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Lo complicado y lo complejo2

Llevamos muchos siglos tratando de comprender y dominar la realidad. Decimos que con nuestros intentos estamos tratando de resolver los problemas que nos garanticen la supervivencia en las mejores condiciones para todos, y desde luego esta consideración parece lógica. Pero puede que también estemos tratando de obligarla a parecerse a la imagen de ella que somos capaces de concebir desde nuestro estado capacitivo aún embrionario.

Este artículo, cuyos contenidos podrían aplicarse a multitud de ámbitos, nos resulta particularmente interesante en un contexto geográfico y humano que nos interesa en Delta de Maya de manera especial, el Espacio Natural de Doñana y las medidas vigentes para su protección. ¿Podríamos considerar satisfactorios los resultados de los esfuerzos que se vienen aplicando? No parece que sea esa la impresión que tienen los ciudadanos que viven en su entorno.

Quizás sea el momento de plantearse nuevas perspectivas de visión y nuevas estrategias de acción más allá de los dogmas que alambran el pensamiento y los intereses de poder que lo impiden.

La complejidad y la complicación

Por Enrique Sánchez Ludeña
Febrero 2012

I

Los números complejos no son reales del todo, sino que tienen una parte imaginaria, algo que no existe. Con todo, a pesar de la imposibilidad de uno de sus componentes, nos permiten explicar fenómenos reales; proporcionan las matemáticas necesarias para describir hechos y situaciones, como las ondas de radio o el devenir de los electrones, que también nos parecerían irreales si no tuviéramos múltiples evidencias de su existencia.

Hay muchas explicaciones que tienen este componente imaginario, irreal; son descripciones del mundo que emplean abstracciones o artificios que trascienden eso que llamamos el sentido común y sin embargo funcionan. El ejemplo más conocido, aunque no el único, es el de la mecánica cuántica.

A pesar de lo binario de nuestro pensamiento, a pesar de la rigidez de la lógica, de la continua elección entre lo verdadero y lo falso, somos capaces de encontrar una tercera vía que nos permite decidir, incluso dentro de lo binario, de otra manera.

Lo que habitualmente se entiende por pensamiento consiste en un diálogo consigo mismo del que piensa. Se piensa con palabras, a pesar de que se tiene la certeza de que el pensamiento racional o pensamiento binario no es la única forma de pensamiento ni de pensar. El discurso del poeta se construye con palabras y sin embargo no es binario, no es racional.

El pensamiento no es exclusivamente un producto de la actividad del cerebro, porque el cerebro no es una pieza separada del que piensa. Se alimenta de las impresiones que le llegan de los sentidos, de las emociones que estas impresiones despiertan, de los recuerdos que contienen los múltiples almacenes de la memoria; no solo el cerebro, sino también el genoma, la sangre, el líquido intracelular y los cristales que conforman nuestra estructura física.

Hay distintas formas de pensamiento y múltiples adjetivos para referirse a ellas. El pensamiento no solo es inductivo o deductivo, analítico o analógico, sino también mágico, simbólico, emocional, divergente, lateral, creativo, dialógico, sistémico, complejo… Son términos creados en su mayoría por psicólogos y pedagogos, en sus intentos de levantar un andamio, un armazón o soporte intelectual, sobre el que fundamentar sus prácticas, teorías y modelos sobre el ser humano.

II

Es habitual confundir la complicación con la complejidad y utilizar lo complicado como sinónimo de lo complejo, cuando no son la misma cosa. Si dos palabras significan lo mismo, una de ellas es innecesaria.

Lo complicado, a pesar de lo intrincada que pueda llegar a ser la disposición de sus partes, se puede llegar a comprender y a predecir; la complicación solo dificulta pero no impide el conocimiento. De la complicación no surge nada nuevo.

Un reloj mecánico o un ordenador pueden parecer complicados pero no son complejos. Se sabe cómo fabricarlos, su funcionamiento es explicable y su comportamiento predecible. Se conoce perfectamente cómo debe colocarse cada pieza y cómo debe relacionarse con las otras para que la máquina haga lo previsto. Cuando la máquina falla se sabe por qué y cómo repararla.

Lo complejo es diferente, para llegar a entenderlo no basta con conocer cómo funciona cada una de sus partes. Además de las relaciones conocidas o previsibles entre las piezas o elementos que lo componen, existen otras que desconocemos. Surgen nuevos comportamientos y propiedades que no pueden explicarse únicamente a partir de los comportamientos y propiedades de los componentes tomados por separado.

El tiempo atmosférico, el tráfico y el funcionamiento de la bolsa son procesos complejos; poco conocidos, difíciles de predecir, a pesar de la estadística y el despliegue tecnológico que la alimenta. Cientos o miles de superordenadores ejecutan modelos matemáticos cada vez más sofisticados y, sin embargo, se confunden.

Lo vivo es complejo. Aunque tenemos un conocimiento cada vez mayor de la física, la termodinámica, la química, la bioquímica y la biología que lo sustentan, somos incapaces de explicar su origen, de reproducir las circunstancias y los componentes que lo generaron. Podemos reconocer la vida, pero no crearla.

III

En la psicología y el psicoanálisis también se habla de complejos. Según Jung, son la vía regia al inconsciente, a ese marasmo de impresiones, percepciones, sensaciones y vivencias no asimiladas en su momento; a esa parte autónoma y casi desconocida de nuestra psique que está condicionando o determinando la mayoría de nuestros actos.

Lo complejo contiene relaciones, vínculos e informaciones ocultas al observador. Es más, el mismo observador añade complejidad al observar. Esta idea de lo complejo, de la concepción de la realidad como un todo, de la existencia de variables ocultas y relaciones todavía desconocidas, que impiden la comprensión exclusivamente mediante el análisis, es básicamente la misma que sustenta la definición de complejo y del inconsciente que propone Jung.

Nuestros sentidos son limitados y la realidad es mucho más amplia de lo que son capaces de captar. Con todo, la percepción es mucho más amplia de lo que suponemos; hay miles de percepciones de las que no somos conscientes que llegan hasta nuestro cerebro. Miles de sensaciones que tenemos y no somos capaces de interpretar, por desconocimiento o por falta de las claves para hacerlo. Pero se han tenido, han provocado secreciones hormonales, reacciones neurológicas, alteraciones metabólicas y tantos otros procesos que nos han hecho estar de una determinada manera.

Como sucede con cualquier forma de complejidad, somos mucho menos dueños de nuestros actos de lo que nos creemos, y menos aún de las consecuencias que tienen.

IV

Podríamos decir que lo simple es el componente binario de lo complejo; aquello que se puede predecir o deducir mediante el empleo del sí y del no, de lo verdadero y lo falso. Es decir, aquella parte de lo complejo que puede explicarse mediante la lógica y el empleo del método científico experimental.

Pero lo simple no basta para acceder a lo complejo; desde lo simple, desde el pensamiento racional y la ley científica, no se desvelan los arcanos, las relaciones ocultas entre las cosas. Para intuir o desvelar lo oculto no basta con una forma única de pensamiento.

Para abordar aquello que no se puede conocer, ante la imposibilidad de predecir cada comportamiento individual en un magma de variables y relaciones, se manejan dos conceptos, el azar y la estadística. Uno y otra no dejan de ser trucos, remedios a los que recurrimos para ocultar nuestra ignorancia.

Y todas las predicciones y decisiones se fundamentan, no en lo excepcional, sino en el comportamiento medio. Se concibe y se pretende mantener un mundo en el que no cabe la sorpresa. Pero las predicciones no aciertan y las decisiones son erróneas. Hay múltiples ejemplos de intervención humana, con la intención de transformar o fabricar un mundo a medida, que lo ponen de manifiesto.

La poca fiabilidad de las predicciones meteorológicas, las catástrofes naturales imprevistas o los efectos no deseados del uso de la tecnología son ejemplos paradigmáticos. Pero hay muchos otros, como la acción de los medicamentos, la introducción o la eliminación de especies en un ecosistema o la intervención de los gobiernos en los mercados. Los problemas derivados de los pesticidas, los residuos nucleares o la quema masiva del petróleo y el carbón incluso se describen en los manuales escolares. No sucede lo mismo con otros efectos menos evidentes, como la ruptura del ciclo del día y la noche, debida al uso la luz eléctrica, o el creciente y continuo flujo de ondas de radio que llega a nuestros cerebros.

Siempre hay algo que falla, que falta o que no se tuvo en cuenta; siempre hay algo que sorprende. Porque el conocimiento o se tiene completo o no se tiene; a lo sumo se dispone de una ignorancia cada vez más amplia, de una frontera cada vez mayor entre el conocimiento que crece y las interrogantes que plantea.

Lo que aparece separado en el mundo que somos capaces de percibir podría estar íntimamente unido en un mundo más amplio, con mayor número de dimensiones. Un mundo que se puede concebir, que se puede intuir, pero que rebasa nuestra capacidad de cálculo.

Pero la realidad no es solo número sino que también es forma, y parece que lo complejo está más cerca de la geometría que del número. Porque lo complejo es un mundo de armonías y proporciones, de ciclos y pautas, de fractales y de holografías; un poliedro polidimensional de incontables vértices y aristas en el que lo visible es una manifestación o un reflejo de lo oculto, del misterio, de aquello que desconocemos.

Y la geometría sería un puente entre la ciencia y el arte, igual que la poesía; un tímido intento, que puede llegar a ser sistemático, de empleo del pensamiento trinitario, aquel que trasciende las dicotomías.

V

Cuando, desde lo simple, se incide en lo complejo, lo complejo se complica, deja de ser sencillo. Pero hay que pasar por lo complejo para llegar a lo sencillo y la forma de hacerlo no es simplificando, sino siendo universal.

Vivimos en lo complejo, no nos queda otra opción, pero lo hacemos de una forma complicada, no sencilla. Desde nuestra simplicidad, desde el amplísimo conocimiento de nada que tienen los especialistas, pretendemos construir un mundo a imagen y semejanza de nuestras conveniencias, olvidando que, desde el desconocimiento, todo intento de control tiene muchísimas posibilidades de fracaso.