Publicaciones

WP_20180328_22_10_53_Pro baja

Romualdo Molina Muñiz (Sevilla 1935) es uno de los estudiosos del patrimonio cultural de occidente más ricos y hondos, al tiempo que personal e inclasificable. Su desmedida capacidad de libertad intelectual le permite conjugar un conocimiento vastísimo en multitud de temas con una creatividad artística sin igual, ajena a cualquier corsé academicista. Sus propuestas interpretativas de la historia, el flamenco, la mitología o el folclore se despliegan ante la escucha atenta, admirada y alucinada de sus interlocutores o lectores, rompiendo en ellos todos los paradigmas hasta lograr sembrar en su consciencia semillas de una planta aún extraña en nuestro mundo; una planta en la que, si es debidamente regada, acaso un día puedan abrirse flores con aromas de poesía, sabiduría y sobre todo amor ante un descubrimiento de capital importancia: nuestro parentesco con los mismísimos dioses.

La saeta

por Romualdo Molina Muñiz
2019

—Sophie, según la tradición de la hermandad, la clave de bóveda es un mapa codificado… un mapa que revela el lugar donde se halla oculto el Santo Grial.

—¿Y tú crees que eso es lo que tenemos aquí? —le preguntó con expresión muy seria.

Langdon no sabía qué responderle. Incluso a él le resultaba increíble, aunque era la única conclusión a la que llegaba. «Una piedra codificada oculta bajo el signo de la rosa.» La idea de que hubiera sido Leonardo da Vinci el inventor del criptex —anterior Gran Maestre del Priorato de Sión— era un indicador más de que aquello era en verdad la clave del Priorato.

«Un diseño de un anterior Gran Maestro… materializado, siglos después, por otro miembro del Priorato.»

Los indicios eran demasiado claros como para rechazarlos sin más… Durante el último decenio, los historiadores se habían dedicado a buscar la clave en las iglesias francesas. Los buscadores del Grial, perfectos conocedores de la tradición de juegos de palabras y dobles sentidos del Priorato habían llegado a la conclusión de que la clave de bóveda debía ser, literalmente eso, una clave de bóveda —una cuña arquitectónica—, una piedra con inscripciones codificadas insertada en el arco de alguna iglesia.

«Bajo el signo de la rosa.» Fragmento de “El Código Da Vinci”- Brown

 

Betania, Romualdo MOLINA

 

Probablemente, la primera saeta cristiana de Semana Santa se cantó en Andalucía cuando era la provincia Bética de la Hispania Romana, y se pronunció en idioma hispano. Por tanto, estaba compuesta en la antiquísima metrica satvrniae de los turdetanos. A diferencia de la retórica poética de los griegos, los latinos y los árabes, que conjugaban sílabas breves y largas, los turdetanos, que tenían poemas y leyes en verso —Asclepiades Mirleanós dixit en el siglo I— desde 6000 años antes, componían con sílabas acentuadas y cuntadas, con las que medían sus versos y rimas vocálicas: ni más ni menos que igual que, siglos después, el cancionero de Aben Kuzman, más tarde los trovadores provenzales, y en la actualidad todas las naciones del Occidente.

El día que el Emperador romano Pvblivs Aelivs Traianvs Hadrianvs Avgvstvs, nacido en Itálica, el 24 de enero de 76 d. J.C, reconocido luego como eximio poeta, filósofo, y competente lingüista en varios idiomas, se presentó ante el Senado en la ciudad de Roma, para asumir el imperivm, dio un calculado discurso. Los próceres manifestaron su profundo disgusto ante la pieza oratoria por el carácter bárbaro de su latín. Socarronamente, el nuevo emperador se justificó: «Ilustres senadores, habrán reconocido que no hablaba latín; en homenaje a mi tierra natal, hablaba en el muy antiguo idioma hispano».

La incultura ha hecho caer a muchos en el error de entender que el rumí o romance, sin ascendencia local, había sido compuesto sobre un cierto latín eclesiástico, ignorando que el hispano usaba la eñe, la elle y el artículo, tenía la u vocálica y tenía la uve fuerte, diferenciada de la b, para poder a veces confundirlas con humor.

«Betica paradisvm est, atqve vivere est bibere: La Bética es un cielo, porque vivir es beber». (Horacio).

Cuando los legionarios de la Legio Itálica, con su característica silueta del toro coronando el estandarte del SPQR, acabado el servicio en Palestina, regresaron de Jerusalem a su sede sevillana, eso me han dicho, trajeron las nuevas frescas de la Pasión del nazareno, el via crvcis, los dolores, las lágrimas, la piedad y la soledad de María que su Madre acaba de vivir, para que las andaluzas tuvieran nuevos nombres con que llamar a sus hijas.

Antes de que los evangelios se escribieran, los Sivilianos se empaparon de los eventos de aquella semana de martirio y gloria, desde las palmas y ramos del domingo, hasta los fastos de la resurrección. Esas mismas cosas que habían sido profetizadas (virgo paritvri, la doncella que dará a luz) por la Sibila desde la calle Sierpes. Y la montaron en aquellos pasos, palios y andas, renovando los asuntos que ya cargaban y deambulaban por su cardvs maximvs: Didana, Bonadea, Eros, Baco…

La cera y los cirios, las flores, los tonos, el modo, los versos y las rimas ya se usaban al cantar a pleno pulmón en la noche, ante la luna de parasceve. Todo, desde Atapuerca, es muy antiguo aquí, en este sur.

Pero cuando un judío español, de los amables con los cristianos, inventó el precioso canto del Kol Nidrei, presente aún hoy en la liturgia hebrea, hubo investigadores semíticos que postularon la invención rabínica de cante de la sagitta, la saeta, como propio de las costumbres de Semana Santa en el valle del Guadalquivir. Otros dijeron que fueron monjes predicadores cristianos los autores de la saeta antigua. Ese que Antonio Machado, nacido en Sevilla, definió en verso cvntado:

Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda buscando escaleras
para subir a la cruz.

 

Falla definió que la antigua saeta había sido contaminada por el flamenco. Así, sin guitarra, crótalos, pandero, baile ni taconeo, ahí está la saeta flamenca…, que es una rosa en voz: sólo hay que escucharla. ¡Y llorar!

 

Saeta a Nuestra Sra. de las Lágrimas

Las lágrimas que derramas,
cuando por nosotros lloras,
no son de agüíta salada,
Señora,
que son purísimas perlas
que en la noche se evaporan.

 

Sophie frunció el ceño.

—Es curioso, porque mi abuelo siempre me dijo que la rosa significaba secreto. Cuando recibía alguna llamada confidencial en su despacho y no quería que lo molestara, colgaba una rosa de la puerta. Y a mí me animaba a que hiciera lo mismo.

(«Tesoro —le decía su abuelo—, en vez de cerrar la puerta para que el otro no pueda entrar, colguemos una rosa —la fleur des secrets— en la puerta cuando necesitemos un espacio de intimidad. Así aprenderemos a respetarnos y a confiar el uno en el otro. Colgar una rosa es una antigua costumbre romana.»)

—Svb rosa —comentó Langdon—. Los romanos colgaban una rosa durante sus reuniones para indicar que iban a tocarse temas confidenciales. Así, los asistentes sabían que todo lo que se dijera bajo la rosa —o sub rosa—, debía mantenerse en secreto.

Langdon le explicó brevemente que esa connotación de secretismo que tenía la rosa no era el único motivo por el que el Priorato la usaba como símbolo del Grial. La rosa rugosa, una de sus especies más antiguas, tenía cinco pétalos y una simetría pentagonal, igual que la estrella de Venus, lo que la vinculaba estrechamente con lo femenino. (…) Por eso, la rosa era un símbolo que representaba al Grial en muchos niveles —secretismo, feminidad, guía—, el cáliz femenino y la estrella que servía de guía para alcanzar la verdad secreta.

 La rosa está relacionada con la estrella de cinco picos, el pentáculo de Venus, y con la rosa náutica. Por cierto, que la palabra «rosa» en inglés, francés y alemán, entre otras lenguas, es «rose».

—«Rose» —añadió Langdon— es un anagrama de Eros, el dios griego del amor sexual.

«Bajo el signo de la rosa.» Fragmento de “El Código Da Vinci”- Brown

Charlando con Romualdo Molina (09-04-19)

 

Cuando esta mañana nos llamó Romualdo para mandarnos las líneas precedentes que, a petición nuestra, de Delta de Maya, acababa de escribir sobre la saeta, nos contaba además estas cosas, más o menos así:

Silverio Franconetti será para siempre aquel cantaor genial que sacara el flamenco de los tugurios para iluminar con sus trances los cielos del mundo, el que los bordara con desgarro aquel 12 de mayo de 1866 ante la reina Isabel II. Vivía aquel hombre grande en la sevillana y céntrica Plaza de San Francisco, en una casa con soportales ya desaparecida situada frente al edificio del Ayuntamiento.

Plaza-San-Francisco-Chapuy2 baja

Plaza de San Francisco a finales del s. XIX. Postal antigua.

 

Muy cerca de allí, en la Calle Rosario, tenía el salón que abriera con su propio nombre tras separarse del Burrero, el Café Silverio. Cierto día, allá por los años ochenta del siglo XIX, salió de su casa el gran Silverio y entró en el edificio de la Audiencia al filo de la hora del almuerzo, recogió a cinco jueces que sin duda eran conocidos o amigos suyos, y se los llevó para invitarlos a comer en su local. Allí se metieron según tenían por costumbre en el “cuarto de los cabales”, el cuarto reservado y sancta sanctorum de los aficionaos, y tras la comida, en la euforia de la plenitud y el vino, Silverio les cambió el tercio y les habló de una seguiriya que él había cambiado por influencia de los cantes que oyera en sus años del Uruguay y el Brasil; preparado ya el ambiente, expectantes los cinco, se largó cantándoles una seguiriya desgarrada con la que deliberadamente quiso traspasarles el corazón:

Señores oidores

Tened caridad

A la persona de Bastián Santana

Dadle libertad

 

Ésta sería el nacimiento de la primera cabal.

Cosas del juego caprichoso del duende, hace unos días hablaban Jesús Chozas, uno de los cantaores más largos y hondos de nuestro tiempo, y Romualdo de las saetas y sus variantes, y salió a relucir la saeta por cabales. ¿Por qué no hacer una saeta con cambio por cabales? ¿Se había hecho antes? Anteayer, domingo 7 de abril, con ocasión de un soberbio recital de saetas que Chozas ofreció junto a las incomparables Anabel de Vico y Montse Pérez en el Ateneo de Madrid, le entregaba Romualdo a Jesús esta inspirada letra:

 

Porque los hombres huyeron asustaos,

Pero las Marías a pié

Iban llorando

Pero tenían la firmeza y casta

En Jerusalén.

 

Desde Puerta er Pretorio

Hasta’r Monte Carvario,

Las fatuguitas con la viga a cuestas

Las fatiguitas con la tabla a cuestas

Se te arrodearon.

 

Jugando con las palabras en nuestra conversación de esta mañana la fantasía nos ofrecía divertida sus requiebros explicándonos cómo, al fin y al cabo, la saeta por cabales estaba ya latente y como encriptada en la entraña de aquella letra de la cabal de Silverio que pedía la libertad de un tal Sebastián Santana: ¿acaso no fue Santa Ana, adorada desde Triana hasta Doñana, personalidad relevante en la historia sagrada y madre de las Marías que acompañaran en su Pasión al Cristo, tema único de las saetas? ¿Y acaso no fue San Sebastián traspasado por saetas hasta la muerte?

 

4928_oratoire-de-la-confrerie-saint-antoine_calvi2 baja

Pintura mural en Calvi, Córcega. Oratorio de San Antonio Abad

 

 

Escuchemos la voz del gran Jesús Chozas en esta saeta por cabales: