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2010 El beso de Perséfone TyOsT 56,7 x 91cm.

Alberto Donaire disecciona con su mirada de artista una de las referencias simbólicas más significativas de los últimos dos o tres mil años: la granada.

Este fruto, por el que Perséfone quedó vinculada de por vida al reino de Hades, pasó después a la iconografía cristiana durante la Edad Media de la mano del interés por las culturas griega y romana.

Su fuerte implantación en la Comarca de Doñana nos ha llamado desde hace tiempo la atención. No es casual, por tanto, que enlacemos este artículo con los precedentes sobre la Congregación de la Granada con los que tan estrechamente se relaciona.

La granada, un viejo símbolo de futuro (I)

Por Alberto Donaire Hernández
Mayo 2015

Los símbolos irrumpen en la mente artística: la granada

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S/T, obra del autor

Mi oficio es la pintura, y mi primer acercamiento a la granada comenzó hace casi treinta años al elegirla como tema pictórico por sus posibilidades estéticas. Por aquel entonces vivía en el entorno del Parque Nacional de Doñana y parte de mi actividad profesional estaba relacionada con la investigación y la comunicación de los valores patrimoniales de esa tierra protegida.

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Detalle

Siempre había creído que la elección de los diferentes elementos que pinto en mis cuadros sucede de manera caprichosa y lúdica, sin embargo, después de pintar granadas durante años empecé a darme cuenta de que esta fruta guarda una relación simbólica estrecha con determinados aspectos de la cultura profunda de Occidente que parecen tener en las marismas del Guadalquivir su centro expansivo.

En estos últimos meses, buena parte de mi atención se afana en el estudio de este icono y poco a poco, como la imagen que lentamente va apareciendo en la cubeta de revelado, se va poniendo de manifiesto un complejo entramado de significados y sincronías impresos desde alguna parte de mi memoria que no alcanzo a identificar, una imagen que más se parece al mapa de un raro tesoro olvidado que a una realidad objetiva de índole práctica.

La niña de las granadas, obra del autor

Doñana es tierra de vocaciones

Doñana es una tierra carismática, fuertemente preñada de connotaciones mitológicas que ejercen una poderosa atracción en quienes recorren sus parajes y visitan sus enclaves. Su nombre nos habla hoy de conservación de la naturaleza y de investigación científica en materia de biología, y en el mismo aliento también de antiguos cultos religiosos insertos en un rico tapiz de manifestaciones folklóricas y mitológicas. La manifestación ritual moderna de su cultura ancestral está claramente dominada por lo femenino, simbolizado en la figura de María. Como es bien sabido, el culto predominante en la Comarca de Doñana es la advocación del Rocío, también llamada La Blanca Paloma, que expresa a las claras el aspecto femenino del Espíritu Santo.

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Anillamiento científico de ardéidos, realizado por la Estación Biológica de Doñana.

De Doñana se ha dicho innumerables veces que es tierra de contrastes donde, en un espacio relativamente reducido, podemos encontrar ecosistemas muy diversos sobre los que, a su vez, las sucesivas estaciones del año pintan paisajes de colores y texturas marcadamente diferentes, incluso contrarios. Pero yo diría que Doñana es, sobre todo, un espacio donde se encuentran dos formas contrapuestas y a la vez complementarias de concebir la realidad que habitantes y visitantes aún no hemos aprendido a armonizar, la razón y el símbolo.

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Las romeras lucen sus medallas con la efigie de la Virgen del Rocío.

Diariamente ambos paradigmas se despliegan y juegan entre sí en Doñana mostrando sus maneras: los devotos de Zeus recorren las arenas y las aguas luciendo sus colgantes de anillas para aves y peinando el viento con sus antenas a la busca de las señales que emiten los collares que colgaron a los animales, mientras que las efigies penden de los gruesos cordones que devotos y devotas de la paloma blanca se cuelgan del cuello, y se sujetan grandes flores abiertas sobre sus cabezas con finos peinecillos. Sin embargo, unos y otros recorren siempre, insistentemente, sólo la misma pequeña parte de ese reino, material, anímico y mental que habitan, ajenos a la inmensa amplitud de unos territorios que, más allá de su vista, confluyen y se funden en uno solo. Así, los biólogos que estudian al águila imperial no saben nada sobre los antiguos kuretes de la abeja, que hace ya mucho, en estos mismos campos, hacían suyos los ojos de las grandes planeadoras para explorar lejanos territorios nuevos en los que su reina pudiera fundar una nueva colmena. Y los rocieros, que hoy dicen peregrinar cuando van montados en cómodos vehículos todo terreno, lo ignoran todo sobre las memorias atesoradas en las profundidades de la gota de rocío, justo aquel misterio que da sentido a sus ritos.

¡Cuántos secretos encierra aún esta tierra para el aventurero que sepa buscar más allá de sus creencias!

Santa María de la Granada en Doñana

image015Lo primero que hice al comenzar mi estudio sobre la granada fue ver si este símbolo guarda alguna relación específica con la Comarca de Doñana donde yo me encontraba. Y pude anotar que precisamente la Virgen de la Granada es la patrona de Puebla del Río. Empecé a tirar de ese hilo.

image017Es sabido que en La Comarca de Doñana la imagen de la Virgen del Rocío y sus cultos acaparan el protagonismo de las manifestaciones religiosas y lúdicas. Sin embargo, sus catorce pueblos son ricos en otras expresiones que a lo largo del año nutren el calendario de ritos y fiestas, algunas de ellas de gran antigüedad, hondura y raigambre. Al repasarlas, al ir considerando las romerías, patronazgos y advocaciones pueblo a pueblo, terminamos por encontrarnos con el hecho de que Nuestra Señora de La Granada, una advocación muy poco común en el conjunto de la cristiandad, tiene sin embargo una presencia muy significativa en varios pueblos de este entorno y en otros lugares cercanos.

En efecto, pude fácilmente constatar que las 17 vírgenes llamadas de la granada o que sostienen granadas que he sido capaz de encontrar en España [1] (aunque quizá haya alguna más) están en su cuadrante suroccidental, y de ellas, 10 están entre las provincias de Sevilla y Huelva, en las proximidades de la Comarca de Doñana. En Puebla del Río, Nuestra Señora de la Granada es la patrona; en Moguer, es la titular de la Iglesia Parroquial, y la Virgen de los Milagros, la patrona de Palos de la Frontera -que reside en el Monasterio de La Rábida desde no hace mucho- también porta una granada en su mano derecha; existe también una antigua imagen de La Virgen de la Granada en Villamanrique, donde hasta no hace mucho salía en procesión junto con el patrón San Roque [2].

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Virgen de La Granada, patrona de La Puebla del Río, Sevilla.

Ermita de Montemolin

Ermita de la Granada de Montemolín, Badajoz.

Aún en el ámbito de Doñana, aunque fuera del actual Espacio Natural, encontramos la granada en Niebla, así como en la mano de La Virgen de la Cinta patrona de Huelva, en Benacazón, en Guillena, donde también es patrona, y en Sevilla. En la capital hispalense hay en principio tres, una en San Lorenzo y dos en la catedral. Una de ellas es una talla barroca que reside en su propia capilla en el Patio de Los Naranjos, junto a La Giralda, y la otra la encontramos en un conjunto escultórico en cerámica de Andrea Della Robbia, en la llamada Capilla de Scala.

Un poco más allá, también en la provincia de Sevilla, encontramos Vírgenes de la Granada en los pueblos de Cantillana y Osuna. Al norte de la provincia de Huelva es la patrona de la pequeña localidad serrana de La Granada de Río Tinto, y aún más al norte, ya en la provincia de Badajoz, en las localidades de Llerena y en Montemolín, donde es patrona, y en Fuente de Cantos, donde lo fue.

El origen de la granada como advocación cristiana

En 1740 el jesuita Juan de Villafañe, que enseñaba teología en Salamanca, publicó una obra con el largo título de “Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas, y devotas imágenes de la Reyna de los cielos, y tierra, María Santíssima, que se veneran en los más célebres santuarios de España”. En esa obra, que pretende ocuparse de las imágenes marianas más importantes de España [3], dedica tres páginas a la advocación de La Granada. Villafañe afirma, aunque no precisa sus fuentes, que la primera vez que aparece una imagen de Santa María con el título “de la granada” sucede en Llerena en 1241, cuando Ella se apareció en un granado con una de sus frutas en la mano a un capellán de la orden de Santiago al que, tras encomendarle un mensaje para el maestre, dejó como prueba la propia fruta más un simulacro de sí misma… como virgen negra. Este fraile era al parecer alguien muy próximo al maestre Pelayo Pérez Correa, quien a su vez estaba allí con su ejército durante la campaña de ocupación que dirigía el rey Fernando III. Sigue diciendo Villafañe que también en Sevilla, por las fechas en que él escribía (s. XVIII), tuvo mucha importancia esta advocación de la granada, y no sólo en alguna de sus iglesias (San Agustín y San Román [4]), sino en la principal de ellas, la catedral, donde cita al menos cuatro ejemplos, siendo el más sobresaliente la propia Virgen de la Sede, titular del templo, de la que alguien aseguró al jesuita que la esfera de cristal y oro que sostenía tenía forma de granada por deseo del rey Alfonso X, que con ello quiso conmemorar el milagro de Llerena.

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Virgen de la Sede. http://cubiertasdelacatedral.com/visitaescolar/la-obra-destacada/2013-2/

Fuera como fuere, lo cierto es que los lugares donde aparecen imágenes de La Granada son la baja Extremadura, Huelva y Sevilla, y los momentos en los que se definen estas presencias se vinculan en el texto de Juan de Villafañe a dos épocas bien diferenciadas en que los cultos a María recibieron un fuerte impulso. Tiempos ambos, por cierto, de enorme impulso cultural y científico, siempre cuestionado y amenazado por quienes se creían en el deber de detener el avance de los movimientos calificados por ellos como heréticos que amenazaban la estabilidad del poder doctrinal y político de la Iglesia Católica: el apogeo del Gótico en el siglo XIII, cuando la guerra contra el Catarismo en el sur de Francia, movimiento precursor del culto a la Dama que Alfonso X expandiría por toda España en la figura de Santa María, y el Renacimiento y Barroco de los siglos XVI y XVII, cuando la lucha contra el Alumbradismo en el sur de España y la definición del dogma de la Inmaculada que este movimiento promovió [5].

La granada como atributo iconográfico

En la religión católica, como en la grecorromana o la hindú entre otras, las representaciones de la divinidad o de los santos, y los aspectos que de cada principio o figura se quisieran destacar, se identifican ante el creyente por sus elementos simbólicos arquetípicos correspondientes. Si vemos a un varón adulto pero joven que luce larga cabellera y ordenada barba, de aspecto regio y sereno que o bien monta un burro y porta una palma, o está sentado a la mesa en medio de un grupo de hombres, o desnudo y clavado en una cruz, sabremos sin lugar a dudas que se trata de una representación del Cristo Jesús; esperamos ver a su madre Santa María cuando adolescente, flotando sobre una nube y luciendo un círculo de doce estrellas alrededor de la cabeza, como madre de pie llevando al Niño en su brazo izquierdo o sentada sosteniendo el cuerpo adulto de su Hijo desnudo y muerto; a San Juan el Bautista, vestido con la piel de cordero y una fina cruz de largo mástil, y al Evangelista, con pluma y papel en la mano y custodiado por un águila; San José anda con una vara de nardos, San Francisco con una azucena, Santa Catalina con la rueda de cuchillos, etc.

La Inquisición, que tenía veedores o especialistas en diferentes campos, también los tuvo en materia de iconografía; éstos se encargaban de establecer el modo en que todo el universo doctrinal debía representarse obligatoriamente y de estimar si una determinada representación se ajustaba al canon impuesto o no, al tiempo que asesoraban en los tribunales sobre la gravedad de las faltas cometidas. Sin embargo, como se suele decir, el que hace la ley hace la trampa, y así determinados personajes destacados en las jerarquías del momento, como fueron por ejemplo el licenciado Francisco Pacheco y luego su sobrino el pintor entre otros, estuvieron al mismo tiempo entre los principales responsables de un poderoso movimiento social que trajo de cabeza a la institución durante décadas. Fue desde el seno de la propia doctrina desde donde algunas de las más notables organizaciones que se opusieron a la corriente emanada desde el poder establecido exhibieron para el avisado las oportunas señales identificativas de sus propuestas ideológicas y su actividad. La iconografía expresada en las obras de arte fue, como decimos, uno de los ámbitos que mejor se prestara para ello, de manera que la representación de figuras sagradas, con todo el panteón de santos incluido, llegó a conformar todo un complicado universo plagado de alusiones sutiles y mensajes ocultos que convivían con los mensajes oficiales. Ejemplos de ello no faltan; pocos dudan ya en este momento (salvo los muy recalcitrantes o mal informados) de la fuerte carga heterodoxa expresada en las vírgenes negras medievales -que en absoluto eran oscuras por efecto del humo de las velas-, en el cuervo de San Vicente o en la rodilla descubierta de San Roque.

Las dos épocas en las que según hemos referido más arriba aparecen las Vírgenes de la Granada son pues el siglo XIII con la expansión en la Península del llamado Renacimiento del siglo XII, y el siglo XVI con el Renacimiento italiano, que desde la Italia Española impregnó toda la cultura ibérica. Son ambos tiempos de estudio y asimilación del modelo desarrollado en la antigüedad grecorromana, y por ello, en ambas épocas, el conocimiento de la mitología jugaba un papel importante entre los intelectuales y creadores, que muy frecuentemente componían sus obras en torno a la temática mitológica en la que exhibían gran erudición. Por cierto, conocemos tres Vírgenes de la Granada en la pintura renacentista italiana, y precisamente en autores a los que también se ha relacionado con movimientos heterodoxos de corte muy similar a los españoles; hablamos de Botticelli, Leonardo y Rafael.

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Madonna della Melagrana, de Sandro Botticelli (http://en.wikipedia.org/wiki/Madonna_of_the_Pomegranate)

En la Edad Media, la escolástica ponía en relación el pensamiento clásico con el pensamiento cristiano tratando de armonizarlos entre sí; no obstante, cuando Alfonso X se ocupa de los temas mitológicos, por ejemplo cuando cuenta la llegada de Hércules a la Península Ibérica en su “Estoria General de España” o en diversos momentos de la “General Estoria”, lo hace de manera directa e independiente. Esto evidencia que él y su entorno de intelectuales tienen un conocimiento amplio y profundo de la Mitología Clásica y que integrar ese acervo forma parte de su programa cultural y político. Sin embargo, en el siglo XVI los conocimientos de mitología están plenamente establecidos con carta de naturaleza propia, y para cualquier escritor o pintor se hizo ineludible dominarlos.

La importancia concedida al mundo clásico grecorromano en las dos épocas en que aparecieron las Vírgenes de la Granada, y el intento de comprender las connotaciones contenidas en este símbolo nos lleva a considerar el papel que este fruto haya podido tener en aquella mitología. Y sucede que, invariablemente, la granada simboliza a un tiempo la abundancia, la fertilidad y la unidad de lo creado, no sólo en la mitología griega sino en tantas otras que nos parece que tiene carácter universal. La Iglesia interpreta que la granada simboliza el mundo, las puntas del cáliz que rodean los estambres, la corona de Cristo Rey, y los granos, la fertilidad y unidad de la Iglesia extendida por toda la Tierra. El Feng Shui chino la prescribe para combatir la infertilidad, y en Vietnam se cuenta una leyenda según la cual la granada al abrirse deja salir cien hijos [6]; en Anatolia, los sacerdotes frigios de Atis, hijo y amante autocastrado de Cibeles, llevaban coronas de granadas durante sus ritos; los capiteles de las columnas Jakin y Boaz del Templo de Salomón eran granadas, y hasta las hay en el retablo de la Virgen del Rocío. Pero de todas las leyendas que podamos considerar ninguna tan conocida como la de Perséfone y Hades, y no obstante tan someramente leída por lo general. O al menos esa es nuestra opinión después de comprobar que algunos de los significados que creemos ver desplegarse ante nuestra mirada están ausentes de las interpretaciones del mito que hemos podido estudiar. Puede que nuestra fantasía construya castillos en el aire, o puede que realmente hayamos sido capaces de escuchar de las musas la revelación de algún susurro. Sea como fuere, trataremos de contarle a nuestro lector algunas de nuestras conclusiones y dudas sobre la lectura de este símbolo de la granada en la segunda parte de este artículo, que esperamos publicar próximamente en esta misma página.

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Virgen de la Granada de la Catedral de Sevilla, de Andrea Della Robbia

[1] Existe una Virgen de la Granada en Portugal que haría la número 18. Está, curiosamente en el convento franciscano de Arrábida, cerca de Setúbal, y fue llevada allí por el español Fray Martín de Benavides en el siglo XVI.

[2] Pero desde hace algunos años no la encontramos ya en su emplazamiento de la iglesia sino en un domicilio particular, donde fue acogida por un vecino que la protegió de la amenaza de cierto cura.

[3] En esta obra no se menciona en absoluto ninguna imagen en el sur de Huelva que se llame del Rocío o de las Rocinas, lo que induce a suponer que en aquel entonces aquella no era una imagen suficientemente famosa

[4] Estas imágenes ya no existen. Curiosamente “reman” en árabe significa granada, y lo mismo significa la palabra hebrea “remon”. Sin ir más lejos, granada se dice hoy día en portugués “romã”.

[5] Ver los artículos “Rastros medievales de Doña Ana 1 y 2” y “Cual linda rosa en Iericó plantada 1 y 2“.

[6] Durand M., Imagerie populaire vietnamienne, Paris, 1960.

(La Asociación Delta de Maya ha contado para la publicación de este artículo con la ayuda económica de Asociación Bislumbres)