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Los nombres de lugar, tanto propios como comunes, nombres de ríos, de montañas, de valles, de mesetas, llevan tras de sí una compleja y poco conocida historia.Es tarea de los filólogos y de los lingüistas desentrañar poco a poco esa enmarañada madeja: las relaciones entre unas palabras y otras, su evolución, su sonoridad… Pero los lingüistas, como casi todo especialista moderno, se encuentra a menudo demasiado obnubilado por su objeto de estudio y por la rigurosidad de su método y no presta fácilmente oído a las evidencias que, no entendiendo de fronteras de tiempo y espacio, se muestran constantemente ante sus ojos. 

Rastros en los nombres (1)

Por Carmina Fort
Febrero de 2016

Todo nombre de lugar o de familia tiene o tuvo un significado que el transcurrir de siglos o de milenios ha hecho en ocasiones irreconocible, por variaciones de pronunciación que se plasmaron en escritura, o porque corresponden a idiomas de tribus o civilizaciones que dejaron su impronta en una lengua que se ha desvanecido de la memoria.

Como ejemplo de confusión, destaquemos que hay en España decenas de lugares llamados “Rioseco”, pero no parece lógico que se busque un cauce sin agua para humillar su condición de fracaso. Fundar una ciudad como Medina de Rioseco habría condenado a su potencial población a la extinción por sed, después de colgar por los pulgares a los que seleccionaron la ubicación. Sin embargo, por esa localidad discurre un tramo del Canal de Castilla, y existe un Embalse de Rioseco. ¡Pues no estaría tan seco!

En realidad, los riosecos de la Península están asociados a los Sicanos, una tribu ibera que colonizó Sicilia (donde se encuentra Tíndari, uno de los vértices del triángulo de Delta de Maya). Más tarde, los habitantes de esa isla pasaron a llamarse sículos, y en la actualidad, sicilianos. La alteración de una vocal, sica-sicu-sici, ha dado pábulo a la existencia de distintas tribus, que habrían sido sucesivamente absorbidas por la llegada de otras. Esa es la extraña opinión de las enciclopedias.

Otro problemilla relacionado con las vocales tiene como víctimas a distintas ciudades: León, cuya fundación y nombre se atribuyen a legiones romanas; Lugo, también de supuesta creación romana como Lucus Augusti; o Logroño, cuya etimología no tienen clara los historiadores. En cambio, la ciudad francesa de Lyon no ofrece dudas: era Lugdunum, o castro de Lyg, dios de Occidente. ¿Y no serían León-Lugo-Logroño lugares consagrados a Lyg o Lug? ¿Cuál es el origen de tantas poblaciones que llevan esa raíz en sus nombres? Y respecto a los legionarios creando ciudades a partir de sus campamentos ¿cuántas legiones estaban acampadas por todo el Imperio, sin haber dejado rastro de poblaciones asociadas a la raíz “leg”?

Podríamos considerar que lo religiosa y políticamente correcto, es decir, alterado, ha cubierto durante siglos con un piadoso velo el origen “pagano” de multitud de poblaciones de Occidente, antiquísimos adoradores de Lyg y Lygina, con el león como símbolo, correspondiente a la era de Leo, hace más de diez mil años.

Cuenta Estrabón, por referencias de otros cronistas, ya que él nunca estuvo en Iberia, que sólo en la Bética había doscientas ciudades. ¿Estaban los habitantes de las demás tierras peninsulares esperando a los legionarios para fundar ciudades tan importantes como las mencionadas? Todos sentados en los castros, hasta que alguien gritaba: ¡Ya vienen los romanos a civilizarnos!

Sobre los apellidos

Se cuenta que en algún momento de finales del siglo X, estalló en el transcurso de un banquete en Asturias una discusión entre miembros de dos grandes familias por establecer la mayor antigüedad de una sobre otra, discusión que uno de los invitados, el obispo de Salamanca, zanjó con una salomónica estrofa:

Antes que dios fuera dios
Y el sol diera en los peñascos
Los Quirós ya eran Quirós
Y los Velascos, Velascos.

El obispo había aplacado la soberbia de los contendientes, incurriendo de paso en un absurdo y en un sacrilegio, al postergar la existencia de Dios. Pero una afirmación de tal calado estaría velando otra interpretación, sin duda conocida del sagaz eclesiástico.

Y la explicación de la estrofa sería:

– Antes que dios fuera dios: porque se adoraba todavía a la Diosa.

– Y el sol diera en los peñascos: porque las tierras permanecían bajo los hielos.

– Los Quirós eran Quirós: los kirios, los quirones o centauros, maestros de héroes, ya ejercían su acción civilizadora en tiempos que su morfología simbólica haría corresponder con la Era de Sagitario, hace unos catorce mil años.

– Y los Velascos, Velascos: los pelasgos, los pueblos del mar, navegantes del piélago o mar abierto, que posibilitarían el intercambio cultural y comercial entre sociedades mediterráneas.

Lo curioso es que existe muy tierra adentro, cerca de Toledo, un pico de mil trescientos metros de altitud que se llama El piélago, quizá porque hasta allí se extendiera un mar interior. Y la misma denominación recibe un paraje junto a Linares, donde encontramos la ciudad ibera de Cástulo, de unos tres mil años de antigüedad, que se tiene por núcleo avanzado de la periferia de Tartessos, en la antigua región de la Oretania: oria significa río, en indoeuropeo.

Kynetes y Konios

Estrabón cita como aliada de los romanos a la tribu cántabra de los konios o koniacos, a los que sitúa en las Fuentes del Ebro. Y Avieno, Polibio o Heródoto refieren a su vez la existencia en el Algarve de los kynetes o konios, tribu que sería incorporada a los turdetanos, y que habría ocupado un amplio territorio, desde el Cabo de San Vicente y el Alentejo hasta el Guadiana, frontera con Tartessos, llegando hasta el Sur de Extremadura. Se cita Konisturgis (nombre relacionado con Astorga, “ciudad Asta”) como una de sus ciudades, que el arqueólogo Almagro-Gorbea identifica con Medellín, en Badajoz, en la desembocadura del río Ortigas, y que es, en su opinión, “el más importante núcleo orientalizante de la Cultura Tartésica en Extremadura”. Lo de orientalizante es el sambenito de los que desprecian la plausible acción civilizadora de Tartessos, al mantener que los de Oriente tuvieron que venir a desbastarnos, sin detenerse en que bien hubiera podido suceder al revés.

Ortigas también resulta raro como nombre de río, ya que ortigas hay por doquier, y quizá se trate de una deformación de Ortigia, isla y fortaleza de Siracusa, en Sicilia.

Volviendo a los konios, la coincidencia de dos tribus del mismo nombre, en extremos opuestos de Iberia, de las que podrían derivar los baskones o baskonios, muestra que hubo koinés o comunidades que se extendieron plausiblemente del sur al norte, ya que los konios, kynetes o “jinetes”, habitantes de El Algarve y Extremadura, entroncan su nombre con el de los antiquísimos centauros o quirones mencionados.

Existió también un núcleo llamado Laconimurgi, que unos investiga-dores sitúan en Puebla de Alcocer, en la comarca extremeña de La Siberia -o Las Iberias- y otros, en la hispalense Constantina.

En Anatolia -Ana- encontramos la ciudad de Konia; en Grecia continental, La-konia, donde estaba Esparta, junto al río Eurotas, que podría traducirse como Evrotas, pequeño Ebro o país del Ebro, por el origen de sus civilizadores, quienes al parecer preferían hablar lo imprescindible.

La Diosa

“Antes que dios fuera dios…” ¿Qué dio origen a la veneración por la Diosa Madre? La vemos representada en figurillas, grabados y pinturas con una morfología que exagera los aspectos generadores y nutricios, de una antigüedad de veinte o treinta mil años, en plena glaciación, descubiertas en muy distintas latitudes, desde Siberia a los Pirineos, generalmente en zonas recónditas de zigzagueantes y profundas cuevas. Allí, en un entorno oscuro, se rendía homenaje a un ser femenino, protector, no asociado a la luz fotónica que genera la vida física aparente, sino al misterio de lo que no vemos, pero está. Y lo que el hombre materializa, genera una impronta que satura de magia los espacios. De forma similar, las tallas de Vírgenes despiertan el fervor, y su manto simboliza la protección a lo creado.

Mientras que era el hombre quien procuraba la supervivencia física del clan mediante la caza y la defensa contra las fieras en aquellos tiempos helados, la fertilidad se contempló durante milenios como un hecho mágico asociado exclusivamente con la mujer.

A partir de esa superioridad de lo femenino relacionada con la generación, surgirían sociedades matriarcales, con distinto recorrido, eclosionando finalmente en un control tiránico de las reinas y su corte sobre el conjunto de sus poblaciones durante miles de años, que serían sustituidos y vengados por un sistema patriarcal, tras descubrirse el vinculo entre sexualidad y generación, que enviaría a la clandestinidad a la Diosa, al punto de convertir en personajes masculinos a los que fueran femeninos en antiguos escritos, base de las religiones que han llegado hasta nuestros días.

Un misterio siberiano

En Siberia, en los Montes Altai, en una cueva llamada Denisova (por un ermitaño que allí se retiró a meditar, de nombre Denis, o bien por Dionisos-Baco) se han hallado restos femeninos, de unos cincuenta mil años de antigüedad, que los investigadores han bautizado como la Mujer X, cuyos análisis han demostrado que pertenece a otra Humanidad.

Un hecho de tan enorme calado, ha tenido un tibio recorrido; ni científicos ni Medios, que son los deciden lo que la gente debe conocer y rastrear, se han preguntado demasiado de dónde se descolgó aquella Humanidad, si hubo otras cuyos vestigios no se han descubierto todavía, y cuál era su nivel evolutivo, capacidades, inteligencia. Sólo apuntan que también emigró de África –siempre África-, y vivió en zonas donde habitaban neandertales y sapiens, según la clasificación arbitraria establecida.

Parece que esa genética distinta sería resultado de hibridación de alguna especie desconocida con neandertales, cromañones o sapiens, aportando cualidades y características de las que carecían antes de ese encuentro. ¿Tuvo que ver aquella hibridación con la toma de consciencia de nosotros mismos, con el paso de manada a individuo; con la voluntad como herramienta de elección? Quizá ese elemento añadido, ese regalo que nos abría el camino a la libertad, de la Tierra al Espacio, de hombres a dioses potenciales, fue correspondido declarándonos “Hijos de la Madre”, que es la traducción del nombre Ben-ja-min, último hijo de Jacob, el de las doce tribus.

El nombre de Mujer X es acertado, ya que el signo que define el enigma de su origen y condición se corresponde con la cueva o el nacimiento y con la copa, símbolo de lo femenino; es la cruz de San Andrés, o Andere, la Dama, y el número diez.

Hay otros enigmas vinculados a Siberia: en la tribu de los yakutos, que hablan una lengua de origen turki, filólogos y etnólogos han encontrado palabras relacionadas con animales y objetos que nunca habrían existido en Yakutia, como camello, león o tigre, y otras que describen elementos agrícolas, que los yakutos nunca emplearon hasta la llegada a sus tierras de los rusos. Con estos datos, se ha planteado la posibilidad de que Siberia hubiera disfrutado en un pasado lejano de un clima tropical, que se alteró súbitamente hasta el punto de congelar a los mamuts todavía con hierba fresca en sus estómagos.

Lo cierto es que la cultura siberiana desapareció, y en algún momento apareció en Extremadura una comarca llamada La Siberia. ¿Un retorno a su punto de origen o misión civilizadora del extremo Oriente al extremo Occidente?

La imagen de portada corresponde a la llamada Estela Tartésica de Chillas, hallada en el paraje del mismo nombre en término de Villamanrique de la Condesa, provincia de Sevilla.