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Los Reyes Magos

Esta es la gran pregunta que se hacen todos los niños alguna vez, ¿existen realmente los Reyes Magos? Si la pregunta es si existen hoy, la respuesta es difícil. Si fuera así nadie parece conocerles. Sin embargo, de que existieron reyes-magos en el pasado no cabe duda. Fueron (y quizás, sólo quizás, todavía sean) los custodios de los libros revelados y de los muchos que están aún por revelarse.

Los Reyes Magos

por Taíd Rodríguez Castillo
Enero 2016

No hay en estos momentos fiesta popular que goce en España (y en muchos países de habla hispana) de mejor acogida que la de los “Reyes Magos”, exceptuando tal vez la Semana Santa. La fiesta de los Reyes Magos es una celebración de origen religioso que conmemora el día en que se hizo público el nacimiento de Jesús, llamado en su tiempo el Cristo (Cristo significa “ungido” y es la traducción de la palabra hebrea Mesías). Se celebra el día 6 de enero y cierra un ciclo festivo más amplio que es el de la Epifanía (“manifestación”, “presentación”), más corrientemente llamado de la Navidad.

Los Reyes Magos son celebrados tanto en el oriente como en el occidente cristiano, aunque con diferente importancia. Mientras que en España esta fecha es el “plato fuerte” del ciclo navideño, en otros países europeos no pasa de ser un día festivo más. Un día que, además, suele trasladarse a alguno de los primeros domingos de enero. Esto es debido a que, en principio, solo en España es este el día en que se dan los regalos a los niños. En los demás países del entorno europeo no son los Reyes Magos quienes traen juguetes a los niños, sino Papá Noel el 24 de diciembre. En esa fecha se festejaba y se saludaba el final del solsticio de invierno, es decir, el día en que el Sol, por fin, empezaba a “crecer”. Papá Noel se ha ido imponiendo en todos esos países, solo muy recientemente (aproximadamente desde el s. XIX), a una amplia variedad de duendes, hadas y otros seres fabulosos, normalmente uno distinto en cada región, que también traían regalos a los niños el día del solsticio de invierno.

La cristianización de esta celebración mediante la figura san Nicolás de Bari fue tardía y no tuvo demasiado éxito. Santa Claus sigue siendo una figura infinitamente más cercana a las hadas y los duendes que a los obispos cristianos. De manera semejante, la leyenda de los Reyes Magos parece hacerse eco de tradiciones mucho más antiguas que el cristianismo. Aparece fuertemente enraizada en los cuentos de hadas, donde el príncipe o la princesa de turno son presentados primero ante el pueblo, después ante un público infinitamente más selecto, nobles y ricoshombres del reino y de reinos vasallos y vecinos, de quienes reciben homenaje en forma de presente. De entre estos invitados suelen destacar tres hadas o tres magos, venidos de muy lejos, invitados o de improviso, que ofrecen al infante un tipo de homenaje particular. El más popular de estos cuentos es, sin duda, La bella durmiente, pero hay cientos de ejemplos.

La adoración de los reyes, de los príncipes y de los sabios a un personaje importante o elegido está también presente en otras religiones: Agni recibe las ofrendas de los rishis en el Rig Veda, Gautama Buda la de los nobles en la tradición budista. Se pueden ver incluso representaciones muy antiguas en sellos babilónicos de esta tradición, donde el niño (suele ser un varón) es presentado en piernas de su madre y recibe los dones de los reyes bajo una estrella (la del día de su nacimiento). El ejemplo está, por otra parte, bien atestiguado como tradición histórica: los emperadores de la parte oriental del imperio, a imagen y semejanza de como hacían los medos y los persas sus vecinos, nacían en una cámara púrpura y eran presentados días después con toda pompa y circunstancia para recibir augures, cartas astrales y demás parafernalias.

Diosa sumeria

Sello sumerio que representa seguramente a la diosa Inanna con su hijo entronizado sobre las rodillas. (Período Arcaico, Ha.2334-2154 a.C) Cif. Baring, Crawford, El mito de la diosa. pág. 212.

No es de extrañar, por tanto, que esta tradición esté presente también en el nacimiento de un personaje tan señalado como Jesús, bien porque estuviese desde el inicio o bien porque se fuese forjando poco a poco en un tiempo posterior.

Las primeras menciones de la adoración de los reyes a Jesús son, de hecho, sorprendentemente tempranas (sobre todo si las comparamos con las de Papá Noel). En las catacumbas de Domitilla (Roma, s. III-IV) ya aparece una pintura al fresco que parece representarla, si bien aquí son cuatro los personajes que ofrecen sus presentes al niño, entronizado sobre las rodillas de su madre.

Fresco de Domitila

Fresco de la adoración de los reyes de las catacumbas de Domitilla en una postal.

Una escena semejante se puede contemplar en las catacumbas de Pedro y Marcelino, también en Roma, ahora ya con tres personajes como oferentes. La escena era ya popular y la vemos reproducida en gran cantidad de sarcófagos de esa misma época. En España, por ejemplo, en el sarcófago de Layos.

Relieve

Sarcófago paleocristiano del s. IV aprox. encontrado en el mausoleo de la villa toledana de Layos. Se trata de escenas distintas yuxtapuestas con el difunto orante en el centro. A la derecha la Adoración de los Reyes Magos. http://ciudaddelastresculturastoledo.blogspot.com.es/2014/03/yacimiento-el-vizcaino-y-mausoleo-de.html

Es de suponer que ya entonces los oferentes tenían nombres, los regalos estaban diferenciados y la leyenda bien construida. Sin embargo, esto no está tan claro. Schoebel, en su libro L’histoire des rois mages, cita a san Ambrosio de Milán († 397) como el primero en decir que aquellos antes quienes fue públicamente presentado el niño fueron tres, fueron reyes y además fueron magos. Pocos años después el papa san León magno parece que lo repitió sin cesar en sus sermones. Que en la larga historia del imperio persa solo una vez un mago o alto sacerdote parsi haya sido a la vez rey es algo que no debió preocupar demasiado a Ambrosio, ni algo que san León Magno se ocupase de corroborar. Por lo que a ellos respecta, el Sumo Sacerdote podía ser a la vez Emperador, y de hecho solía serlo.

De todas formas la denominación magi no tiene porque hacer referencia exclusivamente a los sacerdotes persas y medos que llevaban ese nombre. Desde mucho tiempo antes existían, tanto en oriente como en occidente, los reyes-sacerdotes, por un lado, y figuras semejantes a los druidas y a los brahmanes por otro, a menudo organizados seguramente en colegios que entraban en contacto unos con otros gracias al establecimiento de las grandes rutas de peregrinación oeste-este. Es decir, que la leyenda de los reyes-magos tal vez debamos remontarla no tanto a los magos persas, como a sus antecedentes, los reyes-magos que guiaron las grandes migraciones arias, dos mil años antes de Cristo, y dieron luz a los dos primeros grandes libros “sellados”: el Avesta y los Vedas.

La primera referencia explícita a los nombres actuales de los Reyes Magos se encuentra también en un documento de esta misma época, los conocidos como Excerpta Latina Barbari o “Anales de los Bárbaros”, donde dice textualmente “magi autem vocabantur Bithisarea Melchior Gathaspa” (1). Y de la misma época son también los mosaicos de la iglesia de San Apolinar Nuevo en Rávena, originalmente pensada para el culto arriano (de hecho el arrianismo y los bárbaros arrianos parecen haber sido grandes impulsores de esta tradición en occidente), donde sus nombres aparecen escritos como sanctus Balthassar; sanctus Melchior; sanctus Gaspar.

San Apolinar

Los tres magos identificados con sus respectivos nombres. Mosaico de Sant`Apollinare Nuovo. http://es.wikipedia.org/wiki/Reyes_Magos

En los Evangelios canónicos el episodio de la adoración de los Reyes Magos aparece reseñado más bien brevemente en Marcos 2, 1-12, donde se habla de unos magos venidos de Oriente y guiados por una estrella a adorar al niño, pero no se dice que sean tres, ni reyes, ni se dicen sus nombres. Se supone que eran tres porque traen tres regalos: oro, incienso y mirra, pero no deja de ser una suposición. Se dice también que a Herodes esta presencia de tan ilustres personalidades no le gustó demasiado: ¿acaso no había sido invitado a la fiesta?

El grueso de la leyenda, por tanto, debemos buscarlo como tantas otras veces en los evangelios y tradiciones cristianas apócrifas. Donde viene más ampliamente explicado es en el Evangelio Armenio de la infancia (2), escrito probablemente con posterioridad al s. VI:

5.9 “(…) Porque cuando el ángel trajo la buena nueva a María, era el 15 de nisán, es decir, el 6 de abril, miércoles, a las nueve de la mañana”.

5.10 “Inmediatamente, un ángel del Señor marchó a toda prisa al país de los persas a fin de avisar a los reyes magos para que fueran a adorar al niño recién nacido. Guiados por la estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el momento en que la Virgen se convertía en madre. En aquel tiempo, el reino de los persas sobresalía por su poder y sus victorias por encima de todos los reyes de Oriente. Los que eran los reyes de los magos eran tres hermanos: el primero Melcón, que reinaba sobre los persas; el segundo Baltasar, que reinaba sobre los árabes; el tercero Gaspar, que poseía el territorio de los indios. Después de reunirse por orden de Dios, llegaron en el momento en que la Virgen se convertía en madre. Habían acelerado su marcha y se encontraron allí en el instante preciso del nacimiento de Jesús”.

Lo más llamativo de este texto es la cantidad de veces (hasta tres) que se afirma que los Reyes Magos llegaron a su destino el mismo día en que nació Jesús, es decir, el 6 de enero, nueve meses después de la Anunciación. De hecho, coherente con esta creencia, la iglesia apostólica armenia continúa celebrando el nacimiento de Jesús el día 6 de enero (3). Hay un curioso baile de fechas respecto a este punto. Por ejemplo, la iglesia ortodoxa celebra la adoración de los magos el 25 de diciembre (4), es decir, coinciden de nuevo el nacimiento y la entrega de regalos, pero en otra fecha. Nosotros, por alguna razón, hemos desvinculado ambos eventos.

Se hace referencia de nuevo a ellos en 11, 1-24, donde se dice que los tres hermanos venían con doce “jefes de ejército”, cuatro por cada rey. Los regalos de Melcón fueron mirra, áloe, muselina, púrpura y cintas de lino, “juntamente con los libros escritos y sellados por el dedo de Dios”; Gaspar ofreció nardo precioso, mirra, canela, cinamomo, incienso y otros perfumes; Baltasar llevó oro, plata, piedras preciosas, zafiros y perlas finas. En especial recogemos esto de los libros escritos y sellados por Dios:

11.22 “El rey Melcón tomó el libro del Testamento que guardaba en su casa como herencia de sus primeros padres y se lo presentó al niño, diciendo: ‘He aquí el escrito en forma de carta, que tú mandaste guardar después de haberlo sellado y cerrado. Toma y lee el documento auténtico que tú has escrito. Era el documento cuyo texto era guardado en secreto y que los magos no se habían atrevido a abrir’ (…)”.

Según este párrafo, muy significativo, los antiguos reyes magos a los que nos hemos referido antes no solo estaban en posesión de los secretos contenidos en el Avesta y en los Vedas dos mil años antes de Cristo, sino que ya entonces poseían los saberes contenidos en el que iba a ser el tercer gran libro revelado, la Biblia. De alguna forma, los reyes-magos de nuestra fiesta del 6 de enero, son la representación mitológica del modo casi mágico en que la humanidad se va desenvolviendo a impulsos, y de la forma misteriosa en que se le van progresivamente revelando las páginas de un libro que ya está escrito.

Es llamativo que sea Melcón quien hace entrega del libro sellado, el mismo libro cerrado y sellado que aparece de vez en cuando en los bajorrelieves románicos y góticos y que simboliza a aquél que sabe pero no enseña. Recuerda la asociación que ya desde la Edad Media se hizo entre las figuras de Melchor y de Melquisedec. Éste era rey de Salem y a la vez primer sacerdote de El Más Alto, salió al paso de Abraham y lo bendijo ofreciéndole pan y vino, simbolizando el paso de una tradición a otra. Ahora, de nuevo Melchor-Melquisedek sale al camino de Jesús y le hace entrega del tercer libro de las revelaciones. Parece que todo se sabe desde el principio y se va revelando paulatinamente en función del entorno y de la capacidad de asimilar los mensajes de quienes están destinados a recibirlo.

Este párrafo concuerda bastante bien con la iconografía que hemos visto de los Reyes Magos donde Melchor es representado como el más anciano y suele ser el que encabeza la comitiva.

La escolástica medieval (las escuelas medievales de filosofía) desarrolló con gran ahínco el tema de los Reyes Magos. Todos y cada uno de los diferentes nombres dados a los magos, su número, su aspecto físico, sus ropas, sus regalos, etc… fueron interpretados y reinterpretados una y otra vez hasta hacer de ellos una construcción mítica arquetípica finamente pulida. Así, por ejemplo, Peter Comestor nos dice que “los nombres de los tres magos son estos: en hebreo Apellus, Amerus, Damasius; en griego Galgalat, Magalath, Sarachim; en latín Baltassar, Gaspar, Melchior”. Otros nombres fueron Dionysius, Rusticus y Eleutherius, que les asigna el italo-godo Gottifredo de Bussano; o Ator, Sator y Peratoras que les da un tal Casaubon; o los más interesantes de Enoch, Elijah y Melchizedek que les da Jacques de Ausoles (5).

Había escolásticos que veían representada en uno la “fidelidad”, en otro la “humildad” y en otro la “misericordia”; en uno a Europa (o la desotro a África (la descendencia de Cam); en uno la vejez, en otro la madurez, en otro la juventud; en uno la memoria, en otro el entendimiento, en otro la voluntad; en uno las riquezas de Tartessos (el oro), en otro la ceniza de los cultos al fuego de los Medos y Persas (el incienso), en otro los aceites con que se hacían ungir los semitas (mirra).

Por último, es curioso que, junto a España, sean Armenia y Siria (que juntas formaban el antiguo reino de Iberia Póntica) los países donde mayor arraigo parecen haber tenido los Reyes Magos. Así se desprende, al menos, de la gran variedad de leyendas y registros históricos que hacen referencia a ellos en estos países. En algunas de estas leyendas sirias y armenias se eleva incluso el número de reyes magos a doce y se procede a dar con detalle sus nombres y ascendencia. Un manuscrito armenio copiado en 1749 nos ofrece la siguiente lista:

Zahtun, rey de Gog, hijo de Arturo, de la casa de Emran.
Arevn, rey de los persas,
Zual, rey de los Medos,
ambos de la casa de Nexam.
Zarehu, rey de los Partos,
Artasiz, rey de los Asirios,
ambos de la casa de Madan.
Asthan, rey de los bárbaros,
Makhaz, rey de los bárbaros,
ambos de la casa de Modom.
Iserenezboki, rey de Tharsis y de las Islas.
Ahisrach, rey de Tharsis y de las Islas
Tarana, rey de Tharsis y de las Islas
Marei, rey de Arabia,
Avsit, rey de Saba superior, en el distrito norte,
ambos de la casa de Sovin.

Parece que, efectivamente, uno de los reyes-magos custodios del libro residía al fin y al cabo en Tartessos y sin duda fue Melchor quien acabó representando ese papel.

No deja de ser curiosa la fonética de ese Rey Tarana de Tharsis, cuyo nombre tanto se parece a la diosa Tara y a la diosa Ana. Como Doña Ana.

Imagen de portada: Detalle de la Adoración de los Reyes Magos. Códice de Roda, siglos X-XI.
https://commons.wikimedia.org/wiki/Fie:Adoración_de_los_Reyes_Magos,_990_Códice_de_Roda.jpg

1 Bruce Manning en New Testament Studies, vol. x, cap. ii.

2 Utilizamos la traducción de Antonio Piñero (ed.), Todos los Evangelios. Madrid,2009, pág. 300 aunque no es, desde luego, la fuente con la que nos habría gustado trabajar.

3 Por ej. http://www.armenianchurch-ed.net/wpblog/

4 http://orthodoxwiki.org/Magi

5 Íbid. Bruce Manning