Publicaciones

instrumentos_medievales

La tradición cultural y cultual de las regiones de Doñana y Camarga encuentran en los modelos poéticos y musicales de la Troba medieval uno de sus puntos comunes de inflexión.

Pero, ¿cómo abordar el estudio de un fenómeno que surgió de modo tan súbito, tan aparentemente repentino y tan fecundo en futuro como lo fue la trova occitana?

Muchos son los estudios sobre este gran arte, su génesis, muchos quienes se han esforzado en analizar meticulosamente el medio social en que nace, muchos han escudriñado en libros y más libros buscando el origen de sus peculiares formas de hablar, de la particularidad de sus temas: ¿de dónde viene ese amor a la dama?, ¿qué es la dama, “Nuestra Dama”?

La Trova de la Minne

Por Taíd Rodríguez
Noviembre  2015

¿Cómo explicar o cómo empezar a explicar un fenómeno tan súbito, tan aparentemente repentino y tan fecundo en relación al futuro como lo fue la trova occitana? ¿Por dónde empezar? ¿En cuáles de sus muchas implicaciones hacer hincapié?

guilhem ademar copia

https://en.wikipedia.org/wiki/Guilhem_Ademar

Como diría Ghilhem Ademar:

Comensamen comensarai
comensan, pus comensar sai,
un vers vertadier e verai,
tot ver veramen…

Comenzando comenzaré
por el comienzo, pues comenzar sé,
un verso verdadero y veraz,
todo verde [1] verdaderamente…

Muchos son los estudios sobre este gran arte, muchos han sido quienes se han devanado los sesos intentando explicar su génesis, muchos quienes se han esforzado en analizar meticulosamente el medio social en que nace, muchos han escudriñado en libros y más libros buscando el origen de sus peculiares formas de hablar, de la particularidad de sus temas: ¿de dónde viene ese amor a la dama? ¿qué es la dama, “nuestra dama”? ¿qué querrían decir con “amor fino”, “amor puro”? La búsqueda de la correcta interpretación de estas cuestiones ha puesto en pie bibliotecas enteras.

Sin embargo, estas búsquedas nos siguen pareciendo hoy demasiado incompletas y sus conclusiones superficiales. Tal vez el motivo sea que la respuesta se ha buscado casi exclusivamente desde la erudición, desde la acumulación de saberes escritos en libros. Y, por extraño que nos pueda parecer a muchos, resulta que no todo está escrito, que no todo está en los libros.

La acumulación de saberes sobre la trova occitana comenzó estando aún viva ésta, hacia principios–mediados del s. xiii, con la confección y recopilación de los primeros cancioneros. Estos aparecieron, precisamente, cuando la trova ya declinaba, varios decenios después del fin de las guerras contra el Languedoc. Quizá empezaron a aparecer precisamente por ello. Los cancioneros recopilaban y ponían por escrito trovas dispersas, agrupándolas por temas o por autores. A veces incluían, cuando se trataba de canciones, la notación musical que las acompañaba. Hoy se conservan noventa y cinco de estos cancioneros medievales, de los cuales cuarenta y cinco son los principales. Resulta curioso que la mayoría de estos cancioneros resulten copias sacadas en Italia. Se sabe que Dante y Petrarca bebieron profusamente de esta fuente.

El número de lo conservado es sorprendentemente elevado y, en función de ello, se podría llegar a pensar que hoy se tiene un conocimiento profundo de la trova. Pero si mucho es lo conservado, infinitamente mayor es lo que se ha perdido. Para muestra un botón: solo siete de los noventa y cinco cancioneros proceden de copias sacadas en el Languedoc, la tierra de origen de los trovadores. Esta pérdida debe estar relacionada con la estricta purga de libros y archivos que pacientemente llevó a cabo la Inquisición, cuya implantación acompañó la cruzada papal contra el catarismo (que más pareció, como decíamos, una cruzada contra el Languedoc entero que contra la secta herética), pero cuya labor se extendió durante varios cientos de años. Y si esos textos se perdieron quizás fuera porque la Inquisición tuviera poca capacidad de discriminación, o porque tuviera demasiada [2].

Por otra parte está el tema de la calidad de lo conservado. Hay una gran desigualdad entre unos trovadores y otros. Ya en su día trovadores como Raimon de Miraval ponían en alerta sobre la oportunidad o no de llamar a todos “trovadores”. Sin embargo, la erudición actúa a menudo de forma mecánica y cuantitativa en sus análisis, ya sean estilísticos, gramaticales o temáticos, y apenas hace distinción entre unos y otros. Para el análisis erudito basta que una trova esté escrita en occitano para considerarla verdadera trova, aun cuando sea de pésima calidad.

Debido a esa falta de distinción, se llega con pasmosa facilidad a conclusiones equívocas cuando no claramente erróneas. En los manuales podemos llegar a leer cosas tales como que “el arte de los trovadores reproduce las enseñanzas que éstos han aprendido en las escuelas de retórica”; que “su terminología procede de lo que tenían más a mano: el orden jurídico en que vivían y lo que oían a los hombres de la iglesia católica” o que “la canción provenzal es, en gran parte, un detallado análisis de lo más externo de la pasión amorosa” [3] (¿?).

Codex_Manesse_Folio_164v_Leuthold_von_Seven

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Codex_Manesse_Folio_164v_Leuthold_von_Seven.jpg

Otra falta en que cae la erudición moderna sobre la trova occitana es que, por alguna misteriosa razón, nunca termina de vincular la aparición de ésta con la herejía cátara, por más que su aparición y desaparición concuerden con ella en el tiempo y el espacio. Tal vez se piense que eso sea concederle a esta herejía un lugar demasiado importante en la historia. Hay que tener en cuenta que muchos de estos eruditos son creyentes cristianos. Se sabe, sin embargo, que muchos de los primeros trovadores estuvieron vinculados a familias cátaras de abolengo, que formaron parte de sus deudos y que muchos de ellos fueron después de la cruzada contra el catarismo faidits o “huidos”. Se sabe que la famosa cuestión de la terminología empleada en muchas trovas para velar nombres de personas y lugares esconde en realidad nombres de personas y lugares fuertemente vinculados al catarismo (por ejemplo, el citado Raimon de Miraval llamaba Audiart al conde Raimon vi de Tolosa). Tampoco el tema omnipresente del “culto a la dama” y del “amor fino” parece tener una especial raíz católica, ni mucho menos.

La cuestión de fondo es que, desconociéndose cuál era el contenido concreto del catarismo (porque no se ha conservado ningún libro escrito por cátaro alguno, o testimonios directos de las enseñanzas de éstos, pues todos fueron quemados; lo poco que se conoce es a través de los registros inquisitoriales, que no parecen una fuente demasiado fiable en este asunto), se desconoce el hecho esencial de que la trova podría haber sido el vehículo elegido por algunos cátaros o puros para divulgar sus mensajes entre el pueblo.

Esta finalidad explicaría por sí misma muchas, si no todas, las características que diferencian a la trova de la Minne o amor puro [4] de cualquier otra composición poética anterior o posterior. La primera trova, los primeros trovadores, fueron trovadores de amor. Resulta hoy, quizá, un tema un tanto trivial, pero no lo era hace diez siglos. Hoy tenemos alguna noción de qué es el querer de amor. Podemos elegir hasta cierto punto cuándo y con quién vernos, podemos elegir cuándo y con quién casarnos y si casarnos o no. Pero hace diez siglos el “amor” no iba más allá del contrato matrimonial. No solo la trova nace ahora, el concepto mismo de amor más allá de los intereses de la familia nace ahora también. Es un paso capital: realza y valora la voluntad del individuo, le da cabida, le da paso y le da autonomía. Como hemos visto, el renacimiento, impulsado por Dante o Petrarca en Italia, que pone al individuo en el centro de su concepción del universo, tiene sus precedentes aquí. La cuestión es ardua y difícil de explicar por escrito, pero al cantar al más puro amor los trovadores de la minne cantaban a la vez la existencia de una voluntad en cada individuo: de un alma, de un rescoldo dorado en lo profundo de su propia “mina”. Esto es también “la dama”, “nuestra dama”. El amor solo se expresa en el mundo a través de ella y en ella tiene su fuente. Por eso amor y reconocimiento de la individualidad fueron unidos.

Con el tiempo, la trova de la minne se fue rápidamente extendiendo y dando origen a otro tipo de trovas que no eran de amor. Pero la trova original siguió existiendo paralelamente, gracias a la existencia dentro de ella de una leyes rígidas: las famosas Leys d´amors entregadas por un halcón dorado al primer trovador.

Todo parece indicar que esas Leys d´amors existieron realmente. Que existieron y fueron transmitidas oralmente de maestro a alumno mientras hubo paz en el Languedoc y que solo después de que esa paz se truncara y la trova se desarticulara se debieron poner por escrito, lo que quedase de ellas, en 1323 [5]. Esta tradición choca frontalmente con aquella otra, más académica, más confusa también, que trata de hacer derivar la trova occitana de los “tropos” empleados en algunos pasajes de la liturgia cristiana, por una parte, y de la tradición retórica por otra. (En general nos cuesta aceptar que las cosas puedan nacer “hechas” y no por una lenta y costosa, pero rastreable, evolución. A tanto ha llegado el darwinismo social que se nos ha incrustado como un chip en el cerebro).

He aquí algunas de esas Ley d´amors en su forma tardía:

– Uso exclusivo de la “lengua de Oc”, la lengua de la Oca en su versión tolosana. La trova pudo ser un medio natural para transmitir al pueblo determinado tipo de nociones y por eso escogió la lengua que hablaba el pueblo. Ahora bien, en la época en que esas leyes fueron entregadas al primer trovador ese uso pudiera haber estado gramatical, formal o semánticamente limitado. Creemos que es muy probable que, junto con ideas nuevas, los trovadores ayudasen a difundir usos gramaticales nuevos (y esto es importante, porque equivale a decir formas de pensar nuevas), vocabulario y semánticas nuevas, así como nuevos modos de expresión introducidos en este momento. Sobre esto se podría investigar mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora.

– Uso exclusivo de un lenguaje poético, rimado en consonante y estrictamente medido. La trova se expresa exclusivamente en un lenguaje poético, con palabras buscadas, que se hilan en versos medidos que se llamaron bordones (o sea, “guías”). Se medían de acuerdo con el número de la última sílaba tónica, en oposición al uso del italiano y del castellano, que cuentan una sílaba más tras la última tónica [6]. Las rimas debían ser exclusivamente consonantes, lo que ayudaba sobremanera a memorizar la trova y, sobre todo, a no alterarla. Las excepciones conocidas a estas reglas son mínimas.

Por su parte, los bordones se insertan en estrofas llamadas coblas (=¿copla?), que a su vez forman distintos tipos de composiciones poéticas. La que nos ha llegado en mayor número es la chansó, que era un tipo de composición formada por cinco coblas y que únicamente debía tratar de “amor fino”. Nos han llegado muchas, además, acompañadas de su notación musical, lo que parece indicar que fueron composiciones que en un momento dado fueron cantadas. En Alemania, a los trovadores de amor se les llamó, precisamente, minnesängers, “cantores del amor cortes”.

Otras composiciones se utilizaban para expresar dolor por una pérdida (plang, “planto” en castellano de la época de Alfonso x); para cantar la separación del objeto de su amor (alba); para cantar un encuentro a solas con la dama (pastorela); o para expresar la relación entre un señor y su vasallo, la reprensión de los tontos y de los malvados, o de alguna guerra (sirventés), entre otras.

– Uso singular de las connotaciones psicológicas de las trovas. Es sorprendente que las Leys d´amors contemplen dos tipos principales de rimas: la masculina y la femenina. La rima aguda es llamada “masculina”, independientemente del género de la palabra que sirva a la rima, y la llana es llamada “femenina”. El trovador conoce y tiene en cuenta esta diferencia y juega constantemente con ella. Hay, por tanto, composiciones predominantemente masculinas; predominantemente femeninas; exclusivamente masculinas (como la composición llamada por ellos verso); exclusivamente femeninas y alternas (llamadas por ellos derivativas). En todas ellas el encadenamiento de palabras llanas o agudas crea efectos buscados muy peculiares en un idioma como la lengua de oc, donde existen multitud de palabras con terminaciones en letras consonantes (son muy comunes las palabras terminadas en -ns; -rs; -nz; -tz).

Como hemos visto, es muy probable que por lo menos algunos trovadores de la minne (de la mina mía) acompañasen sus composiciones poéticas de composiciones musicales. De este acompañamiento musical se han conservado algunas notaciones cuadradas de la época, que han permitido que actualmente se puedan interpretar algunas de ellas. Sin embargo, estas notaciones medievales no arrojan suficiente luz sobre la pronunciación, la calidad o la calidez de la voz, el ritmo, el tono o el uso de instrumentos. La notación cuadrada no es capaz de contener las variaciones que sin duda eran cantadas pero no escritas, por lo que resulta virtualmente imposible situar correctamente la posición de todos los tonos y semitonos en una determinada canción. Ni siquiera se tiene la seguridad de que dichas composiciones poéticas fuesen pensadas para ser cantadas y acompañadas con instrumentos [7].

En cualquier caso las notaciones cuadradas y los intentos de reproducir el sonido, el ritmo o la entonación de una trova son una forma excelente de aproximarse a la sonoridad de la época, de acercarse a su problemática y a los interrogantes que suscita, y de asomarse a las imágenes y pensamientos poéticos a los que acompañan: ¿cómo debía entonarse tal o cual bordón, qué pausas debían hacerse dentro de él y qué duración debía tener?

Pero en definitiva, la esencia de la verdadera trova sigue estando en algo tan aparentemente sencillo como definir qué entendieron los primeros trovadores por la palabra que dio nombre a su oficio, es decir, qué entendieron por la palabra occitana trobar (que en castellano significa literalmente “encontrar”). Las Leys d´amors, escritas en occitano y en verso, derivan la palabra trobar de una curiosa doble etimología. Por un lado la hacen derivar de la palabra aventura, y por otro de buena cura. Deriva de aventura cuando encontramos, sin buscar, algo que estaba perdido o no perdido; deriva de buena cura cuando poniendo buen cuidado encontramos algo que estaba perdido.

De esta forma, la trova tiene algo de ambas. Ese “encuentro” al que hace referencia ha de ser cuidadosamente buscado; pero por otro lado hace falta aventura porque muy a menudo el trovador no sabe lo que busca y ha de estar abierto a todas las posibilidades. Por un lado atención, por otro apertura, ambas dan como resultado el “encuentro”.

Tiene también la trova mucho de alquímico. Al que encuentra, al que halla, se le llama en occitano trobador, esto es poco menos que decir “encontrador de oro”, o “el que encuentra oro”. La palabra minne puede relacionarse también con el francés mine, “mina”.

Ese oro simbólico representa el hallazgo de un pensamiento nuevo. El trovador no lo crea, no lo inventa, sino que lo encuentra (por eso se llama trobar y no invenire, “inventar”, como pretenden algunos empeñados en hacer derivar la trova de una ciencia latina anterior). Y para plasmarlo sí que inventa un lenguaje propio. Ha de inventarlo necesariamente, si realmente se trata de un pensamiento nuevo. El juego, por tanto, es consustancial con la trova, porque es jugando con las palabras como emergen a veces significados insospechados de ellas. Este juego, trasladado a la búsqueda de palabras que expresen nuestra relación con la dama, con lo oculto de nosotros mismos, es lo que define, además, la trova de la Minne o del amor puro.

Altstetten copia

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Altstetten.jpg

[1] En realidad sería “verdad”.

[2] Como debido a esta intensa purga apenas han llegado hasta nosotros escritos cátaros, se hace muy difícil establecer una relación del catarismo, fenómeno que solo se conoce a través de documentos inquisitoriales, con casi cualquier otra cosa, incluida la trova de la Minne. Es muy posible que muchas colecciones de trovas fuesen purgadas porque, para los inquisidores, la relación entre Minne y catarismo estuviera infinitamente más clara que para nosotros. Lo que sí existe y está bien documentado (lo veremos luego) es la relación de parentesco o de vasallaje de muchos trovadores con los señores del Languedoc contra quienes combatía el Papa (que no eran todos cátaros, por cierto, aunque sí algunos de ellos, y muchos los defendían).

[3] Frases como estás las podemos leer por ejemplo en Martín de Riquer, que es el manual que utilizamos: Los trovadores¸ v.1, “Introducción”. Barcelona, 1975.

[4] Fin d´amors se decía en occitano, “amor fino”, como decir “oro fino” en relación a su pureza.

[5] Fue un consistorio tolosano llamado Gaia Scientia quien trató de revitalizar la trova occitana. Las Leys d´amors, en la forma tardía, son un manual de cómo trovar: tipos de versos, tipos de rimas, tipos de estrofas, tipos de composiciones, temas, usos, giros apropiados e inapropiados, gramática, etc… Se pueden encontrar varias ediciones: J. Anglade, Las leys d´amors (4 vols.) (en provenzal); Gatien Arnault, Las flors del Gay Saber (3 vols. Provenzal-francés).  

[6] Riquer, op. cit.

[7] Switten, Margaret Louise, The cansos of Raimon de Miraval. Cambridge, 1985, donde quedan patentes las dificultades en torno a este asunto.