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El Ligustino 2

Las aguas fluviales han sido base de subsistencia, elemento de comunicación y de intercambio mercantil y cultural entre comunidades, pero también de riesgo, asociado en esteros y estuarios a crecidas que amenazaban la supervivencia. En la mitología encontramos a héroes como Hércules domeñando las bocas desbocadas de la Hidra o limpiando los establos de Augías, acaso los sedimentos que dificultaban la navegación en los puertos. Y a deidades femeninas vinculadas al agua, como Ana o la Melusina. Transcurridos miles de años, los sedimentos, propiciados por la deforestación, cercaron a las aguas libres del Guadalquivir dando nacimiento al lago Ligustino, nombre asociado a Lyg y Lygina, antiquísimos dioses de Occidente.

En este artículo, Romualdo Molina nos recuerda que la llanura inundable que hoy conforma las marismas del Guadalquivir, alfombrada de arrozales y eneas y cruzada por someros cauces trazados con tiralíneas, antaño fuera un reverenciado y ancho lago, morada de sociedades palafíticas de navegantes olvidados tras las cortinas del tiempo.

El Ligustinus, entre lacus y palus

Por Romualdo Molina Muñiz
Février 2015

Las gentes del agua

Las verdes y recias llanuras de las Marismas del Guadalquivir fueron en tiempos un delta por el que serpenteaban sus brazos de agua, y antes aún entrantes de mar en los que desembocaban los cauces de ríos, arroyos y regajos que al llegar a él se abrían en abras y esteros. En sus orillas han existido desde hace miles de años poblaciones con sus puertos y pantalanes, de tal forma que algunas de las que hoy están situadas en el interior, alrededor de la marisma, estuvieron en su día al borde mismo del mar. Tenemos un buen ejemplo de esto en la vieja población de Mures, cerca de la actual Villamanrique, que hace un par de miles de años era aún una población costera.

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Representación rupestre de naves con velas y remos. Abrigo de Laja Alta, Jimena. http://institutoecg.blogspot.com.es/2014_01_01_archive.html

Para los antiguos pobladores de todos los continentes, el mar fue siempre medio de comunicación y no barrera de aislamiento, especialmente al irse perfeccionando y extendiendo de manera universal las artes de la navegación. En épocas de la talasocracia minoica, hacia el 2500 a de C., éstas estaban ya tan ampliamente desarrolladas que poco nos costaría imaginarnos embarcaciones de diversos tipos surcando las aguas marítimas o fluviales en tiempos muy anteriores a esas fechas. A lo largo de la prehistoria debieron de existir muchas talasocracias por el mundo (“talasocracia” quiere decir gobierno del mar), pues mitos tan ancestrales y extendidos como los de los diferentes diluvios ya incorporan como elemento fundamental el arca o barca. De hecho, hay que suponer que las primeras concentraciones de población en el Neolítico estaban casi exclusivamente ligadas a los entornos litorales. Cualquier mapa escolar nos mostrará, en el caso que nos ocupa de la Península Ibérica, cómo los diferentes yacimientos de la época Neolítica de los que se tiene constancia están mayoritariamente ubicados en las cercanías de la franja costera, y en especial de la levantina. En este sentido, es sintomático el hecho de que existan monumentos megalíticos antiquísimos en las islas del Mediterráneo, como por ejemplo en Menorca, que aún hoy conservan el nombre y la forma de una nave, de un barco boca abajo y en tierra: las “navetas”.

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Naveta des Tudons en Menorca. Vista exterior. http://de.wikipedia.org/wiki/Naveta_des_Tudons

Los principales asentamientos litorales estuvieron situados en las inmediaciones de la desembocadura de los grandes ríos, en especial si formaban estuarios, deltas o entornos lacustres. Los grandes ríos que en ellos desembocaban facilitaban, además de la salida al mar, la conexión y comunicación con las tierras del interior. Estos paisajes proporcionaban por añadidura entornos bien defendibles debido a su difícil acceso, su frecuente estructura laberíntica, y las permanentes y cambiantes irregularidades que generan las mareas, unido a la variabilidad en los caudales aportados por los ríos.

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Palafitos en el lago Inle, Birmania. https://thevaiven.wordpress.com/2011/05/29/lago-inle-aguas-plateadas-y-sombras-que-reman-con-el-pie/

Hay que tener en cuenta, además, que tras la última glaciación, que terminó hace unos 12.000 años, toda la Europa del sur estaba ocupada por inmensos y densos bosques sometidos a una climatología aún fría y húmeda. Había por tanto muy pocos entornos geográficos favorables a la supervivencia del hombre, y casi solamente los deltas de los grandes ríos ofrecían espacios habitables. Y ello por varios motivos: por su clima más templado a la orilla del mar, por ofrecer extensos espacios desarbolados y por proveer de abundantes recursos alimenticios. El leñador era entonces una figura mítica (como bien sabemos por los cuentos llamados ‘tradicionales’, muchos de los cuales tienen una antigüedad incalculable), pues dependían de él para abrir vías de acceso, adecuar espacios vitales y, posteriormente, para conquistar al bosque terrenos abiertos donde poder desarrollar las primeras experiencias agrícolas.

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Evidente similitud entre un remo y la pata de un ánsar. http://www.jacarebanguela.com.br/wp-content/uploads/2009/06/pata-do-pato-jb.jpg

Así, los núcleos de población formados sobre entornos lacustres en las desembocaduras del Nilo, del Guadalquivir, del Ebro, del Tajo, del Ródano, del Danubio o del Garona vivían en casi absoluta dependencia de su flota: el barco era sin duda el elemento fundamental. El remo o pala, aprendido de las patas de los patos, es evidente símbolo identificador de aquellas culturas palustres (“palustre” procede de “palus”, que en latín quiere decir “pantano”) de pueblos patos, de paletos que remaban desde sus pantalanes, de paleros que extendían la sal para que se secara, de palurdos que pescaban con palangre.image004

Andando el tiempo, caerían en desgracia algunas de estas palabras, pero eso será el tema de otra historia. La leyenda de Melusina, el Hada del Agua, es uno de los rastros que aún nos recuerda la existencia de aquellos tiempos. En algunas versiones de la leyenda, su figura, como reina, muestra sus pies de pato. En otras. sin embargo, luce espléndida cola de pez. ¿Qué querría significar el que la dama tuviese dos colas?

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Casas flotantes en China. http://3.bp.blogspot.com/-h4u-8Kkkl0I/UlcdZCMiteI/AAAAAAAAoRo/7S51rlijRhE/s1600/02.jpg

En el entorno acuático, el palafito es el elemento más característico de este modus vivendi. Los palafitos (etimológicamente “palos fijos”) son casas levantadas sobre el agua, casas sobre zancos, como las que podemos ver todavía hoy en el delta del río Paraná, en Argentina, en Chile, en Perú… incluso se daba, y se da el caso de ciudades formadas por barcas ancladas a puertos fijos, como sucede en algunos países del extremo oriente. Más de cien mil personas habitan hoy en los palafitos del lago Inle, la región más rica de Birmania, gracias a los recursos del lago y a su explotación. Como dato curioso y muy significativo sobre la antigüedad y universalidad de esta forma de vida, recordaremos que el 24 de agosto de 1499, Alonso de Ojeda descubrió el Lago de Maracaibo, junto con Juan de la Cosa y Américo Vespucio. Los palafitos indígenas y sus pobladores, trasladándose de un sitio a otro sobre pequeños puentes de madera y en canoas, les recordaron a Venecia y fue por ello por lo que le dieron el nombre de Golfo de Venezuela (pequeña Venecia), nombre que denominaría después a todo el país.

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Flota minoica. http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8b/Minoan_fleet_freeze_from_Akrotiri_fragment.gif

Dar fechas para esta talasocracia anterior a la talasocracia minoica es cosa harto difícil, pero sí hay que entender que la expansión de la civilización a lo largo de las costas, de estuario en estuario, y luego río adentro, debió de estar directamente relacionada con esta forma de organización, muy anterior al nacimiento y difusión de la agricultura y de la ganadería.

La formación del lago

Durante la última época glacial, en la Cuenca Mediterránea las lluvias conformaban enormes y veloces caudales que arrastraban gran cantidad de tierras, dejando en las costas depósitos de sedimentos de gran espesor. Con el cambio del régimen de lluvias, a comienzos del Holoceno (12-10.000 a de C., fin de la glaciación), disminuyeron los caudales de los ríos, lo que provocó la colmatación lenta de estos estuarios, constituidos por fangos y limos abandonados tras cada crecida; esto permitió que los ríos se abrieran paso a través de sus propios aluviones, de manera que, después de cada acumulación importante, se alteraba su curso. Muy pronto, la deforestación de los entornos fluviales que trajo consigo la irrupción y desarrollo de la agricultura contribuyó de manera notabilísima a la liberación de inmensas cantidades de tierras que, sin la sujeción de las raíces de matorrales y arbolado, fueron arrastradas a lo largo de los cauces sometiendo sus recorridos a permanentes y rápidas transformaciones, y de manera muy importante en los deltas que se originaban en sus desembocaduras.

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Relieve representando a Hércules vaciando con agua los establos. http://www.fantasy-und-rollenspiel.de/helden/herakles/augias.jpg

Son tremendamente atractivas algunas interpretaciones de los trabajos de Hércules, sin duda relacionados algunos de ellos con las grandes dificultades para la supervivencia que dicho ecosistema generaba entre sus pobladores. Por ejemplo, la quinta tarea que le impone el rey Euristeo es limpiar los establos de Augías. No es difícil identificar a los establos de aquel sucio y acaudalado griego con un puerto, que debido al proceso que acabamos de describir, veía perder la capacidad de su fondeadero; por culpa de la cantidad de sedimentos arrastrados por el río, los barcos no podían ni pasar ni detenerse allí, lo cual les obligaba a desplazar el propio puerto y toda la actividad ligada a él, como efectivamente pasó después en el mismo Guadalquivir, en época de los Austrias. El asunto es que el establo estaba tan lleno de barros y excrementos y era tan grande, que al héroe, tras hacer uso de su fecundo ingenio, se le ocurrió llevar a cabo la titánica e ingenierística labor de desviar un río cercano para que confluyera con otro que discurría próximo a él y así, sumando el caudal de ambos, lograr que el agua entrase por un extremo del establo y saliese por otro, arrastrando consigo todos los barros y limos.

No debemos olvidar que los mitos son infinitamente más antiguos que sus recopiladores (en este caso griegos, principales promotores de la cultura escrita en detrimento de la cultura oral), los cuales, lógicamente, han fijado localizaciones, personajes y épocas a su comodidad para conformar su propia tradición, cosa que, dicho sea de paso, siempre han hecho todas las civilizaciones. También es importante recordar, aun a riesgo de ser reiterativos, que no debemos identificar a los grandes héroes de las distintas mitologías con personajes individuales, con personas con nombre propio, al modo en que hoy en día los galanes de nuestras novelas y películas protagonizan las historias, épicas o no. Buscando enaltecer y mitificar –nunca mejor dicho– a los antepasados, asombrar con la magia de lo maravilloso, fijar los hechos fundamentales con exactitud y facilitar la comprensión, en la vieja cultura oral se personificaban en un héroe legendario y en un día (tal es el plazo de tiempo que le dieron a Hércules para limpiar la cuadra) las gestas que había llevado a cabo todo un pueblo a lo largo de un extenso y esforzado periodo de tiempo. Como reflexión al hilo de esto, hay que decir que la cultura oral era mucho más exacta que la escrita, pues las más de los veces los relatos se transmitían en verso para facilitar la memorización dificultando de paso que pudieran ser alterados.

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Grabado representando a Hércules luchando con la Hidra rodeada de animales marinos. http://www.siempre.com.mx/wp-content/uploads/2012/06/Hydra-Lernean.jpg

Aún más explícito parece el segundo trabajo de Hércules. El de la lucha contra la Hidra de las siete cabezas.

«E avía tal natura que por una cabeça de aquellas que le fuese tajada le nascían tres (…) E por cada cabeça que le crescía ella usava de nuevas fuerças y más dañosos enpecimientos. En tanto que los habitantes de aquella región no podían sobrelevar tanto enbargo ni templar tan poderoso mal. Por eso acordaron de yr a otras partes a buscar su vida y dexar la su propria tierra pues labrar no la podían, ni aun los [salvajes] fructos coger y mucho menos los de los sus muertos asconder en su sepultura.»

(Enrique de Villena, 1499)

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Deta del Ganges. http://universe-beauty.com/Space-photos/Earth-from-space/Ganges-Delta-7497p.html

No es ilógico asociar esta caótica situación con los enbargos que debían de sobrelevar los habitantes de las marismas en aquellas remotas épocas, y las cabezas de la Hidra (que en griego, para más evidencia, significa agua), con los diferentes brazos del serpenteante, variable y caudaloso río inundando sin piedad sus tierras y sus viviendas. El propio San Isidoro (ss. vi-vii), en sus Etimologías, así lo describe:

«(…) onde avía muchas bocas que manavan agua en tanta cantidad y abundancia demasiada que toda la tierra de enderredor gastava y afogava, que no podían dar los moradores a ello decurso o escurrimiento. Ca la llanura no era pendiente segund era menester y porende provaron cerrar aquellas bocas finchiéndolas de piedra y arena. E por una que cerravan el poder del agua rompiendo por otra parte la dura tierra en muchas bocas con mayor fuerça mudó. E por esto fue dicha ydra que quiere dezir agua, en lengua griega. Llamáronla sierpe por que andava serpentinamente a bueltas y torcida. Fizo tanto daño que los moradores dexaron aquella región. Fasta que Hércules vino, que sabiendo esto, por su claro ingenio queriendo proveer y remediar con este tan abondoso mal, fizo fuego de ciertos materiales compuestos que por su natura fazían detener el de corrimiento y de curso de la poderosa agua y bolver por otras partes en el fondón de la tierra. Por manera que de allí adelante aquella tierra fue libre y abitable y bien poblada.»

San Isidoro, Etimologías, traducido del latín por Enrique de Villena (ss. xiv-xv)

Así pues, la leyenda nos recuerda que en un momento dado, los estuarios tuvieron que ser canalizados y reconducidos, idea que concuerda, por otro lado, con la forma en que Platón, en el Critias, nos describe una ciudad de la Atlántida. Es por lo tanto muy probable que a estos trabajos, colectivos y titánicos, no lo dudemos, debamos la existencia misma de un lago, donde naturalmente debía de existir un cambiante delta. Las bocas del estuario se situaban entre Matalascañas y Sanlúcar de Barrameda; aquí el mar depositaba arena fina durante la detención de las mareas, pues el caudal del río ya no era lo suficientemente fuerte para impedirlo. Esta barrera facilitó que, a su vez, el río depositase sus propios materiales. De esta forma “nació” entre ambas localidades una isla de arena fina, un alargado cordón de dunas, de unos 15 kilómetros de longitud por 1 ó 2 de ancho, que, salvo por sus dos extremos, cerraba la entrada. Este cuello de botella en la desembocadura originó un lago interior, en el que desembocaba el Guadalquivir a través de un delta que se formaba más arriba. La mayoría de los estudiosos concuerdan en situar la desembocadura del Guadalquivir entre Sevilla y Coria del Río, y de hecho, si contemplamos la llanura desde cualquier punto de la cornisa del Aljarafe, desde Puebla del Río hasta Valencina, no es difícil imaginar los hoy campos de labor cruzados por carreteras y salpicados de poblaciones, como una extensión de aguazales verdosos surcados por serpientes de agua siempre cambiantes por efecto de las crecidas y de las subidas y bajadas de las mareas.

Las imágenes hasta aquí descritas nos sugieren con mayor o menor fortuna cómo pudiera haber sido el paisaje, impracticable para quien no conociera muy bien el régimen de mareas de la zona, donde los antiguos tartesios, los antiguos pueblos patos, los ánades adoradores de la diosa de las aguas Ana, levantaron generación tras generación los primeros palos de su mítica ciudad.

Con el crecimiento de las mareas, los esteros (estero o estuario: canal angosto y somero por donde ingresan y salen las mareas a un río) eran navegables, como nos dice Estrabón (geógrafo e historiador griego, 63-19 a de C.):

«En la costa se abren frecuentes escotaduras semejantes a hondonadas de regular tamaño, o a valles fluviales, por los que el mar penetra tierra adentro hasta muchos estadios de distancia (…) por donde los barcos pueden subir como si lo hiciesen por un río», acceso que facilitan las mareas, pues «por ellas las abras son más numerosas y mayores, lo que permite que las embarcaciones, en algunos casos, puedan ascender por sus aguas hasta 800 estadios tierra adentro (…) siendo la región navegable en todos los sentidos, tanto la importación como la exportación de mercancías se ve extraordinariamente facilitada. Varias cadenas montañosas y llenas de metales siguen la orilla septentrional del río (…) se pueden remontar navegando hasta una distancia aproximada de mil doscientos estadios, desde el mar hasta Córdoba (¿?), e incluso algo más arriba (…) los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región y sabiendo que estos esteros pueden servir lo mismo que los ríos, han construido sus ciudades y poblados sobre aquéllos, tal como lo hacen en la ribera de los ríos.

Ocurre también que los animales que pasan a las islas del río antes de la pleamar, sorprendidas por ésta, ya al subir, ya al bajar, suelen perecer por falta de fuerza para luchar con la corriente al intentar el regreso. Dicen que los toros, acostumbrados al hecho, esperan que termine el reflujo para volverse entonces a tierra firme.»

Estrabón: 3, 2, 3-4

(La Asociación Delta de Maya ha contado para la publicación de este artículo con la ayuda económica de Asociación Bislumbres)