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La granada, un viejo símbolo de futuro (II) [1]

Por Alberto Donaire Hernández
Septiembre de 2016

Sevilla y la granada

Si fue verdad, como decía el jesuita Juan de Villafañe en 1740, que a la Virgen de la Sede, advocación titular de la Catedral de Sevilla, se le colocó en la mano una esfera de oro y cristal de roca con forma de granada para conmemorar los eventos de Llerena, deberemos entender que esta imagen pasó a ser desde ese momento una Virgen de la Granada. Ya sé que Alonso Morgado y otros lo niegan por falta de pruebas documentales, pero creo que esa carencia tampoco demuestra lo contrario. En cualquier caso ya no podríamos contrastar el dato observando el objeto pues el original fue robado en el siglo XVI y sustituido por al menos dos más en diferentes momentos históricos [2].

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Virgen de la Sede, catedral de Sevilla. Fotos: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b2/Pierre_Dancart_Altarpiece_Seville.jpg. Manipulada por el autor. http://cubiertasdelacatedral.com/visitaescolar/wp-content/uploads/2013/03/Virgen-de-la-Sede.jpg. Manipulada por el autor.

Empiezo esta segunda parte de mi estudio proponiendo la hipótesis de que Fernando III y su hijo el infante don Alfonso abordaron la conquista del Reino de Sevilla en nombre de la Virgen de La Granada, advocación que ellos mismos establecieran con los de Santiago mientras estaban en Llerena, a las puertas del reino, en 1241. Don Alfonso venía sembrando la península a su paso de milagros marianos y de imágenes y cantigas para conmemorarlos y en aquel programa sobresale este milagro y su advocación por la singularidad y riqueza de los matices simbólicos que contiene. La dedicación de aquella importantísima campaña a la Virgen de la Granada podría significar que el proyecto [3] al que se supeditaba toda la política territorial y militar de aquellos y otros reyes de occidente entraba en una nueva fase simbolizada por este particular icono, o para ser más preciso por la imagen de una mujer joven de aspecto regio que exhibe al mismo tiempo a su hijo y una granada en la mano contraria.

Durante el año largo que duró la toma de la ciudad de Sevilla [4] el infante don Alfonso recibió el encargo de custodiar personalmente aquella imagen sedente de origen francés, acaso heredada por su padre de su bisabuela Leonor de Aquitania. Esa misma estatua la tuvo siempre junto a sí el rey don Alfonso VIII, yerno de Doña Leonor y bisabuelo del infante, durante la campaña de Las Navas de Tolosa [5].

El 22 de diciembre de 1248, un mes después de la toma de Sevilla, la pasearon triunfante por sus calles en una fastuosa procesión en la que participaron algunas de las personalidades más importantes de la época, quien sabe si afines también a la misma causa ulterior, incluyendo reyes de los estados vecinos, hasta asentarla -junto con las otras “Marías” [6] que también trajeron- en la Mezquita Mayor que a la sazón ya había sido “purificada y bendecida”. Casi ocho siglos lleva hoy la Virgen de la Sede [7] sentada en su cátedra, exhibiendo una esfera de cristal y oro como alusión a una granada, sobre el tabernáculo o sagrario que está en la parte baja del Altar Mayor de esta catedral. Un templo cuyo título primitivo fuera el de Sancta Ierusalem.

En 1541, justo trescientos años más tarde de creada la advocación de la granada en Llerena (1241), un cerrajero llamado Gómez Camacho fundó en Jerez y luego en Lebrija una organización a la que llamó Congregación de la Granada cuyo cometido sería la puesta en marcha de un programa de acciones de carácter religioso, cultural y político a partir de un determinado secreto transcendente que le habría sido revelado. Pocos años después su sucesor Rodrigo Álvarez trasladó la sede de la organización a Sevilla donde en poco tiempo se les uniría una parte significativa de la élite intelectual, religiosa y política de la ciudad más influyente del mundo conocido.

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Capilla de la Granada. Foto Alberto Donaire

Esta asociación obtuvo su propio lugar de reunión en la mismísima catedral, concretamente en una capilla del Patio de los Naranjos donde, acompañados por una imagen de la Virgen de la Granada, se reunían habitualmente. Tenían a su disposición además un púlpito en el patio, que también se conocía expresamente con el nombre de “Púlpito de La Granada” [8], desde donde cada domingo diversas personalidades [9] impartían conferencias públicas. Además de Rodrigo Álvarez, Hernando de Mata, Bernardo de Toro, Vázquez de Leca y Miguel Cid, los clásicos y más visibles promotores del Dogma Concepcionista, hombres como los Pacheco, tío y sobrino, Rodrigo Caro, el caballero veinticuatro Álvaro Manrique o Martínez Montañés entre muchos otros, estuvieron dentro o vinculados de una u otra forma a la organización.

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Púlpito de La Granada. Foto Alberto Donaire

La visibilidad en Sevilla de los de la granada no fue en absoluto cosa menor, aunque sólo fuera por la gigantesca campaña popular y multitudinaria que organizaron para contestar la corriente protestante que recorría Europa mediante la promoción del principio de la Inmaculada Concepción de María, que llevarían ante las más altas esferas [10] a pesar de que finalmente no alcanzaran su propósito de que el Vaticano lo declarase dogma de fe [11]. Sin embargo, pese a la alta y reconocida solvencia intelectual y moral de muchos de sus miembros y simpatizantes, entre los que podríamos contar a la mismísima Santa Teresa de Jesús [12], y de que su actividad imprimió un carácter indeleble en la ciudad, los testimonios documentales sobre aquel movimiento, llamado de Los Alumbrados, nos lo presentan teñido de vulgaridad y superstición. A ello han contribuido diferentes intereses que hasta hoy han venido echándole tierra encima, desde la Inquisición que vio peligrar su preeminencia hasta el posterior racionalismo ilustrado que nunca cesa de manifestar abiertamente su desprecio hacia lo que considera mero folklore marianista.

¿Qué matices entraña la granada entre sus granos granas para que durante siglos mereciera en estas tierras tantas y tan distinguidísimas consideraciones y detracciones? ¿Cuál fue, o cuál es su significado, a qué principio alude, qué secreto mensaje atesora? ¿Sigue vigente la prescripción de secreto en torno a él?

Como ya vimos en su momento los siglos XIII y XVI respectivamente se caracterizaron por el fuerte impulso que recibieron todos los ámbitos del conocimiento y de las artes; entre ellos se concedió una notabilísima importancia a la cultura clásica griega y romana en la que destaca su mitología.

La interpretación de los mitos

La mitología constituye un intrincado sistema de fantásticas y complejas historias entrelazadas entre sí en las que seres sobrenaturales, formando parte de complicadas jerarquías y parentescos, se relacionan con la raza de los hombres mortales. Los diferentes personajes que intervienen en cada historia protagonizan hechos significativos que a la postre y en su conjunto parecen expresar mucho del sustrato cultural de los pueblos, de su esencia, de su identidad. Todo esto equivale a decir que, puesto que estas historias hablan de los dioses y de su relación con los hombres, los mitos no son sino los recuerdos de viejas religiones que en su día fueron oficiales. No obstante no descarto que antes de entrar en la categoría de dioses, santos o héroes según sea el caso, algunos de esos personajes (aunque no todos) pudieran haber tenido existencia humana real.

Al principio, hace miles de años, los encargados de componer los mitos, es decir, el cuerpo doctrinal de esas religiones, fueron los bardos a partir de las enseñanzas de los sacerdotes, los druidas o los chamanes según los casos, y eran también ellos los encargados de su transmisión oral de generación en generación garantizando así la cohesión de ese sistema cultural y su particular manera de concebir la realidad. Siglos después, cuando se empezó a extender el uso de la escritura, fueron recogidos, sistematizados y fijados por poetas que no siempre tuvieron la motivación ni el conocimiento de los bardos antiguos, ni tampoco quizás la relación con figuras magistrales capaces de calibrarlos, dando origen a innumerables versiones diferentes y a veces quizás incluso mal traídas. A partir de entonces, desgajados del contexto en que surgieron, su interpretación se ha ido convirtiendo cada vez más en motivo de estudio y discusión entre eruditos que se valen de modelos racionales desde los que intentan esclarecer su lectura sin que por el momento podamos asegurar que ninguno de esos modelos posea las claves interpretativas definitivas.

Puede que si en lugar de elegir entre ver personajes históricos, arquetipos culturales, fuerzas de la naturaleza o complejos psíquicos, considerásemos que todas las escuelas o pautas son vías de aproximación complementarias entre sí, que todas son valiosas juntas pero ninguna es suficiente por separado, pudiéramos aproximarnos más y mejor a su entendimiento. Quizás así llegáramos a la percepción de que en alguna parte de nuestra consciencia habitan todas las mitologías en sus estructuras originales y también las claves de acceso, no sólo a su interpretación sino al scriptorium donde aún hoy se siguen componiendo los nuevos mitos.

El Rapto de Perséfone

Cuenta la leyenda que Hades, dios del inframundo, le pidió a su hermano Zeus autorización para casarse con su sobrina –a la que al parecer no habían dado un nombre propio pues aún la llamaban sólo Kore, que quiere decir “La Niña” – de la que se había enamorado. La diosa Kore era la hija que Zeus había engendrado con Deméter [13], hermana de ambos. El rey del Olimpo no quiso negar a su hermano lo que le pedía pero tampoco se atrevió a autorizarlo abiertamente por temor al disgusto que esto causaría a su hermana común la diosa, así que decidió mantenerse neutral.

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El rapto de Perséfone, Bernini. Villa Borghese, Roma. Foto:http://www.flickriver.com/photos/27906589@N05/5117259297/ Adaptada por Alberto Donaire

Aprovechando que no encontraría oposición en su hermano Zeus, Hades decidió buscar satisfacción a su deseo haciendo caso omiso a la más que probable negativa de su hermana Deméter, y así, un día que Kore estaba distraída recogiendo flores acompañada de algunas ninfas en su tierra siciliana, él la sorprendió emergiendo de una grieta del suelo y la arrastró veloz consigo hasta su reino, por la fuerza y sin darle ocasión de reaccionar. Todos podemos imaginar lo que pasó después. [14]

Deméter, enloquecida, buscó infatigable a su hija durante días y noches enteras hasta que al fin pudo saber lo sucedido por el titán Helios. Entonces increpó tan fuertemente a Zeus que éste no pudo hacer otra cosa que ocuparse del asunto. Para no enfrentarse con su hermano directamente decidió pedir a su hijo el mensajero y dios de las fronteras, Hermes, -engendrado con la atlántide Maya- que hablase con su tío Hades solicitando la devolución de la joven, a la sazón hermanastra y a la vez prima suya. Al parecer Hades accedió, pero no sin antes recordarles que, según la ley, eso sólo sería posible si la joven no hubiera probado aún alimento alguno en el reino del Inframundo, pues de lo contrario estaría ya irremisiblemente vinculada a ese lugar.

Todo parecía por fin resuelto y Kore -que ya habría asumido el nombre de Perséfone [15]– se encaminaba hacia la casa de su madre montada en el carro de Hermes. Sin embargo, cuando acababa de llegar, un interesante personaje llamado Ascálafo [16] intervino para declarar, abierta y sonoramente, que él había visto a la hija de Deméter comerse unos pocos granos de granada. Unos autores dicen que fue uno solo, otros que fueron cuatro, otros que seis y otros que siete.

…más él me hizo tragar misteriosamente un grano de granada, dulce alimento, y contra mi voluntad y a la fuerza me obligó a gustarlo.

Himno Homérico a Deméter

Aún cuando todo parecía perdido para la atribulada madre, los tres dioses hermanos acudieron a Rea, su madre, quien finalmente impuso su juicio: Perséfone pasaría un tercio del año con Hades como reina del Inframundo y la otra parte en el mundo exterior con su madre.

Releyendo el mito de Perséfone, lentamente

El fruto del granado es uno de esos símbolos recurrentes en las leyendas de todo el mundo, y casi siempre aparece ligado al principio generador, a la fertilidad. En la mitología griega se presenta como atributo de las principales diosas, Afrodita, Hera, Deméter; pero de todos los relatos en que pudiéramos encontrarla ninguno tan extendido, conocido y arquetípico en occidente como el de Perséfone que acabamos de ver. Los personajes y los acontecimientos que recoge tuvieron en Grecia la mayor importancia hasta el punto de que se considera que conformaron el argumento central de los famosos aunque hasta hoy secretos Misterios de Eleusis.

La interpretación más extendida nos dice que en este mito se simboliza la fertilidad de la naturaleza en su relación con el ciclo de las estaciones. Deméter habría amenazado con que si su hija no le era devuelta la tierra toda quedaría sumida en el frío y la oscuridad del invierno para siempre; para evitarlo Hades accedió a que volviera con su madre a condición de que pasara parte del año con él. Por eso, mientras Perséfone estaba bajo tierra, arriba era invierno y cuando volvía a subir la acompañaban la primavera y el verano; y así se explicaba su relación con la fertilidad.

Me atrevería a sugerir que acaso esta explicación por sí sola sea un poco simplista y si los mitos tienen una característica sobresaliente es que lejos de ser simples entrañan con frecuencia lecturas paralelas complementarias entre sí. Es más, cuando la estructura de un mito se mantiene bien conservada y es bien leído puede llegar a revelarse como una fuente de inspiración fresca para el investigador.

Yendo ya al grano vemos que el mito del rapto plantea una modificación respecto al orden natural de las cosas que resulta significativa por demás: se da a entender que Hades –varón– era el propietario del reino del inframundo, por tanto de los granados, y que como estratagema fuerza a Kore –hembra– a comer de este fruto; sin embargo y de manera universal, la granada es un símbolo claramente femenino que siempre está en poder de la mujer, que es consustancial a ella. Lo lógico y canónico habría sido que ella se lo ofreciera a él y jamás al revés. Así, por ejemplo, en el muy sensual Cantar de los Cantares la amada le dice al amado:

Tomándote de la mano,
te llevaría a la casa de mi madre,
y me enseñarías el arte del amor.
Te daría a beber vino con especias,
y el néctar de mis granadas.

En este caso queda claro que es ella quien lo toma a él de la mano, ella quien lo conduce a su terreno, ella quien lo invita al encuentro amoroso, ella es la propietaria de los encantos que expresa simbolizados en el vino y el néctar de sus granadas y por último ella es quien se los da a él. Todo lo mismo que en el mito olímpico pero justo al contrario.

En la 529ª noche de “Las mil y una noches”, se habla así de una joven princesa virgen:

…la bella esclava dijo al rey: “Sabe, pues, ¡oh rey! que me llamo Gul-i-anar, lo que en la lengua de mi país significa Flor-de-Granada; y he nacido en el mar, donde era rey mi padre.

Ya en nuestro tiempo, el poeta Federico García dijo de la granada en su “Canción oriental”:

Porque eres luz de la vida,
hembra de las frutas.

El poeta resalta así el carácter específicamente femenino y vital de esta fruta.

En una adivinanza popular turca se describe así a una novia:

“…de una rosa no sentida, una granada no abierta”.

Diccionario de símbolos, J. Chevalier y A. Gheerbrant. Ed. Herder. Pg. 538. Barcelona 1986

Sin embargo en la mitología griega se tuerce el sentido de este símbolo hasta el punto de hacer que el primer granado de la creación hubiese brotado de la sangre derramada en el sacrificio de Dionisos. ¿Qué está sucediendo?

El rapto de la joven unido a esta sutil y hábil modificación en el orden natural de los símbolos muestra a las claras que se ha despojado a la hembra completamente de la potestad sobre su feminidad y su fertilidad, que se le ha retirado la prerrogativa ancestral que le era inherente de elegir al mejor varón para fecundarla y se la ha supeditado a la voluntad agresiva o condescendiente del varón. Hades secuestra a una adolescente por la fuerza bruta, se la lleva a su terreno y la viola sintiéndose en su derecho, como si tal comportamiento fuera lo más natural del mundo. Y realmente lo era pues probablemente esa forma de proceder se estableció y generalizó con tal fuerza que su recuerdo ha perdurado hasta nuestros días en numerosas sociedades de todo el mundo, como la de los gitanos en la que, en algunas comunidades, se conserva todavía el rito tradicional de secuestrar a la novia. ¿Por qué y cuándo podría haberse operado el cambio en la forma de concebir y organizar la relación entre hombres y mujeres, tan radicalmente diferente de la anterior?

Como ya hemos visto más arriba parece que algunos mitos han sido modulados en función de los cambios transcendentes acaecidos en los diferentes momentos de la historia. Casi todos los personajes que intervienen en este mito pertenecen a la raza de los dioses olímpicos, las divinidades que vencieron en la guerra por el poder sobre el mundo a la anterior raza de los titanes. En línea con una interpretación historicista, esta leyenda parece tener como trasfondo un conflicto armado de larga duración y gigantescas proporciones en los ámbitos del Mediterráneo y de la cornisa atlántica durante la Edad del Bronce, cuya principal consecuencia parece haber sido la erradicación del orden matriarcal anterior y de toda su cultura para terminar instaurando un régimen patriarcal en su lugar. Siempre que un bando gana una guerra y se establece en el poder lo primero que hace es reorganizar la vida y las leyes del espacio conquistado a su conveniencia. A buen seguro esto debió generar una dosis notable de modificaciones y creaciones en los relatos encargados de reestructurar la percepción social del mundo en los vastos territorios afectados por estos profundos cambios.

Aclararemos que ni cuando se compusieron los primeros mitos, en tiempos de los que casi hemos perdido toda memoria, ni siquiera cuando terminó aquel largo y devastador conflicto, la cultura que conocemos como griega existía aún. Y es que la llamada mitología griega no es griega en modo alguno ni fue concebida siquiera en aquella geografía; ellos la tomaron como sistema referencial y la adaptaron a sus necesidades e intereses para la construcción de un nuevo modelo social.

La granada como símbolo de fecundidad

¿Cuál fue el detonante, la chispa que desató la locura de aquella oleada tremenda de guerras en la Edad del Bronce que a lo largo de muchas décadas, quizás incluso siglos, lo arrasó y lo cambió todo? Hay quien piensa que fue el descubrimiento y la divulgación de un conocimiento hasta entonces secreto en el que el viejo matriarcado habría basado la concepción y el desarrollo de su modelo cultural. Se trataba del conocimiento de los procesos de la fecundación en la naturaleza que había permitido la manipulación de especies animales y vegetales para su explotación, es decir, que posibilitó la aparición de la ganadería y la agricultura. Esto implicaba naturalmente el conocimiento de la relación entre el sexo y la procreación y por tanto el papel que, además de la hembra que puede parir, juega el macho, algo que hasta entonces sólo había estado al alcance de una élite de mujeres vinculadas al templo [17]; esa institución sacerdotal habría sido capaz de profundizar en ello a lo largo de siglos llegando a descubrir aspectos fisiológicos y funcionales de la reproducción humana, animal y vegetal que hoy nos dejarían más que sorprendidos. No es éste el único ejemplo que podríamos aventurar sobre la existencia de conocimientos sofisticados en tiempos y lugares en que se han considerado imposibles desde la perspectiva de nuestro modelo social. Por el contrario, puede que en un día cercano terminemos por admitir que el método racional experimental que caracteriza nuestro modelo actual no es la única manera de descubrir la realidad, quizás ni siquiera la mejor.

Para enfocar bien esta propuesta que acabo de formular deberemos considerar que la relación entre la religión, las artes y las ciencias fue mucho más estrecha en el pasado que hoy, tanto más cuanto más atrás nos remontemos en el tiempo; conceptos como sacerdote –o sacerdotisa–, templo, chamán, bardo o poeta tuvieron connotaciones diferentes de las que en este momento les atribuimos. Casi con toda seguridad el autor del Cantar de los Cantares, por ejemplo, no sólo era alguien a quien desde niño –o niña– le salían unos versos muy bonitos mientras tocaba la flauta y cuidaba las cabras, sino alguien integrado durante toda su vida en una institución donde se le había facilitado un altísimo grado de formación en materias diversas que contrastaba fuertemente con el de la mayoría de sus coetáneos. En las grandes obras culturales del pasado que han sobrevivido hasta nuestro tiempo podríamos encontrar, sin más dificultad que la de nuestra propia capacidad, una compleja constelación de referentes que probarían que la mente de sus autores no era precisamente del tipo que hoy calificaríamos como primitivas.

Persuadido de esto que digo retomaré los versos del Cantar como ejemplo con el que ilustrar la solución final del enigma de la granada que voy a proponer, o al menos de parte de ella:

Te daría a beber vino con especias,
y el néctar de mis granadas.

Creo que estos versos del Cantar tienen dos lecturas posibles, y desde luego la obvia sólo tendría interés para los aficionados a la comida. Vayamos a la segunda. ¿Qué simboliza el vino con especias sino la saliva de los besos cargada de endorfinas? ¿Qué simboliza el néctar sino el fluido vaginal? ¿Y que son las granadas sino los genitales femeninos, con la vulva entreabierta y el acopio de óvulos atesorado en su interior? Desde esta perspectiva no es que la Kore se comiera unos granos de granada sino que se los tragó, es decir, que no los expulsó, que no ovuló. Así el número de granos retenidos se correspondería con el número de lunas que durase su embarazo.

El alquimista y médico alemán Osvald Crollius escribió en 1624:

De la matriz y del vientre
La granada

La granatapfel, que los latinos llaman Malum Punicum y los españoles granadas,
muestra muy bien cómo los niños salen de la matriz, porque cuando esta fruta está madura se abre
ante la más mínima brisa o mal tiempo y se despliega el fruto que está en su interior;
lo mismo hace el niño, pues la matriz se abre de la misma forma que la granada.

Osvald Crollius
Tratado de las Signaturas o de la Verdadera Anatomía

Puede que esta lectura no haya sido formulada hasta ahora por haber descartado de manera tácita la posibilidad de que alguien pudiera haber tenido conocimiento de la existencia del óvulo y el espermatozoide en los tiempos del mito. Sin embargo yo creo que esta interpretación no sólo es correcta sino que su desarrollo hermenéutico satisface todas las interrogantes que se pudieran plantear a diferentes niveles. Al fin y al cabo, ¿quién negaría el aspecto de vulva entreabierta con que se suelen representar las granadas en los dibujos y en la heráldica? Esto llama la atención especialmente cuando tomamos consciencia de que en la naturaleza no es ese el aspecto más habitual de una granada madura, lo que evidencia una tendencia en el tiempo de reforzar ese atributo del símbolo.

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Izda: Escudo actual de la provincia de Granada Foto: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Provincia_de_Granada_-_Escudo.svg Dcha: Granada madura en el árbol. Foto: http://www.sanumvita.com/la-fruta-de-la-granada-beneficios-y-ventajas/

Ahora bien, si el conocimiento de las leyes básicas de la reproducción es de dominio público desde hace siglos, ¿por qué la granada seguía siendo en la Edad Media y el Renacimiento un símbolo cargado de connotaciones ocultas? ¿Cuáles serían esas otras connotaciones más allá de aludir al sexo femenino y su potencial procreador?

Salve, llena de gracia, vaso escogido.

Notemos que en la mitología clásica Perséfone aún era La Niña antes de probar la granada. Decir la niña de la granada equivaldría a decir la virgen de la granada, haciendo referencia al momento transcendente de su primer encuentro con un varón en el que quedó encinta sellando así su destino. El paralelismo conceptual entre estas dos advocaciones de sendas religiones –pues no olvidemos que eso fueron los mitos– es, una vez más, obvio y desde luego no creo que sea fruto del azar. En ambos casos una mujer especial es designada desde instancias divinas como el Vaso Escogido para acoger en su vientre la gestación de un ser dotado de características capacitivas excepcionales. Un evangelio apócrifo recoge así el encuentro entre un ser divino y la Virgen María en ese pasaje que conocemos como La Anunciación:

Él me cogió de la mano y me hizo levantar. Miré al cielo y cayó sobre mi rostro una nube de rocío que me humedeció de la cabeza a los pies, y él me secó con sus ropas. Entonces me dijo: “Salve, llena de gracia, vaso escogido”.

Evangelio de San Bartolomé

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Anunciación del Ángel a Santa Ana. Bernardino Luini. Foto: http://pinacotecabrera.org/en/collezione-online/opere/annunciazione-a-santanna-sullo-sfondo-san-gioacchino-e-langelo/

Este mismo mito lo encontramos en una forma mucho más antigua en el Libro del Génesis, en el Libro de los Jubileos y en el Libro de Enoch, donde se recoge con pequeñas diferencias de matiz el siguiente pasaje:

…vieron los ángeles del Señor, (…), que eran hermosas de aspecto. Tomaron por mujeres a las que eligieron entre ellas, y les parieron hijos, que fueron los gigantes.

Libro de los Jubileos

Donde gigantes no significa, desde luego, que fueran muy grandes anatómicamente sino que es una metáfora que indica que eran grandes en capacidad. Esta lectura queda plenamente reforzada si analizamos la etimología de la palabra virgen. ¿No significa vis fuerza, poder? ¿Y no significa gen semilla, linaje? Por lo que virgen significaría la fuerza de la semilla o la semilla fuerte, y por extensión la poderosa estirpe. [18]

Ahora bien, al tratar de contrastar el paralelismo entre Kore o Perséfone y la Virgen de la Granada surge al poco la duda de saber con qué personaje del cristianismo hemos de identificar exactamente a la Virgen de la Granada, la de aquí, porque aparecen pistas inesperadas que señalan en sentidos diferentes, claramente heterodoxos algunos de ellos. Para empezar sucede que Perséfone no concibió tras su encuentro con Hades a un niño sino a una niña llamada Macaria [19], que quiere decir “La Bienaventurada”.

Por otra parte, atendiendo a la etimología de la palabra granada, me parece muy atractiva la que nos trae el Padre Noël-Antoine Pluche [20] quien dice que procede de gar-nata o gar-anat que al parecer significa “la cueva de Ana”. ¡Y precisamente el nombre de Ana está para nosotros tan preñado de resonancias!

La primera Ana que se nos viene a la mente, la Ana por antonomasia en nuestra cultura, es Santa Ana, que también fue fecundada gracias a la intervención del ángel. Esta etimología de la palabra granada me resulta armónica con la corriente semántica que estoy tratando de seguir, según la cual esa cueva no podría ser otra que la de su matriz, con lo que se refuerza la posibilidad de que estemos ante la significación de una línea genética matrilineal.

Por abundar en la figura de este importante personaje comentaré algunas ideas sueltas en torno a él que pudieran resultar de interés y pertinentes en este artículo:

1.- Santa Ana se nos presenta casada con San Joaquín. Ambos nombres son muy parecidos al del legendario rey Yakin o Jaques de los viejos mitos de la Cornisa Atlántica y al de la más antigua diosa madre que se recuerda, a la que Robert Graves recoge como Ur-Ana.

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Santa Parentela de Santa María del Castillo en Cervera de Pisuerga Foto: http://esculturacastellana.blogspot.com.es/2013/07/retablos-xi.html Adaptada por Alberto Donaire

2.- La advocación de la granada se estableció por mediación de la Orden de Santiago, el Santo Iago [21] o Santo Jaques. También fue la Orden de Santiago la que conquistó las tierras que, nadie sabe desde cuándo, se llaman de Doñana o Doña Ana [22] y quien respaldó el trabajo de los Monteros de Espinosa para el establecimiento de los cultos oportunos [23] tras los repartimientos de la recién conquistada frontera del Reino de Sevilla con la Taifa de Niebla en 1253.

3.- Alfonso X no sólo concedió en Sevilla la mayor atención a la adecuación y dotación de la Mezquita Mayor para su conversión en Iglesia Catedral dedicada a la Virgen de la Granada, sino que también se ocupó con esmero de levantar un interesante templo fortificado extramuros de Sevilla dedicado a Santa Ana, en un lugar que por alguna razón se llama Triana, tres Anas. Allí colocó el grupo escultórico de la Santa Parentela compuesto de tres imágenes, Santa Ana con la Virgen y el Niño, del tipo habitualmente llamado “Santa Ana Triple”.

En este templo concretamente no conozco rastro de que hubiera habido alguna vez una granada, pero sin embargo ¡sí en otros similares! [24] Aunque lejos de aquí, como el de la Iglesia de Santa María del Castillo en Cervera de Pisuerga, donde Santa Ana muestra una granada que sostiene entre ella y la Virgen mientras el niño la quiere coger, al tiempo que con la otra mano sostiene un libro abierto. La presencia del libro abierto en las manos de Santa Ana es una estampa habitual en la iconografía mariana, y siempre aparece mientras enseña a La Virgen Niña a leer. Esta escena, en la que el libro está en su mano izquierda y la granada en la derecha, podría contener la indicación de que ambos elementos guardan relación. Si esto fuera así, y si la granada tiene que ver con la línea genética de Santa Ana, podríamos aventurar que la transmisión de esa enseñanza pudiera haberse planteado como inherente a esa estirpe, consustancial con ella.

Una fruta como símbolo de una estirpe unida al conocimiento nos conduce a su vez, inevitablemente, al mito del Árbol de la Ciencia, donde la Virgen de la Granada y Perséfone serían un trasunto de Eva y el Ángel y Ascálafo (ese cuyo nombre tradujimos como serpiente emplumada) equivaldrían a la sierpe [25] que invitara a Eva a comer. Extrañamente en las imágenes de la Santa Parentela parece ser Santa Ana la encargada de invitar a la aventura del conocimiento. Al fin y al cabo, ciertas transmisiones suelen recaer sobre las abuelas.

El fecho del Imperio

Bajo el signo de la ciencia, el arte y la mística simbolizados en la figura de La Dama, como siempre sucedió con toda su labor, el rey Alfonso X dedicó una enorme cantidad de atención, tiempo y recursos a lograr ser elegido Rey del Sacro Imperio Romano Germánico haciendo valer los derechos que le otorgaba su genética materna. Al mismo tiempo que conquistaba territorios a los almohades y luego los administraba y gobernaba como parte de Castilla, sus miras más altas estaban puestas en el logro de esta coronación que le habría podido conducir, por primera vez en la historia, ante el sueño de una Europa unida bajo un solo gobierno. Tanto creyó en ello que entre su legado destaca el tratado “Las Siete Partidas”, verdadero monumento jurídico mandado componer por él con la amplitud y generalidad suficiente como para legislar sobre todo un imperio. [26]

Sin embargo la dimensión del proyecto, con ser ya inmensa, puede que no se quedara ahí pues al parecer existen indicios que insinúan que también el Rey Sabio tenía los ojos puestos al otro lado de la mar océana, en el continente americano con el que al parecer ya existirían por entonces más que avanzados contactos desde tiempo atrás. De hecho su interés en ganar el control de las costas atlánticas del sur de la Península Ibérica podría haber tenido que ver con este objetivo [27].

Con América o sin ella, lo cierto es que por entonces seguía latiendo en ciertos círculos una antigua leyenda fabulosa, pero tenida por algunos como real, que profetizaba un futuro en el que el mundo entero estaría gobernado por una sola figura investida de una autoridad de naturaleza superior titulada El Rey del Mundo. No pretendo afirmar que el monarca castellano y la élite que le rodeaba tuvieran tal pretensión, sin embargo sí que me atrevo a imaginar que debían conocer ese mito perfectamente. En cualquier caso si traigo aquí esta historia es porque la forma de la granada, geométricamente hablando, se parece mucho a una esfera con una corona sobre ella, figura que bien podría simbolizar a la Tierra y toda su población unida bajo un gobierno mundial.

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Foto Tierra: http://cultura.biografieonline.it/wp-content/uploads/2014/10/earth.jpg Imagen Compuesta por Alberto Donaire

El rey Alfonso X de Castilla no logró sus objetivos de ser coronado emperador de Europa y establecer la sede de su capitalidad en Sevilla, como probablemente era su intención, pero desde la Península se siguió trabajando en ello durante los siglos posteriores manteniendo la ventaja que le daba el hecho de haber contado durante siglos con acceso a conocimientos exclusivos y una acción desarrollada a partir de ellos. Sin embargo cuando los Reyes Católicos desvelaron por fin la existencia del continente americano mediante la maniobra histórica [28] que se dio en llamar El Descubrimiento, el velo cayó revelando ante las demás potencias europeas la mayor parte de las hasta entonces pretensiones castellanas. Desde ese momento todos se lanzaron a una loca carrera expansiva por todo el planeta tratando de someter y anexionarse el mayor número de territorios. A la ventaja con que ya contaba España se sumó la unificación con Portugal lograda en el siglo XVI en tiempos de Felipe II conocida como la Unión Ibérica, lo que le valió a España el logro de conformar por fin el imperio, el mayor que nunca había existido en el mundo hasta entonces. También otros países europeos como Inglaterra o Francia lograron ocupar gran cantidad de territorios, con la intención aparente todos ellos de seguir expandiéndose sin límites hasta el final fagocitándose los unos a los otros.

Aquellas pretensiones de liderar la globalización del mundo nos resultan hoy de lo más familiares, aunque no parece que siga siendo el espíritu de la granada, suavemente sujeta entre los dedos de La Señora, que animara los trabajos y los sueños del rey sabio, el mismo que desde hace algún tiempo viene inspirando los delirios megalómanos de los que gustan de imaginarse a sí mismos como los amos del mundo.

Consideraciones finales

En la segunda mitad del siglo XX se difundió una idea que durante siglos se había mantenido restringida al seno de determinados círculos, la existencia en Europa de una estirpe descendiente de Jesús por línea directa, vinculada al símbolo del Grial, entre cuyos miembros, llegado el día, estarían los más legitimados para asumir la responsabilidad de gobernar el mundo. Esta leyenda recoge un antiguo mito que transmite la existencia de líneas genéticas humanas mejoradas por la aportación génica de una raza superior venida de más allá de nuestras fronteras perceptuales, ya fueran considerados como dioses, hijos de dioses o ángeles. Según sus partidarios la impronta de estos cruces sería la responsable de los saltos evolutivos y tecnológicos que la humanidad ha experimentado a lo largo de las eras.

Cabría preguntar a los seguidores de esta hipótesis si en su opinión la recepción genética por vía sexual sería la única manera de obtener esas condiciones biológicas y energéticas mejores que las del resto de los humanos y qué frutos les reportaría esa diferencia. El concepto de privilegios adquiridos por vía de nacimiento, y no privilegios cualesquiera sino privilegios de raza superior, de pueblo elegido, no resulta precisamente una propuesta que estemos dispuestos a considerar, habida cuenta de los efectos catastróficos que tales pretensiones vienen dejado tras de sí.

Sin embargo si en lugar de atender a esos supuestos privilegios enfocamos el fuerte compromiso de servicio que suele adornar la vida de ese puñado de personajes que la historia ha destacado las connotaciones de la propuesta serían muy otras, con independencia de que aceptemos o no la existencia de esa genética especial.

Por otra parte, la ciencia afirma ya algo que los sabios vienen enseñando desde hace siglos, que las características genéticas con que nacemos no son una prisión sino los jardines donde, si esa es nuestra elección, podemos entregarnos al cultivo de nuestro destino.

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Foto de portada: Obra de Alberto Donaire.

[1] La granada, un viejo símbolo de futuro (I) Primera parte en nuestra página web.

[2] En 1569, realizado por Hernando de Ballesteros El Viejo y en 1924 por el escultor José Ordóñez y Rodríguez quien restauró la imagen completa.

[3] Ver el artículo “Rastros medievales de Doña Ana” publicado en esta misma web.

[4] De agosto de 1247 a noviembre de 1248

[5] Julio de 1212. Es digno de mención que en aquella batalla participaron nobles de Gascuña, Occitania y el Languedoc.

[6] La de Los Reyes y la de Las Batallas

[7] Por cierto que me llama la atención que se mantenga hoy este título de La Sede, ¿Sevilla sería la sede de qué? Bien que antes todos los templos fundados por alguno de los apóstoles fueran considerados sedes apostólicas, pero éste -salvo que aceptemos los Falsos Cronicones como el atribuido a Flavio Dextro, algo en lo que aún no se ha dicho la última palabra- parece que no, y tampoco me cuadra que se deba a que este templo sea la sede arzobispal. De todos es sabido que en el orbe católico la sede por antonomasia es la Santa Sede, es decir, la sede papal en San Pedro de Roma, y salvo ésta, sólo el obispado de Maguncia tiene hoy día el derecho de mantener esta denominación. ¿Por qué la mantiene también Sevilla?

[8] Estos elementos aún existen, aunque la capilla no es visitable. Se trata de la primera capilla que hay a la izquierda entrando al Patio de los Naranjos por la puerta de La Giralda. No obstante la congregación tuvo antes de ésta otra, probablemente mucho más grande, que estaba en la zona oeste del patio y se derribó junto con otras capillas que subsistían de la época de la mezquita cuando comenzaron las obras para la construcción de la Iglesia del Sagrario en 1618. La imagen de la Virgen de la Granada original de la capilla -o al menos una de ellas pues quizás no hubiera sido la única- es la del retablo cerámico de Andrea Della Robbia que hoy está en La Capilla de Scala, y no la que ahora hay, que es del s. XVIII.

[9] Bajo el púlpito hay colocada una lápida que dice: “EN ESTE SITIO PREDICARON SAN VICENTE FERRER, SAN FRANCISCO DE BORJA, EL V.P. FERNANDO DE CONTRERAS, EL BEATO JUAN DE ÁVILA, EL V.P. FERNANDO DE MATA, EL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ DIGNIDAD HONORARIO DE ESTA STA. METROPOLITANA Y PATRIARCAL YGLESIA, Y OTROS GRANDES VARONES QUE CON SU APOSTOLICO ZELO LOGRARON MARAVILLOSOS FRUTOS EN ESTA CIUDAD.

[10] Ante el Rey Felipe III quien a su vez los avaló en Roma ante el Papa.

[11] La proclamación del dogma no llegaría hasta el 8 de diciembre de 1854.

[12] Rodrigo Álvarez, segundo líder de la organización, fue su confesor. No olvidemos, además, que fue investigada por el Santo Oficio por sospechosa de alumbradismo.

[13] Deméter significa diosa madre.

[14] Rapto, técnicamente, significa secuestro con violación.

[15] La etimología de este nombre permanece confusa.

[16] Ascálafo significa textualmente reptil con plumas, lo que bien podría leerse como “Serpiente emplumada”. Su aparición junto a Perséfone, también llamada Proserpina y precisamente en relación con la fruta prohibida es de lo más sugerente, pues la figura alada de Ascálafo es coherente con las iconografías tradicionales de un ángel o incluso un arcángel.

[17] Hoy no vamos a entrar en este tema por razones obvias de espacio. Baste señalar que durante la vigencia del sistema matriarcal sólo un reducido grupo de hombres eran invitados al disfrute del sexo después atravesar una serie de pruebas en un contexto ritual y festivo que tenía lugar en una determinada época del año.

[18] Esta interpretación descarta tajantemente, como no puede ser de otra manera, el concepto perverso y machista de no haber sido sexualmente usada previamente por otro varón, artificio que tiene por objeto garantizarse que los hijos de esa mujer de su propiedad llevan su sangre.

[19] Sólo las fuentes más antiguas recogen esta información, después desaparece completamente como si se hubiera querido olvidar, quizás para potenciar la descendencia de Perséfone concebida más tarde con Zeus, su propio padre.

Es curiosa la relación que podríamos establecer al constatar que en el promontorio de La Rábida hubo en la antigüedad un importante templo a Perséfone, y que la palabra Hades, que en griego se pronunciaba “jades” recuerda mucho a “gades”, es decir, Cádiz. Ya puestos a elucubrar Macaria nos podría recordar a Macarena, con lo que, haciendo un salto mortal cerraríamos un triángulo entre Sevilla Cádiz y Huelva que dibujaría el antiguo delta del Guadalquivir, -ámbito geográfico de Tartesos, tan parecido a Tártaro- flanqueado por el Guadalete o Río Leteo, el Río del Olvido, y el Tinto o Río Iber, palabra emparentada con Érebo, tan parecido a Erba o Huelva, la región de la niebla. Y la ciudad de Niebla está a orillas del Rinto.

[20] Reims 1688 – Paris 1761

[21] Perséfone también fue madre de Zagreo, que en su segundo y extraño nacimiento recibió el nombre de Yaco, pero esta vez engendrado con Zeus.

[22] El hecho de que la documentación primera en que aparezca ese topónimo haga referencia al año 1545 no invalida la hipótesis de que se empleara desde antes.

[23] Ver el artículo “Rastros medievales de Doña Ana”, publicado en esta misma página.

[24] He encontrado imágenes de Santa Ana ofreciendo una granada y también una piña, que tiene significados próximos.

[25] En todas las culturas y mitologías verdaderamente antiguas la serpiente es símbolo de la evolución de la consciencia.

[26] Al parecer las dificultades políticas de su tiempo no permitieron su promulgación definitiva, que no sucedería hasta el reinado de Alfonso XI. Desde entonces fue la base del derecho en España durante siglos y más tarde del derecho en el ámbito hispanoamericano hasta entrado el siglo XIX

[27] Ver el artículo “Rastros medievales de Doña Ana”, publicado en esta misma página.

[28] Ver el artículo titulado “El salto a América”, publicado en esta misma página.

PDF: La granada, un viejo símbolo de futuro (I). Por Alberto Donaire Hernández