María o Mariana (el nombre femenino español más extendido). En sanscrito tiene el significado de “alto”, “elevado”, “noble”; igual que en español: un ara o altar es un lugar elevado; lo mismo que el aire (en italiano “aria”).

Y ahí seguimos.

signos ibericos

Inscripción sobre hueso en símbolos ibero-tartésicos. Encontrado en Bancal de la Coruña, pertenece a una colección privada y está datado hacia el 4000 – 3800 a. C. De derecha a izquierda se puede leer: ATaLRTe (Según Diaz-Montexano) http://www.schoyencollection.com/palaeography-collection-introduction/early-writing-introduction/european-early-writing/atlantis-stag-bone-ms-5237-2

signos foneticos

Imagen de portada: http://www.nationalgeographic.com.es/medio/2014/12/10/iberos5_1868x824.jpg

[1] Ver las publicaciones La Presencia Ebrea en Doñana; o Dos hermanas.